Internacional
Publicado el sábado, 21 de febrero del 2026 a las 11:59
Londres, Reino Unido.- Una parte significativa de la opinión pública británica percibe una actitud demasiado cautelosa por parte del Rey Carlos III hacia su hermano, el Príncipe Andrés, tras el escándalo por su asociación con el financiero Jeffrey Epstein y el acuerdo extrajudicial en una demanda por agresión sexual.
Analistas y ciudadanos cuestionan la falta de una sanción o distanciamiento más contundente por parte del monarca, quien asumió el trono prometiendo modernizar la institución.
Un reinado bajo la sombra del escándalo
Desde su ascenso al trono, Carlos III ha buscado proyectar una imagen de monarquía renovada y cercana. Sin embargo, el caso del Duque de York sigue siendo una espina. A pesar de haber sido despojado de sus patrocinios reales y su uso del título de “Alteza Real” en 2022, Andrés conserva su rango militar de vicealmirante y no ha enfrentado consecuencias formales dentro de la familia real más allá de su alejamiento de la vida pública.
“El Rey se encuentra en una posición imposible. Por un lado está la institución que debe proteger, y por el otro, el vínculo familiar. Pero la percepción de tibieza puede costarle capital público”, señaló Penny Junor, biógrafa real.
¿Qué pide la opinión pública?
Según sondeos recientes y el tono de la prensa, existe una expectativa clara para que la Corona actúe con mayor firmeza.
Las demandas principales incluyen:
*La pérdida permanente de todos los títulos y rangos militares de Andrés.
*Una declaración pública más clara del Palacio que condene los hechos que rodearon el caso.
*Un distanciamiento institucional definitivo, que impida cualquier futuro retorno a deberes oficiales.
*La permanencia de Andrés en el Castillo Real de Windsor y su aparición esporádica en eventos familiares son vistas como señales de que goza de un amparo que contradice la “cero tolerancia” que la monarquía dice profesar.
El delicado equilibrio entre familia y deber
Expertos constitucionales explican que el Rey no tiene un mecanismo formal para “desheredar” o juzgar a un miembro de la familia. Su autoridad es moral. Sin embargo, precisamente esa autoridad moral es la que está en entredicho. Cada gesto de contención es interpretado como complicidad o debilidad por una ciudadanía cada vez más exigente con la transparencia de sus instituciones.
El caso del Príncipe Andrés se ha convertido en la primera gran prueba de liderazgo y comunicación de crisis para Carlos III. La manera en que resuelva este asunto definirá no solo su reinado, sino también la capacidad de la monarquía británica para adaptarse a los estándares éticos del siglo XXI.
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