Arte

Publicado el jueves, 2 de abril del 2026 a las 04:01
Ciudad de México.- El arte de Gabriel Orozco florece en Seúl, Corea del Sur. No es una metáfora: el artista mexicano concibió para el Leeum Museum of Art un jardín donde ciruelos –cuyos capullos anuncian la primavera– pinos y bambúes integran una escultura viva que abrirá al público mañana.
Se trata del primer jardín comisionado en la historia de este recinto, parte de la Fundación Cultural Samsung.
Orozco (Xalapa, 1962) convirtió la terraza exterior del museo, de mil 653 metros cuadrados, en un oasis en medio de la capital coreana que provee sombra, frescura y silencio.
El ciruelo, el pino y el bambú constituyen los “tres amigos del invierno”, llamados así en la tradición asiática por su capacidad de sobrevivir a la adversidad y abrazar la revitalización que trae el Año Nuevo y la primavera.
En esta obra, el mexicano reafirma su predilección por los círculos, fundamentales en su trabajo, pues no se reducen a formas geométricas, sino que remiten a ciclos, retornos y elipses, entre otros trayectos.
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Es el círculo visto como una dinámica de pensamiento, no solamente como una cuestión gráfica circular, sino como una manera de pensar y trabajar”, explica en entrevista a distancia desde Seúl.
El Gabriel Orozco Garden, como se llama, despliega un patrón geométrico originado en un círculo que se expande en la terraza y conecta otros círculos de distintos tamaños en una secuencia continua de espacios interrelacionados.
Invita a caminar por los patrones circulares del pavimento, reposar entre los bambúes y observar la floración del ciruelo: son experiencias que configuran una escultura donde el paisaje organiza el tiempo en el espacio.
La selección de materiales recurrió al contexto local: se utilizó piedra de Boryeong, extraída en la provincia de Chungcheong del Sur, cortada a medida para formar los patrones circulares. Misma piedra que utilizó para las bancas.
Escultura habitable
El Gabriel Orozco Garden refleja también una concepción de escultura más vital. “No como monumento en una plaza, sino como una actividad de movimiento, orgánica, en relación con la naturaleza y con el cuerpo humano: menos rígida”, contrasta.
Poco a poco, reflexiona, se abandonan en el mundo prácticas como las de retirar árboles para instalar en los camellones “mamotretos” de metal.
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Hoy en día suena criminal quitar un árbol para poner una escultura de metal o de concreto. Son cosas que han ido cambiando a finales del siglo pasado y ahora, ya entrado en el cuarto del siglo 21, creo que la escultura se está viendo de otra manera, no como el monumento vertical de larga duración y mucho impacto ambiental y visual, sino como lugar de convivencia”.
Esta noción implica también un ejercicio de espacio público, añade, de convivencia, de apreciación de la naturaleza y conciencia ecológica, ambiental, social y política.
Repercute, además, en las escalas, señala el artista, quien también creara en 2016 otra obra escultórica que puede hermanarse con este nuevo proyecto en la South London Gallery, donde transformó un sitio abandonado en un jardín permanente definido por geometrías entrecruzadas, y quien además dirigió el plan maestro del Bosque de Chapultepec en la Ciudad de México en el sexenio pasado, un proyecto urbano de 800 hectáreas que culminó en una suerte de “escultura pública” a escala urbana.
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Estas escalas nos permiten ver cómo un objeto pequeño, cotidiano, como una caja de zapatos, se integra al paisaje o un puente en el periférico se integra a los árboles. “Manejar todas esas escalas es importante siempre en su contexto, en los paisajes donde se hacen los pequeños gestos o las grandes construcciones siempre relacionadas con el entorno, para que no se sienta como una imposición, como un monumento brutalista, sino como un recipiente: la escultura tiene que ser de alguna manera un recipiente también”, enfatiza.
El jardín escultórico de Orozco en Seúl conecta los tres edificios que conforman el Leeum Museum, ubicado en el barrio de Hannam-dong.
El primero es obra del arquitecto suizo Mario Botta y se aboca a la porcelana tradicional y al arte tradicional coreano; el segundo fue concebido por el francés Jean Nouvel y se consagra al arte contemporáneo, mientras el tercero, un Centro de Educación y Cultura de los Niños, fue diseñado por el holandés Rem Koolhaas.
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Son tres edificios, cada uno es muy distinto y creo que con este jardín se unifican un poquito mejor y tienen más armonía entre ellos: es como una especie de patio central entre los tres edificios”.
Antes, informa, la terraza del museo funcionaba solamente como explanada para esculturas verticales monumentales, entre las cuales figuraron Grand Crinkly, de Alexander Calder (2004-2005); Maman, de Louise Bourgeois (2005-2012), y Tall Tree and the Eye, de Anish Kapoor (2012-2023).
La terraza se convierte ahora en una escultura en sí misma, y viva.
El Gabriel Orozco Garden antecede una exposición retrospectiva que el artista mexicano presentará en 2027 en el Leeum Museum, cuyo acervo ya incluye obra suya.
La muestra que prepara se dedicará a su trabajo escultórico, detalla.
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Primero me invitaron a diseñar este jardín, en parte por el que diseñé en Londres (South London Gallery), y por las actividades en trabajos relacionados me invitaron directamente”, explica el artista.
Su relación con Corea del Sur se remonta a 1995, evoca, cuando acudió a la Bienal de Gwangju. Y ahora será permanente.
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