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Notimex
Publicado el miércoles, 17 de noviembre del 2010 a las 02:11
México.- El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) confirmó hoy la inclusión de tres tradiciones mexicanas en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco, y expresó su beneplácito por lo que considera la culminación de un largo proceso de gestión y evaluación a su cargo.
Francisco López, director de Patrimonio Mundial del Instituto, informó desde Nairobi, Kenia, donde sesiona el Comité Intergubernamental para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial del citado organismo internacional, que se trata de las manifestaciones culturales La pirekua, canto tradicional de los purépechas (Michoacán).
Además de la de Los parachicos en la fiesta de enero de Chiapa de Corzo (Chiapas) y La cocina tradicional mexicana: cultura comunitaria, ancestral, popular y vigente. El paradigma de Michoacán.
Con esta inclusión, destacó en un comunicado, México suma ya cinco las inscripciones en el rubro y con ello culmina un largo proceso de gestión y evaluación encabezado por el INAH-Conaculta desde agosto de 2009 y que implicó su revisión exhaustiva por expertos de Estonia, Corea, Kenia, Emiratos Árabes Unidos y Turquía.
Por su parte, el director general del INAH, Alfonso de Maria y Campos, se congratuló por estas declaratorias y reconoció el esfuerzo de todas las áreas del Instituto, y de otras organizaciones y dependencias que participaron en la integración de los expedientes y en llevar a feliz término la inclusión de estas tradiciones mexicanas en la Lista de Patrimonio Cultural Inmaterial.
La formulación del expediente de Los parachicos comenzó en marzo de 2009 y se prolongó por seis meses, además se contó con la participación de la comunidad para trazar conjuntamente el Plan de Salvaguardia que debe acompañar dicho expediente.
Para la integración del documento de La pirekua se tuvo la colaboración de la Dirección General de Culturas Populares del Consejo Nacional para la cultura y las Artes (Conaculta), así como diversas reuniones con el gobierno de Michoacán y alrededor de 120 comunidades donde la expresión cobra mayor fuerza.
La pirekua es el canto tradicional purépecha interpretado por los pireris en la meseta tarasca, la zona lacustre y la Cañada de los Once Pueblos de Michoacán; se interpreta tanto en la lengua indígena como en español, y es resultado del sincretismo de elementos de origen prehispánico —entre ellos la propia lengua tarasca— y colonial.
Sobre todo en cuanto a la instrumentación y a la enorme tradición polifónica que llevó Tata Vasco a territorio michoacano en el periodo novohispano.
La expresión musical transmitida de generación en generación, tal y como la conocemos, con base en partituras y formas musicales del son y el abajeño, se originó a mediados del siglo XIX.
Hoy en día es un canto vivo que lo mismo se interpreta en casas que en eventos de la comunidad como el Concurso Artístico de la Raza Purépecha que se realiza desde los años 70.
Por su parte, Los parachicos son la principal festividad de Chiapa de Corzo, Chiapas, misma que se desarrolla cada año del 4 al 23 de enero en la llamada Fiesta Grande, en la que se calcula la participación de unos seis mil danzantes, entre “parachicos” y “chuntas”, quienes salen a las calles de esta localidad chiapaneca para dar continuidad a una tradición de casi tres siglos.
Esta festividad es todo un complejo ceremonial, pues si bien los “parachicos” son los personajes más visibles, entre los grupos o individuos que participan, también se hallan los priostes (padrinos) de San Sebastián y de San Antonio Abad (el Nuevo y el Consagrado).
También participan los encargados de ermitas, el patronato de la fiesta de San Sebastián, artesanos talladores de madera, comideras, bordadoras, laqueadores, coheteros y músicos.
Los “parachicos” resumen importantes aspectos de la vida cultural de Chiapa de Corzo; la música autóctona de tambor y pito, la danza, el rezo, la vestimenta, el recorrido, las imágenes, las técnicas artesanales de la laca y de las máscaras, los santos y la comida tradicional son elementos esenciales del patrimonio cultural inmaterial de la población.
En lo que respecta a La cocina tradicional mexicana, ésta se planteó como una manifestación cultural viva, entre cuyos méritos destacan su antigüedad, su continuidad histórica, así como la originalidad de sus productos, técnicas y procedimientos.
Y es que, en efecto, en su raíz más ancestral, la comida que hoy se sigue comiendo en México en lo esencial no difiere de la que se comía en el pasado remoto, debido a que la base constituida por el maíz, el frijol y el chile siguen teniendo total vigencia, conformando entre sí un sistema alimentario.
Para la propuesta, se tomó a la michoacana como ejemplo representativo de la cocina mexicana, ya que abarca gran parte de los ingredientes, incluidos los tres básicos antes referidos.
Otro factor que confiere carácter único a la cocina mexicana es que ésta nunca se ha disociado del contexto cultural en que florece, y continúa tenazmente ligada tanto al modo de ver el mundo como a las costumbres, ceremonias y ritos que acompañan al individuo y a la comunidad desde el nacimiento hasta la muerte.
No es exagerado decir que la comida representa el elemento identitario que, por encima de cualquier otro, une a los mexicanos dentro de la gran diversidad cultural del territorio nacional.
El año pasado, México logró la inscripción en la Lista de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de las capillas familiares y tradiciones vivas de los pueblos otomí-chichimecas de Tolimán, en Querétaro, y la ceremonia ritual de los Voladores, de Papantla, Veracruz.
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