Nadie tiene la verdad absoluta, es cierto; pero también es verdad que hay personas mentirosas que se creen lo que dicen y hacen. Como si fuera poco, pretenden que los demás crean las barbaridades que dice.
Justificar lo injustificable ya no es posible. No se puede ni se debe aplaudir a un servidor público que pretende hacer creer que con sus ingresos pueda darse la vida de lujos y derroche de recursos, a los que ni estaba acostumbrado, pero quizás un día soñó con tener.
Como anillo al dedo les queda la frase a esos “nuevos ricos”; “el que nunca ha tenido y llega a tener, loco se quiere volver”. Precisamente, en esa locura en la que se sitúan aquellos que alcanzan el poder, se consideran intocables.
Son personas que sin el cargo que en un momento determinado llegan a ocupar, por dedazo, lambisconería o lo que sea, menos por méritos propios, estarían reducidos al anonimato.
Nadie voltearía a verlos, mucho menos los identificaría como personajes brillantes. Esa gente que hoy colecciona relojes finos, de marca, que se pasea en yates de lujo, que se hospeda en hoteles lo único que hacen es exhibir su mediocridad, su pobreza de espíritu, su falta de valores porque olvidó rápidamente que los cargos son para servir no para servirse de ellos.
Una cosa es el discurso oficial de campaña, presentarse ante un grupo de gente humilde prometiendo luchar por ellos, otra distinta es que cumplan con lo que ofrecen.
¿Pruebas? Qué más pruebas se pueden pedir, si estamos observando en las condiciones en que se encuentra nuestro país.
Un México saqueado, con instituciones que funcionaban, hoy eliminadas. Hablan de corruptelas del pasado ¿cuántos corruptos están en la cárcel? Pero no sólo por ser “adversarios políticos”, sino por delitos cometidos
y comprobados.
Hoy, una mención a cualquier personaje de la política es tomada como una ofensa, pero no se investiga; por el contrario, los “ofendidos” demandan a los ciudadanos y exigen les ofrezcan disculpas públicas; y hasta reparación del “daño”.
¿Más daño que el causado a nuestro México al descapitalizar y destruir nuestras instituciones? ¿Más daño que el entregar parte del territorio a los criminales?
¿Más daño que vivir con el miedo y la zozobra los ciudadanos? ¿miedo de transportistas a ser asaltados en carretera y
no regresar a casa?
Y todo por el poder. Por la ambición desmedida de quienes, resentidos, sobre todo el individuo mentiroso y cobarde que no se atreve a salir de su madriguera, que da órdenes desde el escondite.
El hombre que pregonaba austeridad, que alardeaba de no tener cuentas bancarias, ni tarjeta de crédito.
El mismo que afirmaba traer en su bolsillo un billete de doscientos pesos con él porque era suficiente. El que dijo que nadie debería ganar más que el presidente nos debe muchas explicaciones.
Por ejemplo ¿cuánto costó la construcción o remodelación de su finca? Si los hospitales carecen de medicamentos para atención de los pacientes ¿Por qué razón se construyó uno, bien equipado a unos metros de la finca del expresidente?
A los expresidentes López Obrador les quitó pensión y seguridad ¿Con qué propósito se construyó un Cuartel Militar afuera de su quinta? Si sale ¿Viajará en el Tsuru y sin escolta? ¿Es esa la austeridad republicana que tanto pregonan?
¡Por supuesto que no! Esa queda en el discurso hueco y mentiroso que con frecuencia se repite. Un discurso impregnado de hipocresía y cinismo.
Viajes, lujos, derroche. Muy distante del principio juarista que tanto presumen y del cual se ufanan. La realidad los pone en el escaparate para exhibirlos tal cual son: Mentirosos y abusando del poder.
Todos tenemos derecho a tomar días de descanso. Alejados de la rutina en unas vacaciones en familia. Nadie tiene por qué cuestionar una decisión así, por una razón: Vamos con nuestros propios recursos y a donde decidamos ir.
Sin embargo, que no nos quieran “tomar el pelo” esos servidores, funcionarios públicos, representantes (de nadie) que hoy han decidido adoptar un estilo de vida muy diferente al que –algunos de ellos– se supone habían tenido.
Por ejemplo, departamentos de lujo, adquiridos en “oferta” por funcionarios del Gobierno austero. Con precio original de $30 millones, en la rebajita se logró adquirir en la módica suma de 7 o 9 millones de pesos.
La “austeridad” sigue; hay quien presume colección de carros, de relojes, las señoras, bolsas, alhajas, en fin, pura vanidad, que raya en la estupidez en absurdo
exhibicionismo.
Una agresión más para nuestro México, que hoy vive su peor momento con la inseguridad a la que ha llevado el Gobierno de la mal llamada transformación.
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