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| El músico dio un concierto gratuito ayer en la Ciudad de México para celebrar ocho décadas de vida.

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Guillermo Briseño, 80 años de vivir dedicado al rock, al blues y la poesía; celebra con concierto

  Por Agencia Reforma

Publicado el lunes, 1 de diciembre del 2025 a las 04:01


Recuerda el músico la historia de estos géneros en el país además de que pronto publicará nuevo libro

Ciudad de México.- Con una mezcla de humor, sabiduría y crítica, Guillermo Briseño (Ciudad de México, 1945) escarba en los “cajones de la memoria” para compartir algunas instantáneas que han constituido su existencia. Con el rock, el blues, la canción y la poesía demuestra que la palabra y la música viajan juntas. 

Nacido el 19 de noviembre de 1945, celebró ayer sus 80 años con el concierto gratuito ¡Apaga la Pinche Luz!, en el Teatro de la Ciudad de México, donde las “instantáneas” elegidas se reflejaron en una selección de piezas significativas, e incluyó otras, nada más por darse el gusto de tocarlas. 

Sepan que soy sincero al decir esto: No hago cosas de desperdicio. Siempre pretendo que lo que hago ocupe un lugar en el espacio de las percepciones, los significados y de la emoción que me satisfaga como para hacerlo público”, dice. 

Está por aparecer Movimiento, su nuevo libro. Su necesidad de escribir versos sigue intacta. De niño, su hermana solía leerle a Rubén Darío y Amado Nervo, poemas que luego él repetía de memoria. Eso es, aprecia, una resonancia con la musicalidad. 

Antes los poetas cantaban, tocaban la lira como Homero y Safo. Todo viaja junto”. 

Briseño, un músico elemental de la escena mexicana, fundador y director de la Escuela de Música del Rock a la Palabra, de la Secretaría de Cultura capitalina, ofrece a los lectores de Reforma, en su propia voz, algunos flashes, o “instantáneas”, de su vida:

 

Instántanea 1

Tengo la sensación, y no soy el primero que lo dice, de oír desde la panza de mi mamá. Debí oírla tocar el piano o escuchar el tocadiscos o la radio. Tengo un hijo, Leonardo, de 20 años. Estaba en la panza cuando planeaba la Escuela de Música del Rock a la Palabra; es un militante. Hace 2 años lo vi tocando Dolemite, de Scott Henderson, una pieza muy buena, muy loca y que forma parte de los siete discos que formé cuando inició la escuela para ilustrar el camino del rock mundial y el gospel, que yo sabía que sería conveniente que los muchachos escucharan. Mi primer alumno fue Juanito Sosa, hijo de Hebe Rosell; creció conmigo desde los 3 años. Es mi hijo. Lo digo porque me oyó como un niño chico, despertó y mostró sus talentos que hasta la fecha cultiva enormemente. Es un ingeniero de estudio muy talentoso y artista. La biología provee, pero también la cultura. 

 

Instántanea 2

Ver a mis papás hacer lo que les gustaba, hizo que también escogiera las cosas que me gustaban más de niño. Hasta la fecha. Cuando hice Romeo y Julieta, que tocamos con la Filarmónica de la Ciudad de México, en 1994, había un rigor componiendo la música que no había que perder. 

La historia, según la directora María Alicia Martínez Medrano (del Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena), se desarrolla en el México de 1908. Una historia del Porfiriato. Julieta Capuleto conoció a Romeo Montesco, migrante mayo. Esos indios altos, fuertes, norteños, eran llevados a trabajar el henequén. La música debía sonar “mexicano”.

Para hacerlo, tuve que pensar cómo rememorar, escarbar en mis sensaciones, en los cajones de la memoria cómo eran los acentos mexicanos que mi papá silbaba o cantaba con mi mamá. ‘¿Cómo es un aire mexicano? ¿Cómo es no caer en la reiteración? Ya no digas en el plagio, sino en lo obvio, ¿no? Crecí al abrigo de los gustos, de las inclinaciones artísticas en familia, y que sí me dieron cierto molde: le sacaron punta a mi lápiz. 

 

Instántanea 3

Mi hermano Raziel, para halagar a mi mamá, un día le regaló un piano. Ojalá en todas las casas de los niños mexicanos hubiera un instrumento musical y no sólo una flauta de plástico japonesa. Así fue que pude hacer todos esos jugueteos desde muy, muy pequeño. No es que nací como si fuera un pequeño Supermán, sino que nací en una casa donde eso se cultivaba, había un piano y las posibilidades. 

No es fácil tener un piano, una familia mexicana no se va a gastar 20 mil pesos en un pianito por más barato que sea. Pero una guitarra hay que buscar, y eso tendría que ser algo en lo que el Estado colaborara en pro de elevar el nivel cultural de nuestra gente. 

Que suene música en la casa y no sólo la música preparada por los medios comerciales para seguir vendiendo. La música convertida en bolsa de centavos es muy triste. No es que los músicos no necesitemos comer o pagar la renta o alimentar a nuestros hijos, pero una cosa es la imaginación verdadera, la limpia intención de hacer algo, aunque te sea solicitado. “No hay éxito sin payola”, dice el sabio ”scar Sarquiz. Recuerdo a un funcionario, cuyo nombre me ahorro, que se refería a mi amiga entrañable Betsy Pecanins, que él no sabía que lo era: “Betsy Pecanins no va a vender más de 20 mil discos”. Era poco para lo que necesitaban desde esa perspectiva. Pero si tú me preguntas: “øCómo canta Betsy Pecanins?”, te diría una cosa hasta jocosa: Canta mejor que antes, le hizo bien el tránsito por la vida. 

 

Instántanea 4

Otra instantánea fue cuando decidí que iba a dejar de trabajar como ingeniero químico para ponerme a tocar. O muchos años antes, cuando entré a la Prepa 5 sabiendo que yo quería estudiar ingeniería química. Pero instantáneas hay muchas: cuando se murió mi mamá, o cuando murió mi papá o mi hermano Raziel. Son instantáneas brutales, si quieres, salvajes, porque también se te arranca un pedazo del corazón. O cuando nació mi hijo o las hijas Adriana y Alejandra. 

O cuando le escribí por primera vez una carta de amor a mi Aurora (madre de Leonardo), cuando yo creía que ella pensaba que no iba a ser capaz de escribir cartas de amor y de repente me salió. 

Existen instantáneas como expresiones de un momento que no es sólo tiempo sino de conclusiones y de necesidades. Y hasta de obligaciones profesionales, como el programa de televisión de la revista Nexos; lo grabábamos los viernes. Era una canción a la semana. Hice 27 temas: la justicia, la reforma política, el sida, los trabajadores, campesinos y la educación. 

Pedí cuatro temas por adelantado porque sabía que me iba a llegar a trabar. Me pasó con la canción del aborto. Pensé: “Por qué yo tengo que opinar del aborto? Tienen que ser las muchachas”. Hasta el quinto intento me salió. Visité a Marta Lamas, hablé con más gente. Y entonces me inventé un cuento, que se llama Toco fondo, en el que sueño que estoy embarazado y soy el que tiene que abortar. Me gustó la música y cómo quedó. Es una explosión de satisfacción, de orgullo. Venciste al adversario: la página en blanco. 

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