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Hay que cumplir su voluntad

  Por Zócalo

Publicado el domingo, 6 de marzo del 2011 a las 16:00


Cuenta la leyenda que un ermitaño, en oración,oyó claramente la voz de Dios: le invitaba a acudir a un encuentro especial con Él

Monclova, Coah.- Cuenta la leyenda que un ermitaño, en oración, oyó claramente la voz de Dios: le invitaba a acudir a un encuentro especial con Él. La cita era para el atardecer del día siguiente en lo más alto de una montaña lejana.

Temprano se puso en camino; necesitaba todo el día para llegar al monte y subirlo; ante todo, quería llegar puntual a la importante entrevista.

Atravesando un valle se encontró a varios campesinos ocupados en intentar controlar y apagar un incendio declarado en el bosque cercano, y que amenazaba las cosechas y hasta las propias casas de los habitantes. Reclamaron su ayuda porque todos los brazos eran pocos.

El ermitaño sintió la angustia de la situación y el no poder detenerse a ayudarles.

No debía llegar tarde a la cita, y menos aún, faltar a ella. Así que con una oración para que el Señor los socorriera apresuró el paso, ya que había de dar un rodeo a causa del fuego.

Tras difícil subida, llegó a lo alto de la montaña, jadeante por la fatiga y la emoción. El sol comenzaba a ponerse; llegaba puntual, por lo que dio gracias al cielo en su corazón.

Miró en todas las direcciones. El Señor no aparecía por ninguna parte. Por fin descubrió visible sobre una roca algo escrito. Leyó: «Dispénsame; estoy ocupado ayudando a los que apagan el incendio». Entonces el ermitaño comprendió dónde debía encontrarse con Dios. A Dios lo encontramos en el prójimo. Y ante el prójimo podemos adoptar cuatro actitudes: primera actitud, la de ver en Él a un enemigo; segunda actitud, la de ver en Él sólo un objeto en el que puedo encontrar placer u otras ventajas materiales, y si no me sirve para eso lo tiro como se tira un trapo. Y algunos a esto le llaman amor. Tercera actitud, la de verlo con indiferencia, ni para bien ni para mal. Cuarta actitud es la actitud de servicio.

Son los que tienen la actitud de servicio al prójimo y no los que dicen «Señor, Señor» los que entrarán en el reino de los cielos, porque ellos cumplen la voluntad de Dios.

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