Saltillo, Coah.- Son más de 40 años desde que don Nino Flores comenzó con la tradición de representar a “Las Chamucas”, y ya son varias generaciones las que han asumido la responsabilidad de representarlas durante la cada vez más popular verbena realizada en la comunidad de El Tunal, en
Arteaga.

Las calles del poblado se ven abarrotadas tanto de locales como foráneos, quienes toman su lugar en las banquetas, en las cajas de las camionetas y hasta en algún banco de plástico de los muchos puestos de gorditas y tacos colocados a lo largo del recorrido de estos pintorescos personajes.
“Nos vestimos pos de ‘vieja’, y bailamos con la gente con tal de que no se termine esta tradición para no se vaya para otro lugar, porque es de nosotros y aquí se va a quedar”, comenta uno de los singulares actores con peluca rosa, boca pintada cual modelo de pasarela y un atuendo que emula a las mujeres locales.

Estas “diablas”, como también les llaman algunas personas, no tienen ningún “empacho” en acercarse al espectador más cercano para darle un fuerte abrazo y hasta un buen beso que se quedará marcado en su mejilla como muestra de su presencia durante el festejo.
Algunos se resisten a sus “encantos”, otros no tanto, pero al final todos acceden a mostrar sus mejores pasos en pareja al estilo norteño por las calles del lugar.

Risa y pólvora

La representación de las “chamucas” recorre las principales calles y plazas de El Tunal mientras en los altavoces colocados en la “troca” que las acompaña, se puede escuchar la lectura de diferentes anécdotas de los lugareños a manera de poemas humorísticos parecidos a las “calaveras” del Día de Muertos, con la finalidad de que la gente se conozca un poco más entre sí.

Al cabo de casi cuatro horas de baile, besos y muchas risas tanto de algunos niños “armados” con latas de espuma como los adultos que los acompañan, se da paso a la quema del “chamuco”, uno de los momentos más esperados por aquellos que siguen desde hace tiempo esta pintoresca tradición.

Un último baile en la plaza central de El Tunal ocurre entre aplausos y la expectativa de la gente que espera el momento en que la pólvora haga lo propio y vuele en pedazos a la figura que representa el “mal”.
Más tarde, con pelucas en mano, los participantes agradecen a la gente y prometen regresar para el siguiente Sábado de Gloria.