Internacional
Por
Notimex
Publicado el viernes, 30 de enero del 2009 a las 03:44
El Alto, Bolivia.- El presidente boliviano Evo Morales es un ícono, una especie de deidad entre los aymaras de la ciudad de El Alto, y en general para los habitantes de Los Andes, porque a diferencia de otros políticos “él sí cumple” sus promesas.
Carteles con las imágenes de Morales con casco minero, con su habitual chompa negra con una franja multicolor andina o con la banda presidencial cruzada al pecho está en paredes de restaurantes, en el aeropuerto, en las calles y en oficinas.
Lo que pareciera una permanente campaña política del presidente boliviano revela que tiene un excelente equipo de imagen o que él es realmente adorado por los bolivianos de escasos recursos que hasta mediados del siglo pasado no podían ingresar a la Plaza de Armas.
“He visto tantas batallas, tantas luchas y una más que importa. A Bolivia, un país de pocos muertos, hay que defenderla”, aseveró a Notimex Danilo Pérez, un anciano de 87 años, para quien Morales es un símbolo de respeto al indígena.
Orgullosamente aymara, Pérez vive en Villa Dolores, en la ciudad de El Alto, aledaña a La Paz, y está contento porque con Morales cada mes recibe 200 bolivianos (unos 28.5 dólares) del “Bono dignidad” que, aunque es poco, le sirve al menos para comprar pan.
“Se le pueden criticar muchas cosas, pero no se puede decir del presidente que es flojo, mentiroso o ladrón. Para nosotros eso es más que suficiente porque nos inspira confianza”, acotó el anciano boliviano.
La crisis boliviana más parece mediática que real y el debate siempre está presente entre los taxistas, algunos de los cuales están con Morales y otros se quejan del mandatario porque les da “luz verde” a los manifestantes para que realicen sus protestas.
Roberto Cuéllar, un taxista de La Paz, dijo que le importa poco lo que Morales haga y más bien se queja porque cada 15 o 20 días tiene que cambiar parte de los componentes del sistema de frenos de su vehículo porque todas las calles aquí son de subidas y bajadas.
Los recién casados Carla y Manuel, aunque acaban de unir sus vidas por la vía religiosa y civil, confiesan a Notimex que están divididos políticamente, ya que la primera es seguidora de Morales y su pareja detesta el “Evismo”.
Tras salir de una pequeña iglesia se dirigen a un restaurante y desayunan con cerveza mientras otros bolivianos pasean por las calles y les lanzan “vivas”.
Morales aquí es para muchos una especie de “oxígeno”, ese que les falta a los turistas cuando llegan al aeropuerto El Alto, donde hay una sala de “oxígeno-terapia” para poder paliar la puna a cuatro mil 150 metros sobre el nivel del mar.
Morales, quien soporta todo tipo de presiones e intenta tocar el cielo de la popularidad con una serie de medidas consideradas por algunos como populistas, está en el pensamiento y el alma de muchos bolivianos, para bien o para mal.
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