Saltillo, Coah.- La música es un puente entre lo terrenal y lo divino. Todo el universo vibra y todo produce música. Especialmente en estos días, esa conexión se refuerza con los cánticos sacros que se interpretan en las capillas, iglesias y catedrales de todo el mundo. Voces entonadas que se acompañan de instrumentos en canciones como el Stabat Mater.

Y aunque esa pieza es de las más conocidas, la realidad es que hay un sinfín de composiciones dedicadas a Dios y a la vida de Jesucristo. Así lo explica Eliezer Jáuregui, organista y escritor, quien conversó con Zócalo sobre todas esas canciones que enriquecen al cuerpo y dan paz al alma cuando resuenan en la pared de roca de una catedral.

Para él esa comunión que existe entre el arte de la melodía y el espíritu nace en el mismo acto de creación. Según explica “el sentido de la unión entre espiritualidad y canto sacro es algo implícito en este tipo de música. A lo largo de la historia muchos compositores que, sin ser católicos o seguidores de la Iglesia, sus ritos, tradiciones o todo lo que conlleva la vida religiosa, sí dedicaron todo su talento, tiempo y arte a un obra que tuviera que ver con un relato bíblico”.

Jáuregui señala que los relatos que inspiran estas composiciones varían según el inabarcable catálogo de historias que mantiene la Biblia, fuente de inspiración principal para los músicos. Sin embargo es Jesucristo la figura que llena ese mundo de partituras.

El resultado son composiciones que relatan la vida del Mesías. Estas abordan la profecía de su llegada a la Tierra, su nacimiento, ungimiento como rey, su muerte y resurrección. Temas que también han sido captados en otras artes como la pintura. Ya que es la muerte y sacrificio de Jesús, el agua que lava los pecados de los hombres, el fin último de su vida en el mundo.

“Las composiciones de este orden religioso son principalmente de índole vocal, aunque hay excepciones. Aún así, la principal pieza de este género que resume y recorre toda la vida de Jesús es el oratorio El Mesías de (Goerge Frederich) Haendel. Una pieza polifónica y barroca que cuenta toda esa vida. Lo importante de la composición de esta pieza es que también fue una conexión entre el poder creativo de Haendel y su espiritualidad, ya que las personas que lo conocieron hablaban sobre cómo se pasó días encerrados en su casa”, detalló el director de Difusión Cultural de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC).

Conexión

Esa forma de comunión con el espíritu y el mensaje bíblico puede encontrarse en otras piezas musicales como La Pasión Según San Juan y San Mateo, de Johann Sebastian Bach, o los 18 motets de Tomás Luis de Victoria, o Anton Bruckner con sus motets y aves marías.

“Lo sincero de la música es que uno puede escucharla sin saber quizá el idioma en el que se habla, pero que al sentirla siempre habrá algo que nos cimbre el espíritu y el alma, sin importar que uno sea ateo. Esas obras resumen el afán del compositor por sumar su alma y capacidad creativa con el texto y la profundidad divina que en él se haya”, explicó.

“Algo que también me llama mucho la atención y, si bien no es un postulado sí es algo que he observado a lo largo de mi aprendizaje, es que los compositores luteranos a diferencia de los católicos, hacen un énfasis especial en la Resurrección. Esto da paso a un final grande, enorme en estas piezas. Para Bach por ejemplo, eso significa que la muerte es sembrar una semilla al final, en el Gólgota para que, a partir de ahí nazca una nueva vida. Es importante señalar también, que por medio de la música hay una unión entre el alma del hombre con ese dolor que sufrió Jesús, ese es el sentido”, agregó.

Una frase dice que “todo arte imita a Dios”, el poder creativo de la palabra y la música ha estado siempre presente en la religión desde lo primitivo y tribal hasta las occidentales como el cristianismo. Para Eliezer, autor del libro de relatos Fabulaciones del Sonido y uno de los organistas más importantes del norte del país, esa necesidad de crear y tener a la vez una conexión con lo creado es un camino a transitar siempre por el artista.

“La música no dice nada sino que apela a las emociones. Más que buscar algo allá afuera lo hace hacia adentro. Escucharla hace que me conozca más a mí mismo y saber qué tan capaz soy de ir al fondo de esa pieza y, a la vez, ahondar en mi persona, porque como dijo Sócrates ‘debes conocerte a ti mismo para conocer a los otros’. La música siempre moverá algo dentro de todos nosotros, algo que nos ayudará a conectarnos con el otro”, concluyó.

Jáuregui Recomienda:

•Tenebrae
De Tomás Luis de Victoria
• La Pasión Según San Juan
• El Libro de Órgano
• Cristo Yace en los Brazos de la Muerte
De Johan Sebastian Bach
• Misas o Motets
De Anton Bruckner