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Guardería única en el estado; estancia de Canacintra en Torreón integra a los niños especiales

  Por Camelia Muñoz

Publicado el domingo, 16 de agosto del 2009 a las 14:10


De la necesidad de un lugar en donde, además del cuidado de niños con discapacidad, se pudiera llevar a cabo su integración...

Torreón, Coah.- De la necesidad de un lugar en donde, además del cuidado de niños con discapacidad, se pudiera llevar a cabo su integración y socialización con menores que no cuenten con problemas auditivos, psicomotores o de retraso intelectual, entre otros, es como surge la única guardería en el estado en donde conviven de esta manera pequeños de diversas edades.

Desde la entrada se percibe el objetivo de la guardería: no hay distinción entre los niños que ahí acuden diariamente. Y es que en un enorme mural se alcanza a leer lo que sí es la discapacidad y cómo no debe llamarse a quienes la padecen.

“Deficiencia visual, no cieguitos; deficiencia intelectual, no mongolitos”, figuran entre muchas de las frases con las cuales los padres se han ido involucrando para motivar una cultura de igualdad y respeto para quienes presentan alguna discapacidad.

La institución es financiada por la Delegación de Torreón de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación, que desde hace tres años se interesó por el caso de mujeres que tenían que abandonar su trabajos para atender a sus hijos con problemas de discapacidad, explica la directora de la guardería, Guadalupe Arellano.

“Fue una urgencia que se veía por la necesidad de la mamá trabajadora, aquí se les da la terapia y se le cuida al niño, de tal forma que ellas puedan llevar a cabo sus actividades normales”, manifiesta.

Se trata de una de las guarderías subrogadas por el Instituto Mexicano del Seguro Social, pero es de las pocas que existen, apenas 26 en el país, y con una capacidad de atender a 50 niños cada una con diversos problemas, de leves a moderados. En este caso la institución atiende a 23 niños discapacitados y 210 regulares.

Desde reflujo, un padecimiento normal en los recién nacidos, y que es un impedimento para ser recibido en cualquier guardería del IMSS por los cuidados especiales que requiere el niño, hasta discapacidades que han requerido que desde los directivos hasta las asistentes investiguen el padecimiento para ofrecer un mejor servicio y terapias de acuerdo con estos problemas, como pueden ser el síndrome del maullido, el Turner y el de West, pasando por situaciones de deficiencia auditiva y visual, entre muchos otros.

El síndrome del maullido afecta principalmente a las niñas y se registra un caso entre un millón y se caracteriza porque el llanto de la menor es semejante al maullido de un gato, en este caso una pequeña de nombre Fernanda lo padece.

En tanto el de West es el padecimiento de encefalopatía epiléptica o convulsiones que afectan el desarrollo psicomotriz, mientras que el de Turner afecta a uno de cada 2 mil 500 niñas y se caracteriza por el aspecto infantil, talla corta e infertilidad de por vida y retraso en el desarrollo intelectual.

En la guardería al menos se atiende uno de cada caso y se registró el primero que atenderán de sordera, pero los más comunes son los de autismo.

La responsable del área, Dulce Jiménez, explica que a casi tres años de estar operando la guardería, existe desconocimiento de que ahí pueden no sólo cuidar a los niños con discapacidad, sino llevar sus terapias de forma regular y socializarse con los niños que no tienen problemas de este tipo.

“La diferencia con una guardería regular es que en esta área no se atiende por edades, sino por capacidades y, en la medida que se van mejorando éstas, los niños van avanzando a otras áreas, mientras que la convivencia con los niños sin discapacidad se lleva a cabo en horas como la comida y algunas otras actividades”, manifiesta.

De tal manera que desde pequeños se les va inculcando a los niños valores de respeto e igualdad para otros niños con alguna deficiencia.

La coordinadora del área reconoce que si, en términos generales, las madres de los niños son algo aprensivas, en el caso de los pequeños con discapacidad es mucho más, por lo que han sugerido estar presentes en las terapias, para que puedan estar tranquilas en su trabajo y seguras de que los niños son bien atendidos.

“Hay gente que batalló mucho tiempo para tener un lugar en donde dejar a su hijo. Canacintra pensó en esos casos y por eso se involucró en el proyecto, de tal forma que incluso a las mujeres que no tienen trabajo se les ofrece en las empresas socias, y hasta aquí en la guardería”, manifiesta.

Añade que las mamás se angustian cuando les dicen que al padecer reflujo los niños van a pasar al área de discapacidad. Pero, con la atención especializada, al fin de seis meses que son valorados médicamente ya no registran el problema y pasan a la sala de bebés regulares.

La psicóloga de profesión considera que todas las guarderías debieran de contar con un espacio como éste, porque es importante la cantidad de casos que pueden existir y los problemas por los que pasa una mujer que se vea impedida a trabajar por cuidar a su hijo en estas condiciones, o dejarlo en áreas y personas que no tengan la preparación para situaciones de este tipo.

De hecho, en la guardería se prepara a todo el personal en la atención a discapacitados y ofrecen también cursos a empleados de estas instituciones de la región, y hasta de otros estados han llegado a conocer el proyecto a fin de instaurarlo a la brevedad, ya sea por medio del IMSS o bajo financiamiento privado.

Además de los servicios cotidianos que por normativa ofrecen a la población, como son la asistencia y fomento a la salud, alimentación, educación, la institución ofrece el plus de las terapias individualizadas.

Dichas actividades se llevan a cabo mediante hidroterapia, atención especializada para estimulación, lenguaje y desarrollo psicomotor, a fin de promover en los niños varias habilidades, de tal manera que pueden integrarse a los grupos regulares de la guardería.

El disponer de un área como la que tiene Torreón representa una satisfacción para las empleadas, mientras que otros pudieran sentirlo como un reto, sin tomar en cuenta que es más el temor de involucrarse con actividades nuevas en lo que al cuidado de los niños se refiere.

“Estos casos nos abren la posibilidad de seguir estudiando e investigar todo sobre discapacidad, les pedimos a las muchachas que si tienen un curso lo tomen; que si alguien las invita a ver una terapia, vayan, porque todo esto nos sirve para seguir atendiendo a los niños”.

Integración no es reto
La psicóloga considera que la integración del niño discapacitado con quien no sufre algún problema, y viceversa no es cuestión un trabajo intenso, sino de situaciones sociales que en los niños no tienen cabida.

“Aquí los niños se acostumbran a verlos y tratamos de que los padres también lo hagan para que se reproduzca esta idea de mantener el respeto. En la comida los niños interactúan como iguales, sí han existido momentos en que hemos tenido que explicarles algunas cosas, pero los niños no saben de ver la discapacidad como algo raro. Es más el trabajo que se tiene que hacer con los padres”, dice.

Recuerda el caso de una niña que requería de andador para desplazarse. “Sólo les explicamos a los niños más grandes que ella necesitaba de ese aparato porque no podía caminar y que necesitaba ayuda. Los niños, en lugar de relegarla, se acercaban más a ella, y a la niña le motivaba mucho esto”, menciona al considerar que esto representa una parte muy importante para la terapia de los niños.

En el tiempo que tiene de operar la institución han existido casos en donde los niños incluso han pasado a salas donde están los menores sin discapacidad, toda vez que han logrado tener un control de sus movimientos físicos, han aumentado su eficiencia intelectual y hasta hablan.

“Aquí radica la integración entre ellos, no es sólo que los discapacitados convivan con los regulares, sino esta relación recíproca, porque incluso hay niños que no son considerados con alguna discapacidad, pero sí requieren de alguna terapia y aquí se les otorga”, agrega.

De esta manera, dice, empiezan a cultivarse los valores y la cultura entre los pequeños, que al crecer no tendrán complejos ni considerarán algo “extraño” alguna discapacidad.

Insiste que es con los padres con quienes debe trabajarse constantemente, ya que socialmente los relegan, e incluso se dan casos en que los propios padres esconden a los niños por vergüenza.

De ahí la necesidad de que haya más centros de atención y cuidado de estos niños para darles la oportunidad de realizar una vida normal, al igual que sus padres.

Ejemplo y oportunidad

Sofía cumplirá el próximo 24 de agosto tres años. Desde los 45 días ha estado en guarderías mientras su madre trabaja, pero desde hace medio año le diagnosticaron autismo y, por dicho padecimiento, ya no pudo seguir en su guardería donde la habían cuidado desde bebé.

Hace cuatro meses fue recibida en la guardería integradora y en ese tiempo su vida ha cambiado sustancialmente, asegura su madre Gema Zapata, quien para estar cerca de la menor fue contratada por la propia institución, en donde se hace cargo del cuidado de los bebés regulares.

“Estoy muy tranquila y satisfecha, sobre todo porque trabajo en lo que me gusta y mi hija está bien y se desarrolla poco a poco. Aunque no estamos en la misma área, como mamá y empleada busco la seguridad y un buen servicio para mi hija”, dice.

La mamá de la menor afirma que, si bien siempre contó con el apoyo de la familia, se queda intranquila de dejar a su hija en casa sin el cuidado de personas profesionales en el tratamiento del autismo.

“Me quedaba inquieta, porque sé que mi hija necesitaba estar en un lugar adecuado, con tratamiento de acuerdo con su problema después de que me dijeron que no podía estar en una guardería regular”, recuerda.

Minutos antes de dialogar con la madre de Sofía, Zócalo Saltillo estuvo presente en la terapia física que recibe la niña de parte de su instructora y en la que la menor saludaba efusivamente a quienes observamos sus actividades.

“Lo que hacemos con ella es estimular su cuerpo”, menciona la asistente mientras que Sofía se encuentra sentada en una enorme rueda acondicionada para sus ejercicios y es sujetada de sus piernas para estimular los reflejos.

Posteriormente la niña demuestra sus avances al caminar por un pequeño puente con escalones y posteriormente sube una escalera colocada en la pared, en donde demuestra el control y coordinación que está asumiendo de su cuerpo.

Ahora los cambios son notables: Sofi, como cariñosamente le dicen las instructoras y directivos de la guardería, muestra seguridad en su aspecto psicomotor. Aunque no habla mucho, al menos ya se comunica con su mamá y alcanza a balbucear algunas letras y palabras.

Su risa contagia a los presentes, y es que sus reflejos se han desarrollado y al sentir la presión de que su espalda se va hacia atrás con el movimiento de la gigantesca rueda trata de detenerse. Esto para la gente que está bajo su cuidado es un gran avance, porque habla de la coordinación motriz que va alcanzando.

La niña sabe que en ese momento todos estaban atentos a sus movimientos y no deja de mirar la cámara fotográfica y hasta posar para ser captada por la lente.

“Antes no hablaba nada y ya lleva tres semanas que empieza a decir unas palabras. Creo que se necesitan muchas instituciones de este tipo porque se tiene que dar la oportunidad a los niños de hacer su vida normalmente”, dice su madre, quien dijo que hubiera sido lamentable que de no existir la guardería de la Canacintra su hija no tendría un lugar en donde desarrollar sus capacidades.

Casos como el de Sofía hay varios en la guardería, en donde cada niño discapacitado recibe durante 45 minutos una terapia de forma individual, pero sobre todo al trato y cuidado que cualquier menor tiene derecho a recibir.

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