Internacional

Publicado el jueves, 6 de agosto del 2015 a las 14:03
Washington, EU.- El bombardero Enola Gay hacía el largo viaje de regreso a su base en una isla del Pacífico, cuando el copiloto, el capitán Robert Lewis, abrió su diario de a bordo y comenzó a escribir furiosamente las muchas preguntas que lo asaltaban.
Lewis se cuestionaba luego de que el plateado bombardero B-29 dejara caer la primera bomba atómica sobre Hiroshima, Japón, y alterara así el curso de la historia.
“¿Cuántos japoneses matamos? (…) Honestamente me cuesta encontrar las palabras para explicar esto. Dios mío, ¿qué hemos hecho?” (…) Después de haber dado un último vistazo a la nube con forma de hongo, me parece que los japoneses se van a rendir antes de que aterricemos en Tinian. Ciertamente no querrán que les lancemos más bombas de energía atómica como ésta”, escribió en la caligrafía cursiva que se usaba entonces.
Pero fueron necesarios 27 días, además de una segunda bomba nuclear en Nagasaki, para que Japón se rindiera y pusiera fin a una guerra que comenzó en 1937 con la invasión a China y que se extendió a toda la región Asia-Pacífico.
El uso de la bomba atómica, que fue concebida con el mayor secretismo, fue inmediatamente aprobado en aquella época. Y 70 años después, la mayoría de la población estadounidense aún piensa que lanzarlas fue una decisión correcta.
El Pew Research Center reveló que al menos 56% de los estadunidenses encuestados el pasado mes de febrero dijo que arrojar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki estaba justificado para evitar la muerte de más soldados en el conflicto desencadenado como parte de la Segunda Guerra Mundial.
“Si no hubiera sido por la bomba atómica, quizas cientos de miles, o incluso millones de soldados americanos habrían muerto durante la invasión a Japón dirigida por Estados Unidos”, señala el documento como una de las opiniones más frecuentes por más de la mitad de la población estadunidense encuestada.
En comparación, la mayoría de los japoneses piensan lo contrario y desde el monumento para la paz exclaman que la devastación que dejó la radiación, tanto en Hiroshima como en Nagasaki, fue totalmente innecesaria.
POLÉMICA EN LA HISTORIA
En el Museo Nacional del Aire y del Espacio, en Washington, las piezas en exposición son descritas con 150 palabras. Entre ellas está el Enola Gay. Es difícil pasar por alto este bombardero en el Centro Udvar-Hazi, donde comparte el hangar con otros aviones como el Air France Concorde, el prototipo original del Boeing 707 y el transbordador espacial Discovery.
El texto en su placa simplemente anota, sin mencionar la muerte y destrucción que causó: “El 6 de agosto de 1945, este B-29-45-MO fabricado por Martin dejó caer en Hiroshima, Japón, la primera bomba atómica utilizada en combate”.
Hace 20 años, cuando estaba siendo restaurado, el Enola Gay se halló en el centro de una polémica entre excombatientes de la Segunda Guerra Mundial y una nueva generación de historiadores que cuestionaban el uso de la bomba atómica.
Los veteranos de guerra y sus partidarios en el Congreso afirmaban que una exposición que conmemoraba el 50 aniversario de la bomba, y en la que el Enola Gay era la atracción principal, mostraba a los combatientes japoneses “más como víctimas que como agresores”, escribía entonces John Correll, de la Asociación de la Fuerza Aérea.
“Un montón de mentiras”, decía también el general Paul Tibbets, comandante del Enola Gay. “Muchos están cuestionándose si era necesario usar las bombas atómicas. A ellos les digo: ¡Basta!”.
Para tratar de complacer a todos, el museo Smithsonian reformuló cinco veces su exposición El Fin de la Segunda Guerra Mundial, la Bomba Atómica y la Guerra Fría. La muestra se abrió finalmente en 1995 y se prolongó dos años, durante los cuales atrajo a cuatro millones de visitantes.
El evento fue reducido a su forma más simple: una exposición de los datos de la misión que no discute ni sus méritos ni sus cuestionamientos morales.
“No celebramos este artefacto. Lo tenemos aquí para mostrarlo. Tratamos de explicar lo más que podemos y permitir que la gente se forme su opinión. Como curador, es lo que puedo hacer”, dijo Jeremy Kenney, curador de los aviones estadounidenses antiguos del Smithsonian, mientras llevaba a los visitantes al nivel de la cabina del Enola Gay.
Lanzamiento cuestionado
Peter Kuznick, director del Instituto de Estudios Nucleares, relató que hay documentos desclasificados, que datan incluso de 1945, en los que puede leerse que muchos altos comandantes estadounidenses consideraban que la bomba era militarmente innecesaria, moralmente condenable, o ambas.
Actualmente, poco menos de 855 mil estadounidenses veteranos de la Segunda Guerra Mundial viven. El reducido número de excombatientes explica la falta de reacciones tras la exposición abierta en el American University Museum de Washington.
Allí se pueden ver 20 artefactos que sobrevivieron a los bombardeos que iban a ser parte de la muestra del Smithsonian de 1995, como un uniforme escolar quemado; un recipiente escolar para la merienda, también carbonizado, y una réplica de un reloj de pulsera detenido a las 8:15.
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