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Agencias
Publicado el lunes, 7 de marzo del 2016 a las 20:06
Nueva York, NY / Washington, DC.- Comprender lo que está en juego en la batalla entre Apple y el FBI para desbloquear el teléfono de un terrorista, ayuda a pronosticar el futuro de la industria de la tecnología.
Esta es una apuesta con la que nunca se pierde dinero: la tecnología digital siempre está hambrienta de más información personal y nosotros, los usuarios, siempre aceptamos sus exigencias.
Los teléfonos inteligentes contienen muchos datos personales: correos, fotografías, ubicación, dignidad. Sin embargo, los aparatos del mañana, que ya circulan en forma rudimentaria, tendrán aún más.
Habría que considerar todas las tecnologías. Muchos tendrán cámaras, micrófonos y sensores que recopilarán más datos. Los aparatos que usemos a diario estarán grabando y analizando cada expresión y cada acción.
Esto nos lleva a entender por qué las compañías de tecnología –por no hablar de nosotros–, deberían de temer a las repercusiones del caso de Apple.
Los miembros de los cuerpos de seguridad arguyen que cuando tienen una orden judicial válida, nunca se debe bloquear el acceso a los policías a ningún aparato que pudiera ser importante en una investigación.
Sin embargo, si se obliga a Apple a quebrantar su propia seguridad para meterse a un teléfono que, como le había prometido al usuario, era inviolable, la confianza en la seguridad del futuro, siempre vigilante, empieza a caerse.
Si es posible monitorear cada aparato y si los agentes del orden pueden intervenirlos con una orden judicial, ¿alguien podrá, alguna vez, sostener una conversación verdaderamente privada? ¿Estamos construyendo un mundo en el que ya no hay espacio para guardar secretos?
Esto podría sonar alarmista, en especial para quienes creen en el argumento del FBI de que su solicitud a Apple de acceder ilegalmente al teléfono, está limitada a esta circunstancia especial.
“El problema legal es, de hecho, bastante estrecho”, escribió James B. Comey, Jr., director del FBI. “Simplemente, queremos, con una orden de registro, la oportunidad de tratar de adivinar la contraseña del terrorista sin que el teléfono se autodestruya y lleve una década adivinarla correctamente. Eso es todo”.
Sin embargo, activistas dicen que sería más fácil creerle a Comey si el Gobierno no tuviera una larga trayectoria de fundamentar casos legales en viejas tecnologías para decidir cómo manejar las modernas.
Chris Soghoian, tecnólogo principal de la Unión Estadunidense por las Libertades Civiles, comentó que “hay muy poca protección constitucional para los datos que albergan terceros, y ello se debe a una sentencia de la Corte Suprema en los 60, antes del correo electrónico, de los motores de búsqueda, antes de las redes sociales”.
En un caso de hace más de una década, el FBI pidió a una empresa que fabricaba un aparato de asistencia integrado en carretera que grabara secretamente las conversaciones privadas de personas dentro de un coche.
Un tribunal falló en contra de la solicitud del FBI, pero sólo con el endeble argumento de que colocar micrófonos ocultos habría interferido con el funcionamiento del aparato.
“El tribunal dejó abierta la puerta a la vigilancia siempre que la función principal del aparato quedara intacta.
“Así es que siempre que el Amazon Echo pueda darte la temperatura o pueda seguir tocando música, el caso permite al Gobierno obligar a Amazon a espiarte”.
Sin embargo, el caso de Apple amenaza con debilitar la confianza del usuario. Soghoian cree que el caso podría sentar ese precedente.
Hacen frente
La grandes empresas de tecnología en Estados Unidos defendieron a Apple contra el intento de “hackeo” del FBI.
Amazon, Facebook, Google, Microsoft, Yahoo, Evernote, y nueve compañías, más se unieron a los expertos que solicitaron testificar legalmente en el caso para apoyar a Apple.
Para fines oscuros, sería un ‘regalo’
El alto comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, dijo que la encriptación es un instrumento de protección de defensores de derechos humanos, de la sociedad civil, de periodistas, de lanzadores de alerta y de disidentes políticos “que enfrentan persecución y acoso”.
“Desafortunadamente, no escasean en el mundo las fuerzas de seguridad que, si pueden, sacarán ventaja de la capacidad de intervenir los teléfonos de las personas. Y tampoco escasean los intentos criminales de cometer delitos económicos mediante el acceso a la información de otras personas”, advirtió. (AFP)
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