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Ferrocarriles de México: La última estación en Saltillo; ecos de una gloria pasada

  Por Maricela Jiménez

Publicado el martes, 20 de octubre del 2009 a las 14:00


Igual que el silbido del tren al alejarse, ésta se fue apagando poco a poco tras la privatización de Ferrocarriles Nacionales

Saltillo, Coah.- A causa de la privatización del ferrocarril se le acabó la vida a la estación en Saltillo ubicada en la calle Emilio Carranza, la cual fue inaugurada el 10 de octubre de 1969, en medio de un ambiente que trajo grandes beneficios a la ciudad.

La idea era construir una estación de ferrocarril más práctica, al estilo de las europeas, la cual fuera hecha con el solo objetivo de facilitar los traslados de los pasajeros, y de las mercancías, en el caso del tren de carga, y tener más terreno para realizar las maniobras necesarias.

Con una inversión de 330 millones de pesos, la meta se logró hace 40 años, cuando fue inaugurada por Eufrasio Sandoval Rodríguez, gerente general de los Ferrocarriles Mexicanos y orgullosamente nacido en el vecino municipio de Ramos Arizpe.

El traslado de la estación del ferrocarril, ubicada originalmente en Francisco Coss y Manuel Acuña, a la calle Emilio Carranza significó un gran avance para los saltillenses y para el noreste del país, en general, pues en ésta convergían cuatro rutas procedentes de la Ciudad de México, Monterrey, Piedras Negras y Torreón.

A decir de Carlos Valdés, historiador y director de la Escuela de Historia de la Universidad Autónoma de Coahuila, se trataba de una estación simple, pues tenía influencia de belga, sobre todo en la construcción.

“Era una estación muy bonita, modesta, había un techo de fierro a la usanza del siglo 19, muy espectacular, es muy de la influencia de Bélgica”, señaló Valdés.

Según Carlos Recio Dávila, historiador y catedrático investigador de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la máxima casa de estudios, el edificio tiene un modelo arquitectónico minimalista, al estilo de las terminales de trenes europeas.

“Este estilo se inaugura con la Central de Autobuses, no hay adornos, es solamente utilitario, surge en la posguerra de Europa, porque los países están muy golpeados económicamente”, señaló.

La nueva estación fue un paso hacia la modernidad, pues se incluyeron accesos subterráneos hacia los andenes, butacas, una sala de espera más grande y cafetería.

A decir de Recio Dávila, uno de los trenes más importantes que partían de la estación ubicada cerca de la Alameda Zaragoza fue el Regiomontano, el cual salía a las 20:00 horas del Distrito Federal y llegaba a las 8:00 horas a Saltillo, cuyo boleto costaba 550 pesos en primera clase. Este tren fue unos de los primeros que partía de Saltillo, siempre puntual en su hora salida y llegada, pues se dirigía a la Ciudad de México, cuyo trayecto duraba 12 horas.

No obstante, el tiempo que se pasaba a bordo de los vagones no era ningún calvario, pues había algunos, los de primera clase; en los que se contaba con baño personal, una cama plegable y el asiento común; además de que también tenían comedor, en donde se servía la cena y el desayuno a todos los pasajeros, así como un bar.

LA IMPORTANCIA DEL FERROCARRIL

Jesús Ruiz Tejeda Pérez, oficinista del ferrocarril por 35 años, quien fungió como dependiente de guías y pesador de carros, manejando toda la documentación de los trenes de carga que pasaban por la estación, además de los trenes locales; comenta que la terminal de Saltillo fue y sigue siendo un punto importante para el transporte de carga, y en aquellos años de pasajeros.

“Saltillo fue y sigue siendo una muy importante terminal ferroviaria, porque se juntan cuatro divisiones, igual que en aquellos tiempos. Además de que el servicio de pasajeros era excelentísimo, con un horario fijo, cumplidor y de primer nivel”, señaló.

Con tristeza, recuerda que el servicio de ferrocarril siempre fue muy solicitado por ser muy económico; no obstante, la cerrazón del Gobierno federal orilló a la privatización de los Ferrocarriles Nacionales, ante la negativa de un subsidio.

“El servicio del ferrocarril siempre fue muy solicitado, por económico, pero el Gobierno federal no quiso entender que se trataba de un servicio social, era obvio que con esas tarifas y la gran demanda obligatoriamente tenía que subsidiarse”, asegura.

Si bien los vagones siempre iban llenos, las temporadas altas eran la Semana Santa y las festividades religiosas, en las que incluso se disponía de corridas acordadas especialmente para los peregrinos que viajaban a Real de Catorce, en San Luis Potosí, y a Espinazo, en Nuevo León.

ANECDOTARIO

Las historias nunca faltan, especialmente en un lugar tan emblemático como éste, en la que abundaban los personajes que hacían de la estación su hogar, comenta Ruiz Tejada

Recuerda que uno de ellos era un invidente que vendía chicles a los pasajeros, pero aprovechándose de su discapacidad trataba de tocar a las damas, aunque la suerte no siempre le acompañó.

“Había un invidente que vendía chicles, pero no era cierto, no estaba ciego, pero se aprovechaba de eso para tentalear muchachas, pero al grito de ‘chicles, chicles, chicles’.

“Una vez llegó un gobernador y se acercó el invidente, y se pasó con la señora, con su esposa, pues lo vieron los guaruras y le dieron una golpiza, pero hasta para llevar”, comenta.

También hubo borrachos que se quedaban dormidos en las vías o varios intentos de suicido frustrados por los compañeros del ferrocarril.

Una vez estaba un tipo tirado, agarrado de las vías, gritaba: me quiero morir, me quiero morir, nadie lo podía quitar, recordó.

CORRIDAS

EL REGIOMONTANO
Monterrey-Saltillo-Ciudad de México
5:35 a.m.
» Saltillo-Piedras Negras
8:05 a.m.
» Saltillo-Torreón
9:30 a.m.
» Express (dejaba y recogía carga)
» El vagón del correo.

LO BUENO
» Con la nueva estación se evitaron los movimientos, pues anteriormente se debían hacer hasta tres cambios de vía ante la llegada de un tren.

LO MALO
» Los patios de carga eran muy pequeños, por lo que se dificultaba estacionar los trenes con más de 50 vagones.

EL OLIVO
Hasta la Estación Ferroviaria de la calle Emilio Carranza llegaron en varias ocasiones, a bordo del tren presidencial Olivo, los presidentes José López Portillo, Luis Echeverría, Gustavo Díaz Ordaz y Adolfo López Mateos.

UN TREN ILUSTRE
» En tren llegaron a Saltillo los artistas Germán Robles y Carmen Montejo, para protagonizar un espectáculo.

» También los gobernadores Eliseo Mendoza y Braulio Fernández, acostumbraban usar este medio de transporte para trasladarse hacia la capital del país.

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