Hace unos días, la Cámara de Representantes de Estados Unidos, algo similar a la Cámara de Diputados aquí en México, aprobó cobrar un impuesto de 3.5% a las remesas que se envían desde ese país al nuestro.
Es necesario realizar algunas aclaraciones antes de comentar sobre los impactos que este nuevo impuesto tendrá en la economía mexicana. Este impuesto que se les cobrará a los mexicanos que envíen dinero a sus familiares de este lado de la frontera, ya sea por medio de transferencias bancarias, empresas especializadas como Western Union o por medio de plataformas digitales, sólo se les aplicará a quienes se encuentren de manera ilegal trabajando en EU.
Muchas voces han señalado que este impuesto es ilegal, sin embargo, debemos de reconocer que con esta política fiscal el Gobierno de Trump logra dar un golpe de dos bandas: por un lado, busca que la cantidad de trabajadores indocumentados se reduzca, y, por otro lado, logrará recaudar la cantidad de 750 mil millones.
En 2024 se estimaba que en la economía norteamericana trabajaban 7 millones 549 mil 836 mexicanos, de los cuales, uno de cada tres, es decir, 33%, labora de manera ilegal, o sea, 2 millones 516 mil 612 connacionales. Si en ese mismo año las remesas que los trabajadores, legales e ilegales, enviaron a México fueron por un monto total de casi 65 mil millones de dólares, podríamos calcular que 21 mil 500 millones de dólares fueron enviados por trabajadores ilegales. Sobre este monto se aplicaría el impuesto de 3.5%, es decir, 750 mil millones ya no llegarán a nuestro país, se quedarán en EU.
Para dimensionar el efecto que esto tendrá en la economía mexicana, basta señalar que el monto total de las remeses durante 2024 equivalieron a 3.5%, vaya casualidad, del PIB mexicano, y que el ingreso de divisas a México vía los trabajadores connacionales en Estados Unidos es 3.5 –otra casualidad– veces que lo que ingresó por medio de la venta del petróleo al extranjero.
El gravámen a las remesas llega en un momento complicado para la economía mexicana, pues estamos en recesión y desde hace algunos años han sido un detonante muy importante para nuestra economía. No sería extraño que el consumo aún bajara un poco más, sobre todo en estados como Zacatecas, Michoacán, Guanajuato, Veracruz, Estado de México, Guerrero, Chiapas y Oaxaca.
Mientras en nuestro país no ofrezcamos suficientes empleos con mejores salarios, nuestra economía y muchas familias seguirán dependiendo del mercado norteamericano.
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