España.- Con el festival del Palacio Vistalegre en el horizonte y muy en el aire [finalmente se celebrará en Aranda de Duero como lugar de celebración, de lo que nos enteramos mientras rematamos este texto], llamamos a Juan José Padilla, el torero que no solo ha lidiado con todo tipo de encastes sino el más castigado por los toros, a los que no guarda ningún rencor. Todo lo contrario: siempre serán su vida. Una vida que debe a Dios (es un hombre de elevada fe), a su propia entereza de héroe y los médicos: "Ellos me la han salvado".

"¿Le han llamado para torear el festival por los cirujanos taurinos en Vistalegre?", preguntamos. "No sabía nada, nadie me ha dicho. Pero si hay algún problema, ahí estoy yo. Estoy dispuesto a torearlo". Y cita una interminable lista de los ángeles de la guarda que han sanado sus heridas de guerra, desde Carlos Val-Carreres, en la Zaragoza donde perdió un ojo y arrancó una leyenda de superación y gloria, a Héctor Ortiz, que curó aquella brutal cornada en el cuello en Pamplona, su plaza por los siglos de los siglos. Sin olvidar, entre otros tantos, los nombres de Máximo García-Padrós o Pascual González Masagosa, alma del festival que se anunció antes de Navidad. Y no solo taurinos: en el cuadro de honor de sus ángeles de la guarda figura Alberto García-Perla, el doctor que vigila su evolución desde aquel percance en la Feria del Pilar. Padilla convive desde entonces con los vértigos, que van remitiendo gracias a la sabia ciencia, y tendrá próximamente una nueva intervención de simetría en los párpados.

Desde su retirada, Padilla, un héroe cosido a cornadas, con litros de sangre derramada y el olor a cloroformo como perfume de tantos sufrimientos y glorias, no ha vuelto a torear "ni una becerra". Y no será por falta de invitaciones a ganaderías. Le han tentado con posibles apoderamientos y también con torear algunos festivales. De momento, ha dicho "no".

El llamado cariñosamente "Pirata", con su pañuelo bucanero y parche en el ojo, no conocía de la existencia del festival a beneficio de la cirugía taurina y, al referirnos a ellos, el propio matador, siempre solidario, se ofrece por sí mismo y está dispuesto a "reaparecer" por un día: "Si hay problemas, en Vistalegre estoy yo, que cuenten conmigo si lo necesitan. A los médicos les debo mi vida, son mis salvadores". Y añade: "El traje corto me sirve, y el de luces también. Me mantengo..." Siempre en torero para ofrecer su vida por quienes la resucitaron.

Una vez colgado el teléfono con el maestro jerezano y mientras escribimos este texto, una llamada, cosas del destino o no se sabe qué, nos habla del festival y nos dice que, después de varias negativas y no formar un cartel de la categoría esperada en Carabanchel (se anunció su celebración para el 22 de febrero antes de hablar con las figuras), se llevará a cabo -si nada lo impide- en Aranda de Duero (Burgos) el próximo 29 de febrero en lugar de en la antigua Chata.

Según ha podido saber ABC, entre los motivos de la no celebración en Vistalegre son la no disponibilidad de la fecha del 22 de febrero de varias figuras que sí tienen previsto actuar en Aranda (¿estará Morante?) y los costes de apertura del coso carabanchelero, que, por "h" o por "b", esta temporada se quedará sin toros. Una pena.