Saltillo

Publicado el lunes, 29 de septiembre del 2025 a las 04:30
Saltillo, Coah.- El relevo generacional alcanzó a 15 pandillas activas en la ciudad, que ahora son lideradas por los nietos de quienes hace 30 años las fundaron en calles de las colonias populares, donde ahora se desarrolla la tercera generación, heredera de los espacios, apodos y hasta los enemigos históricos.
Millonarios y Galleros de la Bellavista son dos de las pandillas con mayor linaje al sur de la ciudad. Actualmente, el grueso de sus integrantes está en los límites de la mayoría de edad, acuden a la preparatoria y cuando se enfrentan, lo hacen en las calles de Reforma, Fortín de Carlota, Constitución y Primo de Verdad.
El comisionado de Seguridad, Miguel Ángel Garza, aseguró que, a diferencia de sus abuelos, la nueva generación es menos peligrosa, “sí hay riñas, pero la mayoría de las veces se trata de pleitos entre particulares por temas menores como el estacionamiento o la basura”.
Son en los famosos toquines donde las pandillas aún conservan por costumbre los enfrentamientos, por eso las autoridades hacen presencia permanente en estos eventos, para darles protección a los ciudadanos.
Al ritmo de las cumbias colombianas y ahora también los corridos tumbados, la Generación Z de jóvenes nacidos entre 1997 y 2010, hacen vibrar las entrañas de colonias como La Palma y El Tanquecito, donde dominan Los Gavilanes y Los Homies, particularmente agresivos.
En la colonia Saltillo 2000, los abuelos heredaron también los límites territoriales a sus nietos, para poder convivir entre las tres pandillas históricas: Los Psycos 2000, Los Cafés 2000 y Los Beggis 2000.

Un legado de más de 30 años
En las calles de la colonia Bellavista, los días transcurren al ritmo de lo cotidiano: el vendedor de elotes, los niños corriendo descalzos por la banqueta, el ruido de los motores viejos y el silbido de los balonazos en el parque.
Pero cuando cae el sol, también aparece otro rostro de la ciudad: los jóvenes que se agrupan en las esquinas, algunos con tatuajes que cuentan historias de barrio, de códigos y de lealtad. No son delincuentes, al menos no todos; son parte de algo más antiguo. Una identidad. Una herencia.

Una cultura heredada
Saltillo, hoy con casi un millón de habitantes, guarda en sus colonias más viejas un secreto a voces: las pandillas que existen en 2025 no son fenómenos nuevos, sino repeticiones de una historia que comenzó hace más de tres décadas.
“
La pandilla es como una familia”, dice Ray, de 20 años, uno de los conocidos “Kiwis 13”, de la Bellavista. “Mi jefe fue gallero en los 90, dicen que hasta salía en los periódicos cuando se peleaban en los bailes. A mí me contaba cómo era antes, cuando sí se armaban con machetes o piedras nomás por cruzar la calle equivocada. Ahora es distinto. Seguimos en el barrio, pero ya no nos peleamos igual. Es más como seguir el nombre, ¿sabes? No dejarlo morir”.
Marcos, de 17 años, todavía está en la prepa. Su papá fue uno de los “Millonarios” originales y ahora trabaja como velador en un parque industrial. “Mi ‘jefe’ me dice que no me meta en problemas, pero cuando voy con la banda no me dice nada. Sabe que estoy con los del barrio, y eso está bien pa’ él. No es como que esté haciendo algo malo. Nos juntamos, echamos la reta, a veces vamos a tocadas. Ya no es como antes, eso sí”.

Una historia que se hereda
Karla Valdés, sicóloga especializada en contextos sociales y juveniles, explica que este fenómeno tiene raíces profundas en lo que llama “aprendizaje vicario”.
“
Lo que se sabe desde la sicología es que las personas, al desarrollarse en un contexto específico, van reproduciendo ciertos comportamientos que ven como normales. Si el abuelo, el padre y el hijo han pertenecido a una pandilla, hay que pensar en lo que esta pertenencia representa: una forma de vida, una identidad, incluso una forma de protección en un entorno adverso”, señala.
En colonias como Bellavista, Ojo de Agua o Mirasierra, ser parte de una pandilla no siempre implica violencia o criminalidad. En muchos casos, se trata de un grupo de jóvenes que se identifican con un nombre, una zona, un código de conducta.
“
Antes era por el barrio, por los pleitos, ahora es más por no quedarte solo”, dice Luisfer, otro integrante de los Kiwis. Tiene 19 años y cursó hasta tercero de secundaria. “Yo me junto con los de la cuadra porque es lo que hay. Mi jefe también fue de los Kiwis. Ahorita trabaja en la construcción, ya no se mete en broncas, pero no me dice nada cuando me voy al parque con la banda. Para él es normal”.
Por lo que las historias de Raymundo y Marcos coinciden en algo: todos repiten patrones. No sólo en la elección de sus amigos o en el nombre de su grupo, sino en su idea de lo que significa pertenecer a algo. En muchos casos, la pandilla llena vacíos emocionales o familiares que las instituciones no han podido suplir.
“
Cuando en una familia hay carencias emocionales o disfuncionales, es más fácil que un joven busque en una pandilla una familia sustituta”, explica Karla Valdés.

De peleas a pertenencia
Miguel Garza Felix, director de la Policía Municipal de Saltillo, admite que las pandillas hoy no son lo que eran hace 30 años, aunque sus raíces sigan intactas.
“
Vemos que los grupos de jóvenes en algunas colonias siguen congregándose, siguen compartiendo un estilo de vida, aunque ya no generen los disturbios del pasado. Los nombres son los mismos: Millonarios, Guerrilleros, Kiwis. Muchos de ellos son hijos o nietos de los fundadores originales”.
Según datos de la Comisaría, actualmente hay 15 pandillas activas con presencia constante, algunas con participación de menores de edad. Bellavista, por ejemplo, es hogar de dos agrupaciones históricas: Millonarios y Kiwis. Aunque la mayoría de sus miembros actuales no vivieron la época de oro del pandillerismo en los noventa, adoptan los símbolos, los nombres y las dinámicas de entonces.
“
Tenemos colonias donde este fenómeno es más notorio”, dice Garza. “Bellavista, Ojo de Agua, la Zona Centro. Es una especie de tradición que pasa de generación en generación. Lo que antes eran peleas territoriales fuertes, hoy son más bien convivencias, aunque sí se llegan a presentar riñas. Pero los niveles de agresividad han disminuido”.

Los une un lazo nuevo
A pesar del imaginario colectivo que aún asocia pandilla con peligro, violencia o criminalidad, la realidad es más matizada:
“
Los pandilleros ya no son peligrosos como antes”, reconoce el comisario Garza Felix. “Sí hay riñas, pero la mayoría de las veces se trata de pleitos entre particulares, incluso por temas menores como estacionamiento o basura. Y cuando hay reuniones más grandes, como los famosos toquines, estamos presentes para prevenir conflictos.”
La policía también ha implementado programas como Infancia Segura, que busca detectar a menores de edad en riesgo en las calles después de las 10 de la noche.
Según Garza, estos operativos han sido clave para identificar entornos familiares difíciles y canalizar a los menores a programas de prevención.

¿Romper el ciclo?
Romper con la herencia de las pandillas no es sencillo, pues no se trata solo de sacar a los jóvenes de las esquinas o quitarles el nombre del grupo:
Es un proceso más profundo, que tiene que ver con identidad, historia y contexto social.
“
Las pandillas en Saltillo no son solo un problema de seguridad”, dice Karla Valdés. “Son una consecuencia de la desigualdad, de la falta de oportunidades, de los entornos violentos o ausentes emocionalmente. Y mientras esos factores sigan presentes, los jóvenes seguirán encontrando en la pandilla un espacio de pertenencia”.
En Bellavista, los Kiwis siguen juntándose en la cancha a platicar, escuchar rap o simplemente a pasar el rato. Tal vez no buscan conflicto, pero tampoco están dispuestos a dejar morir el nombre.

Más sobre esta sección Más en ZocaloApp-home2
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 2 dias
Hace 2 dias