Nueva Rosita, Coah.- El cierre de escuelas, el desempleo y la crisis económica que se acentuó con la pandemia del Covid-19, ha obligado a que niñas, niños y adolescentes salgan a las calles a trabajar; como es el caso del pequeño Enrique, quien con apenas 9 años aprovecha el confinamiento de la gente que estaciona sus vehículos en la zona centro de la ciudad y les limpia los vidrios para ganarse unas monedas.

En dos meses de pandemia, bastó para que en la Región Carbonífera se perdieran mil 700 empleos formales, según los convenios celebrados ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje en esta zona del estado, es la pérdida de estos puestos de trabajo lo que afecta directa e indirectamente a infantes y adolescentes.

Por un lado, con el cierre de escuelas para cumplir con la sana distancia, muchos pequeños están sufriendo de crisis alimentaria, pues recibían desayunos en sus centros educativos y aunque existe el apoyo de los diferentes niveles de gobierno, claro está que la necesidad rebasa todo.

Mientras que su única preocupación debería ser aprender lo que le está enseñando en línea su profesor, “Kike”, como ya lo identifica la gente, esta solo es una de muchas, porque tampoco tiene fácil acceso a las redes sociales y la tecnología de los dispositivos.

La mejor manera de aprovechar el tiempo para él, es salir desde las 9 de la mañana de la casa de sus tíos con quien vive, para dirigirse al mercado, “Juan H. García” en el centro de Nueva Rosita y empezar su labor de limpia vidrios.

Con temperaturas que rebasan los 40 grados en el cofre del vehículo, el pequeño con apenas un metro 20 centímetros de estatura, aproveche su delgadez para subirse velozmente al neumático y recargarse sobre la lámina para iniciar la obra cuando aún ni se baja el conductor, resultando imposible ayudar a quien le pone empeño a la vida por el mejor camino.

Una botella pequeña con agua, otra con jabón y un rastrillo de goma deteriorado por el uso, es su única herramienta de trabajo, sin dejar de lado el cubrebocas, tan solo porque todo mundo lo trae y asegura que él debe portarlo.

Al ser cuestionado sobre el coronavirus, con cierta timidez dijo que solo sabe que es una enfermedad que ya no le permitió ir a la escuela y que debe usar cubrebocas todo el tiempo para evitar contagiarse, pero también necesita dinero para que todo sea como antes de la pandemia y pensó en que la mejor forma de obtenerlo era limpiando los vidrios de los coches durante medio día.

Cinco, diez y hasta cien pesos le dieron ayer viernes al pequeño emprendedor, que aunque por una parte es un claro ejemplo de audacia, supervivencia y honradez, también pudiera ser objeto de explotación infantil y peor aún, de privarse un futuro al dejar sus estudios a la deriva.

Claro está que ante cualquier situación de crisis, los niños son los más vulnerables y sufren de manera desproporcionada, esta pandemia no es una excepción y es responsabilidad de todos evitar algún posible daño, salvar las vidas y proteger la salud de cada niño.

Los padres de familia se están quedando sin empleo y sobre todo sin la posibilidad de darles sustento a sus hijos, por lo que muchos menores están saliendo a buscar ganarse unos centavos, poniendo en riesgo en muchos ámbitos, el primero la situación de salud y después un interrupción de la niñez y adolescencia que los puede dejar marcados permanentemente.