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¡Late el corazón de una ciudad! Inolvidable noche saltillense

  Por Nahomi Jaramillo

Publicado el lunes, 25 de mayo del 2026 a las 04:15


En medio de una experiencia increíble y única para el deporte de la ciudad, los aficionados crearon una atmósfera incomparable

Saltillo, Coah.- El calor en Saltillo subió a un punto en que la capital coahuilense explotó en ebullición por una afición enardecida por su equipo, por unos fanáticos que se abocaron a apoyar a un equipo local que buscaba insaciablemente una corona, la que se negó durante años y que, por primera vez, la sentían cerca.

Los alrededores del estadio Olímpico eran una verdadera fiesta, había enormes filas para ingresar, nadie quería perderse esta histórica actuación de la manada saltillense, la que, con orgullo, llegó a su primera Final en la Liga TDP.

A pesar de que el sol pegaba a plomo y el sudor deshidrataba los cuerpos, en ningún momento los aficionados pensaron en irse, así estuvieran durante más de una hora aguardando a que las puertas del recinto se abrieran.

 

Llegaron al templo

A penas quitaron los candados del Olímpico y el mar de gente entró a tomar su lugar portando una playera azul, con los míticos jerseys de temporadas de atrás, aquellas de más de unas décadas guardadas esperando este momento, porque para muchos este era un sueño por cumplirse.

Los cánticos, los gritos y la incertidumbre en los rostros se notaban a kilómetros. El ruido era ensordecedor en la casa de los Coyotes, el equipo del pueblo, el que defendió a una ciudad ávida por un conjunto que la represente dignamente y la SS era justamente ese cuadro que le daría la satisfacción de ver cómo se alzaba un centro en casa y ante miles de fanáticos.

 

Los saltillenses respondieron al llamado del Coyote

 

¡Fiesta saltillense!

Con los tambores retumbando cada fibra, La Revuelta no se quedó atrás, le puso color y calor, puso el ritmo y a todos bailar, antes, durante y después del encuentro.

Niños, jóvenes y adultos disfrutaban por igual, aunque en el fondo sabían que la batalla en el campo no sería fácil, sin embargo, ellos llegaron a apoyar en las buenas y las malas, con la firme convicción de ver que el coyote aullara.

El sonido local pedía ruido, más apoyo mientras los jugadores calentaban. En las gradas, las familias de los elementos caninos les echaban una bendición, un grito de alentador y un “no te rindas”.

 

 

Todos a la expectativa

Al momento del pitazo inicial la guarida del coyote se convirtió en un manicomio, en una locura en todo su esplendor, convirtiendo las sonrisas en ansias, en nervios porque esta batalla apenas arrancaba.

Llegaron los goles, uno a uno el aullido en las tribunas se conjugó con el de los jugadores, con esos guerreros que se la estaban partiendo en la cancha, que dejaban el alma en cada jugada, en cada balón dividido, en cada aliento y esfuerzo.

El rival también hizo lo suyo, clavaron también la pelota, pero nunca callaron a los asistentes, al contrario, los motivó a seguir gritando, a seguir con ese apoyo incondicional, porque al juego le faltaba mucha cuerda.

 

 

Saltillo de mi corazón

Y fue entonces que otra vez el conjunto de casa respondió, metió los goles necesarios a pesar de que el rival se fue con todo y también se esforzaba por levantar la corona, pero aquí el orgullo de los saltillenses era más fuerte que los pelotazos de la Tribu.

Los minutos se hicieron más pesados, más largos, parecía que cada minuto tenía 200 segundos y que nunca llegaría el pitazo final.

El asedio del rival fue notorio, pero ni así las banderas dejaron de ondear. Aún con las garganta secas y adoloridas los presentes desde las gradas no callaron, no desistieron, en ningún momento cedieron.

 

 

El Olímpico hace erupción

El momento de mayor euforia llegó, el árbitro levantó el silbato, lo puso en su boca y tras una bocanada de aire, pitó el fin del encuentro.

Fue en ese momento que el estadio Olímpico estalló. Los nervios se fueron, ahora estaban convertidos en alegrías, en lágrimas y en sueños cumplidos, porque muchos de los aficionados deseaban este momento y por fin se les cumplió.

Los abrazos no faltaron, al calor del entusiasmo y la algarabía muchos fundieron sus cuerpos para celebrar que Saltillo por primera vez es campeón del futbol, de una liga que durante décadas buscó una corona y hoy, por fin, son los Coyotes quienes se la entregaron tras años de pelear, de buscar, de no claudicar y no desistir en el intento a pesar de las adversidades y todo gracias a un puñado de guerreros que hoy, sí, hoy, son héroes en una ciudad que se abocó a apoyarlos.

 

Jamás lo olvidarán

La noche en el Estadio Olímpico de Saltillo no parecía una final de Tercera División. Parecía el regreso de una ciudad entera a su identidad futbolera. Entre humo rojo, bengalas iluminando las gradas y cientos de gargantas cantando al mismo tiempo, Saltillo Soccer se coronó campeón y selló su ascenso a Liga Premier en medio de una escena que muchos aficionados llevaban décadas esperando vivir otra vez.

Alex Montiel, aficionado del club, miraba el estadio emocionado mientras sostenía su camiseta y recordaba la historia del equipo. “Venir aquí al estadio es algo muy importante. Yo hice mi playera como en el 96 y hoy verla aquí otra vez significa muchísimo. Hay que subir, hay que ganar, hay que darle. Para Saltillo es algo enorme tener un equipo como Coyotes. No tengo palabras, es algo muy chingón la verdad”.

Muy cerca de la zona donde estaba La Revuelta, Eduardo Mata hablaba de cómo el fútbol terminó convirtiéndose en algo más profundo que solamente un deporte. “Coyotes ha significado mucho para mí estos últimos meses. Integrarme más con La Revuelta, que prácticamente ya es mi familia, ha sido algo muy especial. Volver al Olímpico y recordar esas historias que mi familia me contaba de los Coyotes del 96… hoy tenerlos en una final es algo grandísimo. Estoy feliz porque estoy con mis amigos, estoy viviendo el fútbol y espero que hoy quedemos campeones”.

 

 

La ‘eterna’ Revuelta

El sentimiento se repetía en prácticamente toda la tribuna. Daniel Hernández Martínez, integrante de La Revuelta desde hace años, resumía el orgullo que se respiraba en el Olímpico. “Apoyamos desde 2015 y para mí esto representa todo el orgullo de la ciudad. Es el único equipo representativo de Saltillo. No hay comparación. Puedes grabar cualquier grada y no hay comparación con esto. Vamos los grandes y vamos por el ascenso”.

 

 

Los ‘nuevos’

Pero quizá una de las imágenes más poderosas de la noche estaba lejos de los bombos y las bengalas. Era la de los niños que comenzaban a enamorarse del fútbol local. Eduardo, un pequeño aficionado que no dejaba de saltar durante el partido, decía con emoción: “Me gusta mucho venir a apoyar a Saltillo Soccer con la porra y que ganemos hoy”.

 

 

Los ‘viejos’

Entre la multitud también destacaban aficionados que han acompañado cada intento futbolero de la ciudad durante décadas. Sergio Ríos Álvarez, uno de ellos, observaba la cancha con nostalgia mientras recordaba antiguos equipos de Saltillo. “Saltillo es todo para mí. Es mi equipo y siempre voy a luchar y apoyarlo. Me acuerdo muy bien de los otros equipos que hubo aquí y vine a todos sus partidos también. Pero Coyotes siempre va a ser el equipo para mí”.

Francisco Sevilla también recordaba aquellos años donde el sueño de llegar más alto parecía posible. “Para mí significa primero apoyar al deporte y segundo que Saltillo Soccer es todo para mí. Lo apoyé desde la época de Renato Ciña y Amaral, cuando había un gran equipo que desgraciadamente no pudo llegar a Primera División. Pero aquí seguimos y esperamos que algún día ese sueño se haga realidad”.

 

 

Momento para la posteridad

Cuando Coyotes fue declarado campeón. Los jugadores corrieron hacia la grada donde estaba La Revuelta mientras las bengalas volvían a encenderse. Familias enteras lloraban, aficionados se abrazaban y muchos adultos mayores simplemente observaban en silencio, como entendiendo que después de tantos años de intentos fallidos, Saltillo finalmente volvía a sentirse una plaza futbolera.

Aquella noche no solo terminó con un campeonato de Tercera División. Terminó con una ciudad recuperando la ilusión al ver a los Coyotes besar la gloria.

En medio de una experiencia increíble y única para el deporte de la ciudad, los aficionados crearon una atmósfera incomparable.

 

 

 

Con información de: Nahomi Jaramillo y Fernando Vielma

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