Los medios informativos locales muestran hoy, una vez más, la desgarradora historia de otra niña asesinada en forma brutal conforme pasa el tiempo estas noticias se vuelven casi cotidianas, la indignación que sobrecoge mi corazón no tiene límites, la vida de una inocente arrebatada crudamente, su luz cegada en un instante, su futuro con el ideal de una vida plena se extinguió.
Tanta indolencia, tanta información para prevenir la violencia de género y nada que pudiera evitar el desenlace de esta pequeña mujer, una más que murió sin el abrazo de su madre, de su abuela, sola con su agresor, ultrajada, llena de dolor y de miedo, mientras su vida se apagaba; pensamientos sin fin que perturban mi mente día a día, no solo a mí, sino a todo ser humano, pero para aquellas que nos identificamos como feministas, esa perturbación va más allá, la sientes hasta en los huesos, coraje, frustración, impotencia, desolación, un vacío en el alma como si con cada mujer asesinada se muriera una parte de ti.
El feminismo siempre estigmatizado, desestimado, muchas veces ridiculizado, no es una moda o un movimiento social sin sentido, actualmente ante los feminicidios, cobra relevancia la magnitud del problema socio cultural que atravesamos, las consecuencias del machismo y el dominio de los bajos instintos preponderantemente sobre las mujeres, sobre aquellas que no pueden defenderse, de las más vulnerables, aquellas a las que la sociedad y sus circunstancias las ponen a merced de los agresores.
Cuando empecé a trabajar en favor del feminismo, difundiendo la vida y obra de mujeres para abonar a la legitimación del sexo femenino como tal, me encontré con el desagrado manifiesto de muchos hombres, demasiados para mi sorpresa, los comentarios de desaprobación hacia mi labor, iban desde los más sencillos he inocentes como, si fuera tu no hablaría de las mujeres, perderás a la mitad de tu audiencia; hasta los más abiertos, como, por que escribirás de mujeres famosas, se te van a acabar muy rápido, solo son unas pocas.
Después de estos comentarios la escalada de desagrado fue creciendo, empecé a sentir el “labeling” o etiquetado, ahora me decían feminista declarada mostrando su desaprobación con muecas, pero, lo que realmente me alarmó, fue que, en la mayoría de las ocasiones, los comentarios, sobre este tema en particular, mi feminismo, eran expuestos de forma normal, no se percibía que fueran conscientemente ofensivos, pues puedo asegurar que sus opiniones eran desde su punto de vista con buena intención.
Sin embargo, el problema subyacía precisamente en eso, lo hacían sin darse cuenta, antifeministas dormidos, inconscientes de sus acciones y de sus repercusiones; esto agudizó mis sentidos y se disparó una alarma, algo no estaba bien, yo que inicialmente abracé el feminismo por una convicción pura de que es lo correcto, no había vivido en carne propia más que los desafíos de ser mujer en una sociedad que no ha superado el machismo; pero ahora, la vida me daba un revés y me dejó ver que solo había percibido la punta del iceberg.
Las teorías de la conspiración dicen que el concepto de brujas se encumbró para mantener a las mujeres en la obscuridad, subyugadas, cosificadas como un lindo adorno que arregla y embellece un hogar, algo que se necesita para que los demás estén bien, pero linda, obediente y sin opinión propia; que cuando alguna mujer se desviaba de la norma cultural estandarizada, era una bruja.
A esa desviación, es a la que se refirió Howard Becker en la década de los sesenta cuando señaló: Los grupos sociales crean la desviación estableciendo reglas cuya infracción constituye una desviación, y aplicando estas reglas a personas particulares, que etiquetan como outsiders […] La desviación no es una cualidad de la acción cometida sino la consecuencia de la aplicación —por parte de otros— de reglas y sanciones. El desviado es alguien al que la etiqueta le ha sido puesta con éxito; el comportamiento desviado es el comportamiento etiquetado así por la gente.
Brujas, outsiders, feminazis o feministas radicales, es solo una muestra de lo cruel que puede ser una sociedad que aun piensa que el feminismo no es necesario; hoy más que nunca necesitamos abrazar con todas nuestras fuerzas esta causa que puede salvar a la humanidad o de lo contrario observar indolente como la raza humana se extinguirá sin remedio.
Una sociedad que no valora y no protege a sus niñas, a sus adultas mayores, a sus mujeres está condenada a perecer en la agonía más brutal, aquella en la que no tendrá una hija, una hermana, una mujer o una madre que la traiga de nuevo a la vida.
No más brazos cruzados, basta de indiferencia, abran su mente, protejamos a nuestras niñas y niños, hombres y mujeres por igual, no más delitos de odio, no más violencia de género, no más abusos sexuales, levantemos la voz, ¡NO MÁS FEMINICIDIOS!
Notas Relacionadas
Hace 2 horas
Hace 2 horas
Hace 2 horas
Más sobre esta sección Más en Coahuila