Espectáculos

Publicado el martes, 17 de marzo del 2015 a las 15:02
Saltillo, Coah.- Para entender el presente siempre hay que recurrir al pasado; afincarse en los recuerdos y diseccionar las circunstancias. Sólo así se comprenderá el curso que toman ciertos acontecimientos. Bajo este esquema, el escritor cubano, afincado en Francia desde hace 25 años, William Navarrete recurre a la memoria para construir “Fugas” (Tusquets, 2014), segunda novela de la trilogía que piensa concluir este año.
Escrita con un ritmo de nítida musicalidad, “Fugas” plantea, a decir de su autor, las determinaciones a las que es capaz de llegar el ser humano durante su existencia con tal de sentirse libre y escapar de lo que lo oprime, ya sean vínculos familiares, sociales o profesionales, y de esas ineluctables ataduras que se asumen como herencia cultural, al que alguien se ciñe hasta sentirse asfixiado.
MÁS QUE NOSTALGIA
En entrevista con Zócalo, Navarrete precisa que decidió ubicar su novela, al igual que la primera de la trilogía, en la región oriente de Cuba porque él nació ahí y sentía que tenía una deuda pendiente con esa etapa.
“Se ha escrito muy poco sobre la parte oriental de Cuba, a pesar de que es territorialmente más importante porque es más ancha, tiene cierta continentalidad, y al parecer todo ha venido de ahí: las invasiones, los huracanes, las revoluciones, los diferentes dictadores y caudillos que hemos tenido a lo largo de dos siglos; de ahí salieron los próceres de la independencia, y ahí se produjo la primera liberación de los esclavos”, especifica Navarrete sobre los motivos que tuvo para escribir “Fugas”.
Pero aunque se trata de una historia conmovedora, el escritor niega tajantemente que haya sido producto de la nostalgia de un exiliado. Él la describe como un ejercicio para intentar descifrar los porqués de la historia cubana.
“De nostalgia no hay nada, la nostalgia es por las cosas buenas, para mí es lo que siento por el buen champagne cuando estoy en Honduras y por los tamales a la cubana o a la mexicana cuando estoy, no sé, en Roma, que no hay; la nostalgia es otra cosa, la añoranza también. Yo creo que lo que hay (en la novela) es una introspección y un deseo de entender el mundo del que uno viene, de darle forma, de configurarlo, de tratar de encontrar las aristas de ese espacio que nos tocó, nos moldeó, que nos hizo ser lo que somos”, argumenta.
Navarrete advierte que para la tercera entrega sí tuvo que documentarse sobre cómo se vive hoy en Cuba, porque la historia se sitúa en la época contemporánea, pero tanto en “La Gema de Cubagua” como en “Fugas”, se limitó a lo que en su memoria permanecía “de forma virginal”, pues fundamentalmente se remitió a los años 70 y 80, que fueron los que vivió en la isla.
“Me felicité de nunca haber regresado a Cuba porque eso me permitió conservar lo que en mi memoria tenía; es una especie de memoria congelada, fidedigna, de algo que yo viví y que no ha sido alterado por superposiciones de capas o de experiencias adquiridas en hipotéticos viajes futuros. Al no haber regresado, mantengo bastante claros y precisos los contornos de lo que fue mi vida ahí, de las cosas que me rodeaban; eso me permitió explotarlos con, me atrevo a decirlo, bastante autenticidad”, añade.
ECOS DEL PASADO
El también historiador de arte destaca el espíritu de la nación caribeña que lo ha hecho resurgir una y otra vez de las cenizas, por lo que en honor a elementos de su idiosincracia aparece la conga, el carnaval y un personaje de color que toca que piezas de J. S. Bach.
“Este es una especie de homenaje al negro cubano con todas sus virtudes y al mismo tiempo con sus defectos, con el deseo de blanquearse, que es el deseo del país, renegar de sus profundos orígenes africanos y sus cuatro siglos de esclavismo, por eso toca a Bach, porque la Revolución le permitió acceder a una cultura clásica”, dice.
A la algarabía propia de su pueblo Navarrete la califica como algo “efectivo y casi gratuito… una especie de droga que permite que la gente vaya sobreviviendo”, y opina que “es muy dañino”, pues considera que es parte de la herencia del esclavismo cuando los desposeídos no tenían más remedio que ir todos los días a trabajarle al amo y cuando tenían la oportunidad de divertirse, en las fechas marcadas por el amo, bailaban hasta caer muertos de “Pienso que de ahí viene esa ligereza de, aún en las peores condiciones, manifestar siempre una enorme alegría. Esto toma forma en el carnaval, que es la gran apología de lo dañino que ha sido la diversión para hacer un país diferente y construir una nación más sólida donde todo el mundo tenga cabida”, sentencia.
ch
Finalmente Navarrete precisó que la tercera entrega será publicada en noviembre próximo.
ch
cansancio.
Notas Relacionadas
Hace 24 minutos
Hace 2 horas
Hace 3 horas
Más sobre esta sección Más en Espectáculos
Hace 3 horas
Hace 3 horas
Hace 4 horas
Hace 5 horas
Hace 5 horas
Hace 5 horas
Hace 6 horas
Hace 6 horas
Hace 6 horas
Hace 10 horas
Hace 12 horas
Hace 20 horas