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Por
Redacción
Publicado el miércoles, 9 de abril del 2014 a las 04:40
EDITORIAL
Saltillo, Coah.- Al recorrer las colonias que se convirtieron en trincheras durante los meses más álgidos de la llamada guerra contra el narcotráfico, y ver las huellas que dejó una situación límite, se puede constatar que si bien los niveles de inseguridad y las expresiones de los llamados delitos de alto impacto han disminuido, persisten los daños colaterales en quienes fueron testigos y/o víctimas.
Escuchar a un niño referir con absoluta normalidad lo que fue su vida, corriendo para esconderse, para protegerse de las balas, el ver a personas armadas recorrer su vecindario, los cuerpos de vecinos regados en la calle, las huellas de las balaceras, deja en claro que no se trata de incidentes que han quedado en el pasado, sino de un escenario de terror que marcó centenares, tal vez miles de vidas, las de los sobrevivientes.
Eso es precisamente lo que evocan las calles de la colonia Nuevo México, en Torreón, convertidas aún hoy en día en deteriorados cascarones, pese a los esfuerzos gubernamentales de “rescatar” la zona y devolverle la vida que una vez tuvo.
En la zona, esa verdadera trinchera donde se vivió lo más cruento de la guerra, donde las familias sobrevivientes, las que no lograron huir y que exploraron todas las formas posibles para pasar día con día bajo el fuego cruzado, saben a la perfección lo que significa que el miedo les acompañe las 24 horas y esa es en el fondo la realidad que, pese a todo, aún impera en colonias como la Nuevo México.
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