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‘Había sangre hasta arriba del cerro’

  Por Monclova

Publicado el sábado, 9 de septiembre del 2017 a las 07:49


Don Manuel Ontiveros guarda seis pedazos de piezas automotrices que cayeron en su casa

Nadadores, Coah.- Manuel Ontiveros Medellín aún recuerda con dolor aquel fatídico día. Ese domingo 9 de septiembre de 2007 se despidió con un beso de su esposa antes de salir de su casa para ir a un rodeo a Nadadores. Sin embargo el destino le tenía un panorama inesperado y un recuerdo que marcaría por siempre su vida: la tragedia de Celemania.

Irónicamente guarda con sumo cuidado seis pedazos de piezas de autopartes color óxido que cayeron en su casa ese domingo, cuando la onda expansiva que sobrevino a la explosión del tráiler que cargaba más de 20 toneladas de nitrato de amonio para la empresa Orica, lanzó por el aire a personas que se encontraban en un radio cercano al camión, así como toda clase de objetos que se desprendieron de los vehículos que se encontraban cerca.

“Esto fue lo que mató a la gente”, lamenta don Manuel mientras baja una de las piezas que tiene colgadas celosamente en una de las paredes color mostaza de la barda que delimita su hogar.

“Estos fierros vinieron a caer hasta acá, ahí están doblados, cayeron en las casas, mire este chasis que pesa más de tres kilos, salió volando, cientos de piezas, vidrios, de todo; nada más estos cayeron a más de un kilómetro, imagínese cómo no iba a matar a la gente”, expresó.

“Fue algo muy triste, que aún nos duele, había sangre hasta arriba del cerro, vivimos una tragedia muy triste”, dice “caminábamos a gatas, como podíamos, nos resbalamos entre la sangre, quedó la carretera 30 manchada de sangre”.

Las secuelas físicas siguen presentes en la mayoría de los habitantes de Celemania, en su mayoría con problemas de audición, otros más como don Manuel que además cuenta con otro tipo de lesiones que marcaron y perjudicaron sus piernas, brazos, abdomen, pero sobre todo, expresa, marcaron el corazón

‘Alcancé a ver a Cone con vida’

“Íbamos con prisa a cubrir el incendio de un camión de pasajeros”, recuerda Jesús Meza González, aquel que de cuatro reporteros que acudieron a cubrir la noticia en Celemania, fue el único que sobrevivió.

Relata que en ese entonces él tenia asignada la fuente policiaca en un periódico de la localidad, y que la unión entre los compañeros de la fuente era muy fuerte a tal grado que en muchas de los accidentes acudían juntos a reportear la nota.

El 9 de septiembre de 2007, Jesús se encontraba en el Diario para el que trabajaba cuando de pronto escucha que se registró un accidente en la carretera 30, en ese momento el reporte era el incendio de un autobús de pasajeros que había sido impactado por una camioneta.

De inmediato se comunicó con sus compañeros, pero David Herrera, reportero de Zócalo ya había salido en la unidad que tenía asignada rumbo al accidente.

“A él ya no lo vi”, dice mientras hace una pausa al recordar.

Jesús se subió a su vehículo y en cuestión de minutos llegó a Seguridad Pública por sus otros dos compañeros de los distintos medios impresos, Carlos Ballesteros “Cone” y Andrés Ramírez “papa-papa”.

“Yo iba manejando, en camino a Celemania íbamos como siempre platicando de nuestras cosas, pero con la adrenalina por llegar al lugar de los hechos, en eso el jefe de información del Cone le habla y le dice y que tengamos cuidado porque al parecer era un tráiler el que se estaba incendiando pero no sabíamos la magnitud del problema”, dijo.

Comentó que al llegar a una curva ubicada sobre la carretera 30 a casi un kilómetro de donde estaba el tractocamión estacionó su vehículo y sus amigos reporteros se bajaron de la unidad corriendo tras la nota.

“Me estaciono y mis otros compañeros se bajaron corriendo y dije pues ya estamos aquí, nada más los vi que corrieron y les dije ‘ahí los alcanzo, voy a tomar una foto panorámica’ porque en ese entonces yo no traía una buena cámara, traía una digital pero compacta, y me detuve poquito, tomé como unas dos o tres fotos”.

“En eso pasó una ambulancia de la Cruz Roja que ya iba saliendo con los prensados de la camioneta, entonces entre lo que me bajé, tomé esas fotos y caminé pasaron como entre tres y cuatro minutos, apenas iba hacia el accidente cuando en eso explotó”.

“Lo único que hice al sentir el estallido fue tirarme boca abajo a la carretera, y me cubrí la cabeza, ahí me quedé unos minutos porque sentía que pasaban cosas volando sobre mí, ahora creo que si me hubiera quedado, una esquirla me hubiera tocado, sólo sentí algo caliente en la rodilla, como que sí me alcanzó algo”.

“Pasaron como dos, tres minutos porque la lumbre estaba muy fuerte, y ya me levanto y voy a buscar a mis compañeros”, comenta Jesús quien relató que al momento en que levantó la mirada el panorama de destrucción era impactante.

“Di unos pasos pero todo se veía muy feo, los carros estaban hechos pedazos, con los vidrios rotos, los capacetes doblados y muchos cuerpos, unos arriba de otros”.

Dijo que rápidamente salió en busca de sus compañeros y a lo lejos vio a Andrés, quien creyó que sólo estaba lesionado, pero al llegar hasta él, el impactó fue tremendo, dice, sintió como la sangre le recorrió todo el cuerpo al ver a su amigo ya sin vida y unas partes de su cuerpo mutiladas.

“En ese momento no asimilaba aún lo que pasaba”, comenta. De inmediato siguió buscando a su otro compañero Carlos “El Cone” quien unos metros más adelante lo encontró aún con vida.

“Desesperado seguí buscando y vi al “Cone”, un poco más adelante, estaba boca abajo, rápido me acerqué y lo toqué, nada más le vi como un pedazo de esquirla, y escuché que se estaba quejando, le dije “Cone, Cone”, pero no me respondía, entonces fui con un policía a pedir ayuda, pero cuando regresé ya no me respondió”, dijo Jesús, quien agrega que después de lo ocurrido quedó en shock, sin probar alimento en cuatro días

‘La noticia más difícil de escribir’

La noticia más difícil de escribir fue la de ese 9 de septiembre, recuerda con tristeza Sergio Rodríguez, periodista que en ese entonces trabajaba como reportero en Zócalo Monclova.

Sus compañeros y amigos de los medios: David Herrera, Carlos Ballesteros “Cone” y Andrés Ramírez “papa-papa” con quien tiene múltiples anécdotas y grandes recuerdos, habían fallecido cubriendo la nota periodística previa que más tarde originaría la explosión de Celemania.

Esa noche se trasladó al lugar pensando en el incendio, creyendo que lo habían mandado cubrir porque su compañero David había faltado, pero al llegar al lugar se topó con un cerco; desde kilómetros antes se dio cuenta que algo grave había pasado, y después lo constató.

Regresó al periódico sumamente afectado, impactado, relata que el área de redacción era todo caos, reporteros de todas las fuentes: locales, policiaca, región, deportes, sociales, se encontraban trabajando.

Sin embargo, lo más difícil venía aún, escribir la nota de lo que había ocurrido.

“Yo estaba impactado, el director editorial me pidió que redactara una crónica que hasta la fecha no recuerdo cómo la escribí, no supe cómo llegué al teclado y empecé a escribir, pues el dolor era enorme: había perdido a mis amigos, a mis compañeros”.

‘NO NOS DIJERON QUE ERA MATERIAL PELIGROSO’

“En un principio sólo salió una unidad, era la número 14”, dice Miguel Domínguez, quien ese 9 de septiembre fungió como responsable de turno del Cuerpo de Bomberos.

El reporte inicial fue el incendio de un tractocamión sin imaginar que kilómetros antes de llegar una tragedia de tal magnitud se presentaría la explosión de esa unidad que cargaba 25 toneladas de explosivos.

Señaló que de inmediato se pidió el apoyo, por lo que al momento todas las unidades salieron en alcance para apoyar en las labores de rescate.

“Nunca nos especificaron qué camión, qué traía”, mencionó. “si hubiéramos sabido que era material peligroso, tal vez pudimos haber tomado otras medidas”.

“Es una situación muy triste para toda la Región Centro, y para nosotros como socorristas fue algo difícil, muy triste, no se espera ver tanta desgracia y ese día nos dejó una experiencia amarga pero también una forma de organizarnos más para evitar ese tipo de tragedias”, mencionó

‘El olor a muerte no se olvida’

barra, dice el director que te vengas de inmediato para el periódico, me dijo por celular Carmelo, el guardia -Yo andaba en el turno de noche y eran las 8:30 cuando nuestro entonces director Sergio Cisneros, nos dijo-Usted y Manolo de inmediato vayan a Celemania en apoyo y relevo de David Herrera, hay un fuerte accidente.

¿Pues qué pasaría?-nos preguntábamos Manolo Acosta y yo, -hay un cruento accidente de un tráiler cargado de material explosivo y una camioneta y al parecer hay pérdidas humanas, por que las unidades se están incendiando-.

-Además hay que relevar a David para que venga a escribir sus notas ya que anda en el turno de la tarde- nos dijeron.

Dubitativos y con notoria tranquilidad pero con rapidez nos apresuramos a abordar el mejor de los vehículos a la vez que Manolo Acosta, como era su costumbre, encendía un cigarro para luego imprimir velocidad rumbo a Celemania.

‘DAVID NOS APURABA POR RADIO’

Ya para esos momentos se escuchaba el ulular de algunos vehículos de rescate, mientras nos dirigíamos al lugar del percance, en el radio transmisor escuchábamos que las bases de rescate y seguridad pedían paso libre a las unidades que acudían a prestar auxilio a los lesionados.

Por su parte Manolo conducía a gran velocidad mientras escuchábamos la voz de David Herrera+, que insistía en que nos apuráramos ya que decían que había Nitrato de amonia y el fuego de las unidades se estaba propagando y podría generar una explosión.

LA ZOZOBRA Y EL TEMOR

Mientras que Manolo seguía conduciendo yo comprendía las palabras y trataba de calmar a David que no dejaba de apurarnos mientras que con su cámara tomaba fotos de los movimientos que hacían los rescatistas y bomberos a su alrededor.

Cabe señalar que por las fotos de la cámara rescatada de David se observó que el lugar estaba invadido de decenas de excursionistas y familias que regresaban a sus casas luego de pasear por aquellos parajes.-

Conforme nos alejábamos de la zona conurbada de nuestra ciudad a la altura de los límites de la colonia Los Bosques, próxima a Cd. Frontera, una voz de mujer en el radio transmisor pedía a las autoridades de tránsito que estuvieran pendientes.

Y es que minutos antes de las 9:00 de la noche, de Monclova pedían que dejaran paso libre ya que una ambulancia provenía de Celemania con dos lesionados graves.

TRANSPORTABAN A UN MUTILADO

Al escuchar el aviso de la radio operadora, Manolo y el que esto escribe acordamos regresar para llegar a Urgencias de la clínica 7 y tomar gráficas de los heridos. Y efectivamente uno de los conductores del accidente venía con el brazo izquierdo desprendido de su hombro.

Luego de tomar la gráfica volvimos a nuestro vehículo para reanudar el viaje y brindar el apoyo al compañero que no dejaba de apurarnos. Luego de explicarle que nos habíamos regresado le sugerimos que se viniera al periódico ya que en breve llegaríamos y es que Manolo manejaba a 130 km/h y no se podía más porque el acelerador estaba gobernado.

EL SILENCIO SEPULCRAL

Cabe destacar que al pasar los límites de Frontera, repentinamente la voz de David se apagó cuando el reloj marcaba tres minutos después de las nueve de la noche, y no nos imaginábamos por qué surgió el silencio sepulcral mientras probábamos el radio y comprobamos que la batería aún tenía carga.

Ante el absoluto silencio la incertidumbre nos invadió con extrañeza porque mientras avanzábamos íbamos reportando a David el lugar y el kilómetro que íbamos pasando. Minutos después arribamos al lugar del accidente.

EL OLOR A MUERTE

Minutos después de las nueve a casi 70 metros del accidente donde se veían las torretas de las patrullas, las luces de nuestros vehículos se reflejaban en una cortina gris con minúsculos residuos de la nube del material que estallara minutos antes.

Apenas descendimos del automóvil para acercarnos cuando de entre la obscuridad salieron los agentes ministeriales Reynol Villazana y Genaro Escobedo advirtiéndonos que nuevamente otra carga de nitroamonia estaba a punto de explotar, para esos momentos David, Carlos Ballesteros y Andrés Ramírez ya habían fallecido y a todos los que llegamos a esa hora nos regresaron hasta Nadadores, mientras los vecinos de ese lugar algunos lloraban y otros se veían correr rumbo al sitio de la explosión, preguntando por sus familiares que por allá se encontraban regando los sembradíos.

ANCIANO LLORABA POR SU ESPOSA

Cabe señalar que al momento en que nos regresaron a Sacramento, se vio a un campesino de sombrero de petate preguntando por su esposa que se había adelantado rumbo a su casa. Nosotros al verlo llorando como niño y por orden de los policías lo trasladamos a nuestro vehículo mientras Manolo con su mini grabadora captaba lo que el hombre nos relataba, lo que vivió durante el estallido.

El anciano dijo mientras regaba a corta distancia de la carretera -me asusté mucho después de la explosión ya que vi una gran bola de lumbre volando a donde yo me encontraba regando- dijo llorando desconsolado. Después supimos que lo que el hombre vio fue una cabina de los vehículos envuelta en llamas luego del accidente.

Una camioneta Ford Lobo y un tráiler de la empresa Orica cargado con 25 toneladas de nitroamonia habían chocado y tras el incendio surgió la explosión. Se dijo que en esos momentos decenas de curiosos se habían conglomerado, siendo alcanzados por la ola expansiva, pereciendo casi una treintena mas casi dos centenares de lesionados.

‘LOS VI, ESTÁN MUERTOS’

Repentinamente un reportero al que por cariño lo llamábamos “El Mosco” me abrazó llorando y dijo -¡Muchachos, los vi, David, Carlos Ballesteros “Cone” y Andrés están muertos! -mi compañero Manolo, primo de uno de ellos, se descolgó la cámara para entregármela y tuvo que alejarse unos metros ya que no pudo contener el llanto, pues Carlos era su primo.

Finalmente lo reanimé y nos acercamos a casi 40 metros del cráter causado por la explosión, un hoyo de casi 11 metros de diámetro por 4 de profundidad, dejando ver la magnitud de la explosión.

Mientras tanto alguien nos señaló el cuerpo de David que se encontraba a un lado del carro semidestruído y Andrés y Carlos Ballesteros yacían inertes en medio de la carretera junto a un automóvil también dañado.

A MEDIA NOCHE REGRESAMOS

Aún sin reponernos de la terrible impresión, el compañero Fidencio Alonso recibió en su celular la orden de nuestro director Sergio Cisneros donde nos decía que regresáramos de inmediato con el material que habíamos logrado.

En esos momentos los cuerpos de nuestros compañeros eran depositados en una carroza mientras se observaba que otras víctimas también eran recogidas por otras unidades.

IRONÍAS DEL DESTINO

Por bendición del Todopoderoso y el cumplir con nuestra labor periodística, Manolo y yo seguimos con vida ya que al regresarnos unos minutos para seguir la primera ambulancia rumbo al Seguro Social, la pérdida de esos momentos nos libró de la terrible explosión.

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