Carbonífera
Por
Fabiola Ferrer
Publicado el domingo, 9 de noviembre del 2025 a las 04:00
Sabinas, Coahuila.- El siete de noviembre de 1907, el maquinista Jesús García Corona, descarriló un tren cargado de dinamita, que se dirigía al pueblo de Nacozari Sonora, perdiendo su vida, para salvar la vida de los lugareños.
Por esta razón en 1944, el presidente de México Manuel Ávila Camacho, decretó el siete de noviembre como el Día Nacional del Ferrocarrilero, para honrar a todos esos guardianes de las vías, que con su arduo trabajo le enseñan al mundo que el ferrocarril no sólo mueve cargas, es inspiración de toda una cultura.
En entrevista exclusiva para Periódico Zócalo, don José Ángel Ovalle Monsiváis, una leyenda viviente de la historia del ferrocarril en Coahuila.
“ Aprendí el oficio de mi padre, José Ovalle Ramírez, el mundo del ferrocarril es algo que corre por mis venas, pues pertenezco orgullosamente a una familia de ferrocarrileros.
Los mejores recuerdos de mi infancia transcurrieron entre vagones.
En la empresa para la que trabajaba mi padre, contrataban maestros que nos enseñaban a leer, escribir y hacer cuentas.
La niñez transcurría en jugar y cursar la primaria dentro de un vagón.
En 1959 empecé a trabajar para un ferrocarril que transportaba oro y plata desde Concepción del Oro Zacatecas, hasta Coahuila.
Hacía un poco de todo, reparar ruedas, reparar vigas, poner rieles, darles mantenimiento a los furgones y lo que hiciera falta.
En 1960 me casé con Herlinda Cepeda Zedillo, mi esposa y el amor de mi vida durante 65 años, más los que Dios nos siga regalando juntos.
Ella me dio lo mejor de mi vida, diez maravillosos hijos, 38 nietos y muchísimos bisnietos.
Sacarlos adelante se lo debo al ferrocarril, que me dio la oportunidad de ofrecerle a mi numerosa familia, educación para defenderse, un techo seguro y un plato calientito en la mesa.
Hubo días muy pesados, recuerdo cuando nos ponían a empujar el armón (vehículo ferroviario, que ayudaba a inspeccionar las vías), sudábamos la gota gorda.
Pero el cansancio no importaba, si se trataba de sostener a la familia.
Mi sueño no cumplido fue ser maquinista, pero la vida me enseñó que hay sueños que se cumplen y otros no, lo importante es soñar, porque eso nos da un objetivo y el objetivo nos da motivación.
Así que, si un consejo les puede dejar este viejo ferrocarrilero a todos los niños y jóvenes, es que estudien y aprendan bien, porque hacer bien un trabajo nos quita el miedo en el viaje de la vida”.
Don José Ángel Ovalle, orgulloso ferrocarrilero.
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