Saltillo, Coah.- El verano está por terminar y ya se siente el frío. El adiós al amor y la juventud que van de la mano. La despedida de esos recuerdos de felicidad, a los colores radiantes. Y solo queda el sonido de una voz, indescifrable y distinta a las demás. Esto es lo que trata Amor de Verano, la exposición con la que Casa República celebró el tercer aniversario de Galería Blanco.

La exhibición explora la alegría y los tonos fuertes en Balneario, de Liliette Jamieson, que se contraponen al negro, blanco y dorado que permean en Ear Worm, de Adair Vigil.

Vibran colores
Las piezas de Jamieson son una visión del sentimiento de la felicidad y la alegría a través del filtro de ocho filósofos que van de Platón a Zizek, según explicó la autora, Balneario “es una sola pieza dividida en varias. No es una búsqueda sobre qué es la felicidad, sino un ver cómo se obtiene esta. Yo no quería responder la pregunta, sino cuestionármela desde mi perspectiva. Y para mí es ir a la playa, conversar con amigos y beber algunos tragos”.

En Balneario domina el color: un cielo rosa que refleja el azul del agua en una piscina, elemento vital para el juego intertextual que propone la pintora, pues hay un diálogo con el concepto del amor líquido, presentado por el sociólogo Zygmunt Bauman.

En ellas el espectador puede observar a personajes que se relajan al calor de la tarde, y están acompañados de elementos que arropan a quien la mire en una atmósfera de fiesta y diversión.

Los elementos que existen dentro de esas pinturas son tomados de los recuerdos y vivencias de Jamieson: piscinas saltillenses y plantas desérticas y selváticas; mosaicos que ha robado en diversos sitios se compaginan para llegar a una pequeña escultura que muestra a una mujer lista para lanzarse al agua: un bote de pintura que la espera en el suelo.

“Creo que la serie también es hablar sobre cómo uno se avienta a estas contemplaciones de lo que es la felicidad, porque la vida se arriesga para disfrutarla, creo yo. También pienso que la memoria se recuerda a blanco y negro, pero nuestras vivencias siempre han sido muy coloridas; lo que más te estremece es un atardecer, o los siete colores que pueden mirarse en el mar. Para mí el uso de los colores aquí tiene que ver con el deseo de que el espectador entre a estas pinturas, ser un punch de color y energía”, apuntó.

Ruido visual
La exploración visual de Vigil, en cambio, tiene que ver con el concepto del amor romántico que ha permeado en la sociedad a través de los productos culturales, especialmente la música.

Ear Worm es una traslación del ruido a lo visual, por medio de grafías que pierden sentido hasta que el observador las mira a través de un espejo.

“Estos experimentos tratan de hacer un análisis de la música comercial, ya que esta tiene una fórmula para entender el amor en único concepto: el romántico. Estas canciones me dieron una visión un tanto cerrada sobre cómo entender las relaciones, así que estos ejercicios nacen como una forma para dislocar ese concepto en mí”, comentó.

Las piezas del saltillense dibujan letras de canciones conocidas por todos y que se relacionan con el amor. Las grafías se reproducen una y otra y otra vez hasta que pierden sentido, ahí es donde está el ruido que mueve el discurso de Ear Worm.

Vigil también apuntó que este ejercicio es personal, ya que “el trabajo de un artista no es ser un mesías que muestre un camino que todos tienen que seguir, una forma de pensar.

Para mí esa idea del amor romántico me marcó y quizá me dañó de alguna forma, pero quizá como comunicador visual algo pueda hacer eco en las personas. No busco hacer una conciencia sobre eso, porque esa fórmula les funciona a ellos”, concluyó.