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Paola A. Praga
Publicado el jueves, 1 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Las calles por las que transitamos diariamente se tejen entre sí de manera subterránea y albergan historias de los primeros pobladores de Saltillo, quienes se vieron en la necesidad de adaptar el árido terreno del desierto para sobrevivir.
Esta ciudad resguarda gran parte de su historia en los vestigios de aquellos sótanos, cuevas y estrechas galerías filtrantes que nuestros antepasados utilizaban como bodegas de resguardo para agua, maquinaria y, con el paso de los años, incluso para conservar los vinos.
Adentrarse en los húmedos espacios, que sirvieron como estructuras hidráulicas para abastecer de agua a colonias enteras de viejos pobladores, es una experiencia que nos remonta al Saltillo del siglo 16 es remontarse a la historia de esta antigua capital.
A varios metros bajo tierra, lo único que se alcanza a escuchar en una de estas galerías filtrantes es el silencio interrumpido por el leve sonido de la corriente que baja del cerro del Ojo de Agua, localizado en la parte más alta de la ciudad, a unos mil 400 metros sobre el nivel del mar.
Ubicada en la calzada San Lorenzo, este espacio de aproximadamente un metro abre el camino humedecido.
Es inevitable pensar que las piedras mojadas son testigos mudos de las técnicas que años atrás los pobladores utilizaron para crear un sistema de riego y resguardo de agua.
El paso del tiempo y los deterioros que estas construcciones han sufrido hicieron indispensable su reparación, pero utilizando los recursos disponibles, con el fin de conservar su estructura original y antigua.
“Es un espacio mágico que nos sirve para recordar aquellas épocas y sobre todo recordar el Saltillo antiguo, del que ya casi no queda nada”, comenta don Eufemio, trabajador de una de las casas que albergan esta importante infraestructura, construida cerca de la calzada Antonio Narro.
El recorrido continúa. La oscuridad no permite distinguir qué tan largo es el camino, pero la curiosidad de avanzar hasta llegar al punto de donde emana el agua es inevitable. Pero la duda se disipa cuando se percibe que la tenue luz roja que el dueño colocó para alumbrar el camino, no alcanza más allá del metro.
Según datos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), fue a partir de las fundaciones españolas que se construyeron con un objetivo de supervivencia. Estas estructuras hidráulicas y las galerías filtrantes eran utilizadas para solventar requerimientos domésticos, agrícolas e industriales de quienes poblaron estas tierras tlaxcaltecas.
Seguramente en este lugar que se describe, el agua corría a través de un fuerte cauce y era utilizada tanto para beber agua como para regar la siembra.
No se tiene una fecha exacta de la construcción de este sistema, pero de acuerdo al INAH fue diseñada aproximadamente hace 300 años. En Saltillo, este tipo de construcciones dan muestra de un proceso acelerado de evolución y los sistemas hidráulicos se aprecian como grandes obras realizadas hace siglos.
Actualmente, para los habitantes de la moderna vivienda, se trata es un espacio para la reflexión y un encuentro con el pasado. Tanto valor tiene que fue decorado con imitaciones de pinturas rupestres y un par de hamacas esperan a sus moradores, que en temporada de invierno sirven de abrigo para la familia que pasa horas en esta peculiar galería filtrante.
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