Espectáculos
Por
Redacción
Publicado el domingo, 21 de junio del 2009 a las 14:10
Saltillo, Coah.- Sólo con el saber infinito de unos dedos localizando la forma exacta en un objeto amorfo se pueden moldear los sueños y dar voz a objetos que antes existían en la mudez.
Esta es la labor que Jaime Torres Mendoza se ha propuesto: escapar del mundo por unas horas al día, dejar de lado el comercio, la globalización y las tecnologías cambiantes, para dedicarse a la elaboración y reparación de violines “a mano limpia”, es decir, sin el uso de herramientas sofisticadas.
LABOR DE ARTESANO
Cada violín hecho o reparado por las manos de Jaime Torres es una obra única. Cambian las medidas, el grosor, el tipo de madera, el acabado, los adornos.
Sin afán de encontrarle un cliente a cada uno de ellos, comenta que estos instrumentos “se quedarán esperando a quien esté en concordancia con ellos. Un violín es como una escultura, una mariposa o un animalito, ya que tiene un ‘alma’”, comenta el El ‘alma’, una de las 72 piezas que conforman un violín, es un trozo pequeño de madera, que se coloca entre las dos tapas, misma que da solidez al instrumento y permite comunicar las ondas sonoras a toda la caja de resonancia y, por ello, es una de las piezas favoritas de Torres Mendoza.
EDUCACIÓN EN LAS ARTES
Haciendo una reflexión acerca del músico, y a pesar de su pasión por los violines, Jaime Torres reitera la prioridad del hombre sobre el instrumento, es decir que, “aun cuando un violín no sea de la mejor calidad, podrá tener las mejores notas si está en manos de la persona indicada”.
Agrega que, a diferencia de otros países, en México se demerita la educación en las artes, empezando tardíamente el aprendizaje musical. “En países como Alemania, desde los dos años se empieza a aprender a tocar el violín. La diferencia con México es que a nosotros nos asusta que el niño dañe o estropee el instrumento, mientras que allá le permiten conocerlo como lo hace cualquier niño: tocándolo, agarrándolo erróneamente, golpeando otros objetos”.
Dando paso a la intuición de sus dedos, Jaime Torres se propone terminar un violín por año. Su taller, inundado de una música callada, nos llamará con el sonido de las cuerdas de estos instrumentos. Esperemos concordar con alguna de sus obras, para ser testigos de la vida y voz de uno de sus violines.
maestro.
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