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¿Fe o idolatría?; aumenta culto al Niño de Belén

  Por Leticia Espinoza

Publicado el lunes, 10 de agosto del 2015 a las 14:00


Tratados como deidades vivientes y protectores sobrenaturales, hay quienes dicen que son sólo muecos

Saltillo, Coah.- Desde las colonias donde nace y se oculta el sol en Saltillo, decenas de hogares han sido visitados por la imagen de un Niño Dios peregrino, el Niño de Belén. Sus custodias saben que sólo es un objeto pero aún así se aferran a él.

‘LA INDICADA’

Lo toma en su brazos, lo arrulla, le dice “mi chiquitito” acariciándole la barbilla. María Elena conoció la imagen del Niño de Belén en casa de sus familiares; le gustaba hacerle una oración cada que tenía la oportunidad de verlo, hasta que un día le dijeron “tú eres la indicada para cuidarlo”.

La figura ocupa la mesa central de la sala de su casa, en la colonia Emiliano Zapata, situada al oriente de Saltillo. Los visitantes que llegan no pueden evitar la mirada del Niño Dios de largas pestañas que recostado viste un ropón blanco.

-¿Qué representa el para ti?

“A mí me da una paz y una tranquilidad, es Dios mismo, yo lo trato como si fuera un bebé, como si fuera…”, guarda silencio y rompe en llanto.

“Como si fuera el hijo que yo no tuve, él lo sabe que yo no pude concebir, no por eso voy a dejar de creer en él. En la fe católica muchas veces pedimos y esperamos recibir algo a cambio, y entonces (solemos decir) ‘si no me concede, no le doy nada’, estamos poniendo un límite y Dios no tiene límites, Dios te pide que lo ames y él sabe de qué manera te va dar lo que pides”, contesta María Elena.

Ella y su esposo se sometieron a todo tipo de tratamientos de fertilidad, su esposo gastó hasta lo último que tenían en hospitales privados, sin ningún resultado, desistieron y buscaron una adopción, le reglaban un niño pero en el último momento la madre se arrepintió.

“A pesar de no tener hijos, estamos aquí los dos juntos desde hace 17 años. A lo mejor a mí no me ha dado un hijo pero me ha dado muchas cosas, en la salud, antes cuando no entendía, yo renegaba pero ya no”, comenta.

A decir de la entrevistada, cosas extrañas han sucedido desde que llegó la imagen del Niño de Belén a su hogar.

“Yo lo limpiaba y aparecía sucio, le dije a la persona que me lo regaló y me contestó: ‘te va a aparecer sucio porque, según la creencia, cuando el niño se sale va y hace el milagro a donde lo necesitan y regresa sucio’”, narra.

No sabe a quién le ha concedido un verdadero milagro, lo ha cargado, su hermana, sus vecinos, su suegra, pero a ella le provoca paz y tranquilidad.

Dice que irá a bendecirlo, le llamará Juan Pablo, Pablito, en honor al “Papa Peregrino”, por ahora se entretiene llenándolo de carritos y dulces.

“Mi niñito tiene algunos tres meses conmigo, mi esposo me decía: ‘vamos hacerle una vitrina’, le dije que no”.

-¿Por qué?

“Porque no lo voy a poder cargar, él es todo mi querer”, sonríe María Elena.

DESDE BELÉN

La imagen “original” del Niño Jesús de Belén se encuentra precisamente en Tierra Santa, las réplicas han llegado a todo el mundo, pero en México apenas se empieza a difundir, se distingue de la imagen clásica del Niño Dios (con cabello rizado y brazos abiertos), porque está en posición recostada, con sus brazos casi unidos haciendo la señal de oración.

“Es la imagen que está en Belén, muy poca gente lo conoce, piensan que es otro niño, no se identifican con el perfil del que tenemos en México, sin embargo, es el que siempre ha existido”, dice Óscar Santos, propietario de una tienda de artículos religiosos ubicada en la calle de Juárez.

“Los más sorprendidos con la imagen son los turistas que llegan del sur del país a Saltillo, sin embargo, es la gente de la ciudad quien lo adquiere”, declara el vendedor.

Santos afirma que ofrece imágenes que son traídas desde Belén o del interior de la República, los precios van de los 250 hasta 900 pesos o más.

Dice que se debe celebrar el 24 de diciembre, sin embargo, mucha gente lo venera todo el año porque lo han convertido en niño peregrino que va concediendo milagros, y lo transportan recostado en canastas.

“Le piden por la madres que no pueden tener hijos; un cliente que no podía tener familia y se enfocaron a él y hace días nos vino a dar el testimonio con el niño aquí y nos compró la imagen, es la fe que cada quien lleva consigo y, primeramente Dios, recordemos que es una imagen”, asevera.

DE CASA EN CASA

En la colonia Josefa Ortiz de Domínguez, ubicada al poniente de la ciudad, la imagen del Niño de Belén se ha extendido. Unas tres imágenes se han hecho famosas desde hace cinco años, la de Guadalupe López, Lupita, es anunciada con una manta en la entrada de su casa.

“Agarramos fe en el niño porque mi hija tuvo un problema de salud, un tumor en la cabeza, todavía lo tiene pero más pequeño, ya no me ñle daban esperanza, nos agarramos de nuestros santitos. Una amiguita se la trajo. ‘Ten Lupita, pídele’, le dijo a mi hija, lo tuvo una noche y ella le agarró mucha fe”, dice María Aguilar mientras voltea a ver el altar donde yacen figuras de vírgenes y niños Dios.

“Desde los 12 años me dolía la cabeza y me vomitaba mucho, y cuando me hacen los tac ya disminuyo el tamaño; me daban medicamentos, los doctores dijeron que si me operaban no me aseguraban la vida”, dice Guadalupe, Lupita, mientras sostiene entre las manos la imagen vestida con un mameluco celeste.

Por estos días la imagen apenas llegó a su casa y ya se va a la colonia Espinoza Mireles, fue invitada a una piñata, como la que le hizo Lupita en mayo cuando celebró con danzas su primer año.

Lupita tiene 21 años, dice que juntó dinero de su trabajo como comerciante para celebrarlo, cerró la calle y trajo danzas y un sacerdote para que bendijera la imagen ataviada con traje bautismal, invitó a muchos niño para que su Niño de Belén se sintiera acompañado.

Envió invitaciones, incluso vía Facebook, así es como lo han conocido en Monterrey, donde una señora se lo pidió para que intercediera por su enfermedad de cáncer.

“Aquí estuvo llorando porque ella dice que cuando sale de su quimioterapias sale muy débil, muy decaída, y me dice: ‘Yo la semana que tuve a babé en casa salí barriendo y trapeando haciendo mi quehacer como antes’”, cuenta la madre de Lupita.

La joven ha perdido la cuenta de cuántas personas han tenido en sus hogares a su Niño de Belén, quizá unas 60 en este primer año desde que su madre se lo regaló, la mayoría mujeres que le rezan una oración especial por las noches o las mañanas.

“A él se le trata como un bebé normal, y entre mejor se le trate, él hace el milagro”, asegura la joven.

UN RIESGO, DICE SACERDOTE

De acuerdo a la Iglesia católica las imágenes tienen que ser bendecidas, de lo contario serán sólo un objeto, y prácticas como las que incurren los devotos del Niño Jesús de Belén podrían considerarse una exageración, mientras que la psicología clínica lo califica como el resultado de una obsesión.

“Al estar bendecidas tienen algo de gracia de Dios, cuando hay casos de posesión diabólica el demonio no las puede ni ver, las imágenes, incluso ésta del Niño Peregrino, están hechas para representar a Jesucristo, pero no deben sobrevalorarse porque a veces le dan más importancia a una imagen bendecida que a la Eucaristía”, comenta el padre José Luis del Río.

Según el sacerdote, las imágenes ayudan a la devoción por eso hay una que preside los templos; sin embargo, no se debe exagerar la devoción pues muchas veces se les atribuyen cosas que no tienen.

Explica que el Antiguo Testamento habla sobre la idolatría, es decir, atribuirle divinidad a un objeto, pues el culto es sólo a Dios, mientras que a las imágenes se le venera, no se les adora.

-¿Cómo ve la Iglesia que los traten como si fuera un bebé de verdad para que se cumplan los milagros?

“Eso es una exageración, por estar bendecidos y representar a Jesucristo está bien, seguir dando gracias Dios, pero no lo deben exagerar, no es benéfico darle más importancia que al ser que representan”, dice tajantemente.

UNA OBSESIÓN: PSICÓLOGA

La experta Aidé de la Garza señala que la psicología social intenta explicar el fenómeno de creer en imágenes, dice a través de la insatisfacción de las necesidades básicas, el ser humano intenta cubrirlas con cualquier cosa que haga eco en sus creencias y brinde la sensación de solución.

Mientras que en la psicología clínica esto se puede calificar como obsesiones o fijaciones, a través de las cuales las personas manifiestan la esperanza de cubrir un deseo.

“Si bien es cierto, muchas de la enfermedades son debido a somatizaciones, reacciones de nuestro cuerpo debido a problemas psicológicos, en este sentido muchas personas, de acuerdo a su fe, desbloquean dichas barreras psicológicas y obtienen lo que deseaban dándole el nombre de milagro”, indica De la Garza.

Resalta que es importante considerar que el fanatismo religioso y la cuestión cultural favorecen estas prácticas, lo que (según la experta) refleja la necesidad de que se ayude a las personas para desarrollar recursos emocionales que le permitan enfrentar las crisis o aceptar enfermedades.

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