Saltillo, Coah.- Hace unas semanas el artista visual Adair Vigil fue invitado por Jaime Ruiz, trabajador de Procesos Educativos del Museo de Arte Contemporáneo Rufino Tamayo, a participar en una residencia en la que tenía que sumergirse en el Centro de Documentación (Cendoc) y, a partir de ahí, “rastrear documentos y generar memoria viva desde estos archivos”.

Esa investigación dio como resultado una carpeta de diseños de 15 artistas cuyas obras existían ocultas en el Cendoc. Algunos de los creadores cuya obra se convirtió en gráfica sonRufino Tamayo, Pablo Picasso, Gabriel Orozco, Pin Camil, Yoko Ono, George Brecht entre otros. La segunda parte de la residencia consistió en plasmar esos dibujos sobre la piel del público en una sesión de tatuaje. Evento que tuvo una réplica la tarde de ayer en el Museo de Artes Gráficas.

Bajo el nombre de Divulgación Extrapolada, el evento busca un diálogo entre el lápiz y la aguja. Esto con la ayuda del tatuador Nazas, quien en compañía de Vigil iniciaron su labor de gráfica, tinta y dolor.

“Fue una investigación en dos partes: la primera fue sumergirme sin lubricante y al azar en los archivos. Mirar qué encontraba. La elección de los diseños sí tenía unas líneas muy marcadas, que a final de cuentas y como en todo, se fueron perdiendo. Estas eran: al menos un diseño de Tamayo, otros de artistas del museo y otros que fueran del norte del país. Estas cambiaron para encontrar obras que fueran más susceptibles de traducirse a gráfica”, comentó Vigil a Zócalo.

Amplitud

Divulgación Extrapolada es un diálogo entre la gráfica expandida y la memoria y el cuerpo, pues como apuntó el artista en una entrevista pasada, esto es “darle vida a un medio gráfico más allá de los soportes tradicionales, como el papel o la placa del grabado. Pero sobre todo es esa búsqueda de la memoria a través de archivos. Documentarse y cuestionar si están en vida, muerte o en pausa”.

En la Flash Tamayo, nombre del evento realizado en el museo capitalino, Vigil trabajó al lado de los tatuadores María Ladrones y Dash. Esto propició un intercambio de ideas y un diálogo entre las disciplinas en las que los creadores se mueven, el cual resultó muy liberador para el saltillense.

“Todos estuvimos dispuestos a colaborar y a intercambiar consejos, pláticas e ideas que tenían que ver más con el oficio del tatuaje pero que igual enriquece la visión que tengo sobre este trabajo”.

A Jaime Ruiz se le ocurrió la idea del Flash Tamayo, después de ver la Black Bone Flash Night Tattoo que organizó el año pasado el Estudio Lomelí (centro cultural de Vigil, Ramiro Rivera y Vinicio Fabila). En esa ocasión ellos invitaron a diversos artistas locales como Ana Ramírez, Daniel Alcalá, Karla Rangel y Federico Jordán, entre otros, a realizar diseños para ser tatuados.

Al ver el recibimiento de la gente y la aceptación del proyecto, este busca replicarse nuevamente en el Museo Rufino Tamayo con otros artistas y tatuadores, pero también en otras ciudades, como Tijuana, con Vinicio Fabila.

“Hubo muchas sesiones en donde lo más chido era saber por qué querían ciertas piezas en la piel, desde los sentimientos de soledad que tienen algunas piezas o la simple admiración hacia el artista que la creó. Lo padre fue la convivencia con estas personas”, concluyó el saltillense.



Más valor

El tatuador que acompañó a Vigil en Divulgación Expandida fue Nazas, del estudio Taxco Tattoo. Para él, la relación que existe entre el tatuaje y la sociedad es cada vez mayor. Y pone por ejemplo, el trabajo que ha realizado en el Festival de la Palabra, que consiste en plasmar frases de libros sobre la piel.

“Para mí es algo maravilloso que se le dé un puesto visible al tatuaje. Creo que cuando empecé aún era mal visto andar rayado, pero ahora el que la Secretaría de Cultura te invite a participar en esto es muy bueno.

“La piel es un lienzo y el tatuaje es una técnica que se valora cada vez más como algo artístico. Aunque aún hay división, es algo que se está eliminando porque el tatuaje tiene una motivación estética y bella. Eso es lo que más me gusta”, concluyó Nazas.