Ramos Arizpe.- Varios internos, considerados peligrosos, fueron trasladados del centro penitenciario federal no. 18, ubicado en el ejido Mesillas, a otros penales federales del país, disminuyendo la población penitenciaria al 50 por ciento.

Personal de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado informó que el traslado de los reos se dio de manera reservada y custodiados por elementos de las policías estatales y federales.

Desde el comienzo de las operaciones del Cefereso número 18 comenzó el traslado de reos de otros penales para internarlos en dicho centro penitenciario.

A mediados de febrero y principios de marzo se registraron varios traslados de grandes grupos de internos al penal de Mesillas, el más grande fue el de poco más de 500 delincuentes y criminales que purgaban penas en el penal de las Islas Marías.

Para finales de marzo, el Cefereso de Mesillas se encontraba a 80% de su capacidad de internamiento, con poco más de mil 900 reos; actualmente este porcentaje se redujo a 50% de ocupación.

Del paraíso tropical al infierno del desierto

Un “cálido” recibimiento a punta de golpes, patadas y amenazas verbales por parte de costodios e internos, habrían tenido los 584 presos que en marzo pasado arribaron procedentes de las Islas Marías al Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) 18 en la localidad de Mesillas, municipio de Ramos Arizpe, Coahuila.

“¿De qué color es el diablo? –nos preguntaban–. Y nosotros teníamos que responder: azul o negro, que son los colores de sus uniformes… Siempre te están grite, grite y grite. Te golpean, te maltratan, te quieren meter miedo”, comentó uno de los afectados.

De acuerdo con un reportaje efectuado por la revista Proceso, familiares de los recién llegados preparan una denuncia por tortura ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), al detallar el trato brutal hacia los reos procedentes de las Islas Marías. Según la información difundida, habrían estado incomunicados durante dos semanas.

Incluso el día del traslado la temperatura en la cárcel era de 16 grados Celsius, y así se mantuvo al menos durante una semana, lo que afectó a los recién llegados, quienes venían de un clima tropical.

'Círculo de Dante'

“Vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza”, fue lo que un guardia les recitó a los internos que recién llegaban, platica uno de los reos de las Islas Marías que compurgó su condena en el Cefereso 18 y recuperó su libertad hace varias semanas.

Según la misma publicación en la que mencionan al sacerdote norteamericano Robert Coogan, quien dirige la Pastoral Penitenciaria, este explicó que se trata de una letanía que hace recordar la advertencia del tercer canto de La Divina Comedia de Dante Alighiere, cuando los condenados entran al infierno.

Fue el mismo Coogan quien a través de su cuenta de Facebook, se desmarcó de las declaraciones y menciones en el texto de Proceso, no así de lo señalado por el exinterno de Mesillas, con quien habría sostenido la entrevista con el reportero de aquella casa editorial y a la que el sacerdote no estuvo presente.

Entre las vejaciones a los internos de Islas Marías, les cortaron el cabello y durante los primeros 15 días los bañaron con agua helada, y no fue sino hasta la tercera semana que tuvieron acceso al agua tibia, ofreció como testimonio el exprisionero, cuyo nombre se reserva por razones de seguridad.

Comentó también que en el Cefereso a los internos no les falta el agua, aunque es insuficiente, ya que su dotación es de 20 litros por día, el equivalente a dos cubetas. Y, a diferencia de las Islas, en el penal federal de Mesillas no están concentrados en celdas sino en estancias, unos cuartos de 16 metros cuadrados que incluyen una mesita, dos literas, dos bancas, un espejo con marco de acero, lavabo y excusado.

Según el informante, a cada interno le entregan un kit al asignársele su estancia que incluye un colchón, dos uniformes caqui, un par de zapatos con suela gruesa sin agujetas –“para que no te ahorques”–, así como tenis con velcro (cinta adherente).

Más temores

Los módulos son largos, rectangulares, con dos pisos cada uno, de los cuales cuenta con cinco estancias de cada lado.

En medio hay un patio, flanqueado por las altas paredes grises de los módulos que impiden ver hacia el exterior. Y, solo cuando los custodios lo permiten, pueden observar el cielo azul del desierto, pues cuando salen de sus estancias deben caminar con la barbilla pegada al pecho, mirando hacia abajo.

Las visitas son los sábados, día en que los trabajadores sociales del Cefereso 18 distribuyen los horarios: uno por la mañana y otro por la tarde, según lo soliciten los propios internos.

“Todo el tiempo nos maltrataban; siempre estaban gritándonos e insultándonos. Nos trataban como animalitos. Los golpes no deben de ser; somos seres humanos”, manifestó.

También contó que los custodios decían que había que “bajarles lo alzadito” a los “colonos” de las Islas Marías.

Según él, se temía que las vejaciones se incrementaran con la llegada de otros convictos pertenecientes a los Zetas y al cártel del Golfo que purgaban sus condenas en cárceles de Nuevo León.

La madrugada del 27 de marzo, 461 reos llegaron al penal de Mesillas procedentes de cárceles de Cadereyta, Apodaca y Topo Chico. Entre ellos varios que lideraban los autogobiernos sobre todo en Topo Chico, uno de los centros penitenciaros con mayor índice de violencia al interior del país.

De acuerdo con versiones recientes, los prisioneros considerados de “alta peligrosidad” ya fueron devueltos a las cárceles de Nuevo León.

En la nada

Debido al aislamiento del Cefereso 18, los empleados –y por ende los presos– carecen incluso de los servicios básicos de salud.

“Están en medio del desierto y no tienen acceso a una Coca Cola. Una verdadera tragedia”, exclamó el expresidiario.

Y es que los antiguos presos de las Islas Marías, los “colonos”, quienes purgaban sus condenas acompañados por sus familias, cultivaban la tierra y diseñaban objetos artesanales, ropa, y ahora, viven hacinados en un penal enclavado en pleno desierto, a 80 kilómetros de la capital coahuilense.

Para llegar al Cefereso 18 desde Saltillo se deben recorrer 35 kilómetros de la carretera a Monterrey hasta la bifurcación que conduce a Monclova; de ahí se deben cubrir otros 27 kilómetros de desierto rodeado de cerros con tonos ocres y cafés y algunas cactáceas, magueyes y huizaches; la tierra de la zona está erosionada por la falta de lluvia.

En tramo final es una sinuosa carretera de 17 kilómetros que se construyó expresamente para llegar al penal federal de Mesillas.

Quienes no tienen vehículo, como sucede con los familiares de los presos procedentes de las Islas Marías, deben recurrir a un camión que sale de Saltillo por la mañana hacia el Cefereso 18 y cobra 400 pesos por viaje redondo con retorno por la tarde.

La pastoral penitenciaria que asesora a las familias de los internos del penal federal de Mesillas –indica Proceso– en apoyo a familiares de varios presos procedentes de las Islas Marías ya preparan las denuncias por tortura ante la CNDH.

Francisco Garduño Yáñez, comisionado del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social (Oadprs), informó el 22 de marzo que los 584 internos de las Islas Marías fueron concentrados originalmente en el Cefereso 18, pero luego fueron distribuidos en reclusorios federales y locales en sus entidades de origen o en los que ellos mismos escogieron. (Con información de la revista Proceso)