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Guillermo Castelar, testigo vivo de la historia de Saltillo

  Por Redacción

Publicado el domingo, 2 de agosto del 2015 a las 14:00


Esta calle alberga innumerables vivencias que permanecen fieles pese a los años

Saltillo, Coahuila.- El tránsito por la calle Guillermo Castelar ofrece un paseo por las memorias del Saltillo antiguo. Es una de las vías que, según sus habitantes y documentos históricos, no ha sufrido muchos cambios.

En su trayecto se encuentra la fábrica de velas Sainz Cabello, con más de 100 años de servicio, la cual lleva su nombre en honor a la familia propietaria.

Dentro del edificio, velas, cirios y veladoras se apilan frente a la entrada principal. Las paredes del lugar están cuarteadas, producto del paso del tiempo; en el techo de madera algunos de sus tablones parecen a punto de caer por el mal estado en que se encuentran, aunque actualmente continúa en operaciones.

Una cuadra más adelante, en el inmueble marcado con el número 368, Aída Valenciano, de 48 años, lava un par de camisas blancas.

La casa que alguna vez perteneció a su abuela es ahora una lavandería que lleva 22 años en funcionamiento.

Desde su establecimiento se puede observar una de las cúpulas de la Catedral de Saltillo, el templo que desde niña visita cada domingo.

“Recuerdo que en mi niñez mi abuela me llevaba de paseo a la Plaza de Armas, ya de regreso comprábamos una bolsita de churros con cajeta y nos regresábamos caminando, mientras mi abuelo nos esperaba en una de las esquinas de Castelar”, cuenta.

Justo por esta arteria, una camioneta pasa lentamente, lo que permite leer en una de sus puertas Librería Plaza 1 de Mayo y se estaciona en el domicilio 593. Guillermo Guadalupe Álvarez, de 52 años, el propietario de la librería, baja del vehículo con un par de cajas llenas de libros.

Dentro de la casona, 5 mil títulos de libros están formados en estantes de madera y pacientes esperan la llegada de los lectores.

En la opinión de Guillermo Guadalupe, la calle no ha cambiado mucho desde su niñez. “Las banquetas siguen siendo igual de angostas, la plaza donde jugaba sigue ahí. Si acaso antes no estaba pavimentada y las luces de las farolas se fundían a cada rato”, cuenta.

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