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Notimex
Publicado el domingo, 11 de enero del 2009 a las 01:10
Jerusalén.- El avance de las fuerzas de Israel dentro del territorio de Gaza despierta nuevas preguntas sobre cuáles son sus objetivos en la Operación Plomo Fundido, al cumplirse las primeras dos semanas de ataques.
El “triunvirato” del gobierno israelí, formado por el primer ministro Ehud Olmert, la canciller Tzipi Livni y el ministro de Defensa, Ehud Barak, decidieron la víspera “profundizar” la operación militar hasta “conseguir todos los objetivos”.
Sin embargo, no son pocos los ex militares y periodistas que se preguntan si realmente saben cuáles son esos objetivos.
En su comunicado, el triunvirato generaliza en la suma de “alterar la realidad de la seguridad en el sur de Israel”, y “defender a la ciudadanía”.
Una suma que parece el objetivo de todos los israelíes -la operación cuenta con el apoyo de la inmensa mayoría de la población- pero en la que divergen sobre cómo sería mejor alcanzarla.
“Para mí, el Ejército lleva 13 días de más en Gaza”, dijo el general retirado Shlomo Gazit, que participó en la guerra de los Seis Días en 1967 y que se opuso, casi inmediatamente, a que Israel se quedara con los territorios que había ocupado porque en ellos había población.
El ex militar, autor de varios libros sobre la situación militar en la región, cree que Israel entró en la Operación Plomo Fundido “sin saber realmente” cuáles son sus objetivos estratégicos, es decir, qué busca conseguir con ella, y si esos puntos son conseguibles.
“No hay duda que ya ha conseguido recomponer su disuasión, pero eso lo consiguió en los dos primeros días”, explicó. “¿Para qué arriesgar tropas por tierra?”, cuestionó.
Analistas militares consideraron que la razón por la que el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) estuvo tirando cohetes contra Israel en estos últimos ocho años, se debe a que el Estado hebreo perdió su capacidad de disuasión.
“Los bombardeos de las primeras 48 horas ya han corregido ese problema”, aseguró Gazit y añadió que “habría que haber esperado a ver qué hacía Hamás, y sólo si seguía disparando volver a bombardear”.
Una situación similar se dio antes de 2006 con la guerrilla libanesa Hezbolá, que hostigaba a Israel de forma puntual pensando que no habría respuesta.
La guerra del Líbano, en la que la Fuerza Aérea israelí destruyó barrios de Beirut, tenía el mismo objetivo que los primeros bombardeos en Gaza.
Alcanzando ese objetivo, Gazit se preguntó si realmente el Ejército sabe qué es lo que busca dentro de Gaza, porque “destruir a Hamás es un objetivo que no pueden alcanzar”.
Mensajes contradictorios por parte de los gobernantes israelíes en las últimas dos semanas tampoco aclaran la situación.
Por un lado, el gobierno reconoció que su objetivo era destruir la mayor cantidad de armamento, hombres e infraestructura de las guerrillas palestinas, y lograr así calma para el sur de Israel, pero por otro declararon la intención de destruir a Hamás como entidad política.
Para los expertos en asuntos de seguridad, la destrucción de Hamás, si fuese posible, sólo se puede realizar desde adentro, mediante una revolución interna o un cambio en elecciones, que no parecen cerca.
Mientras tanto, la política de seguridad israelí se basa en la concepción de que el Ejército debe crear una disuasión lo suficientemente fuerte como para que el enemigo no ataque.
Fue siempre la política israelí con respecto a sus vecinos árabes, y reafirmada hace dos años, después de la Guerra del Líbano, en un documento especial redactado por el ex ministro Dan Meridor.
“No en todos los conflictos en el futuro, podrá conseguir Israel una aplastante victoria como la de los Seis Días, la seguridad sólo se puede conseguir mediante la disuasión”, concluía el informe, padre de la política de seguridad nacional de Israel estos días.
“Por ello es importante cómo las partes ven el resultado de la guerra”, escriben los analistas Nahum Barnea y Shimon Shifer en su artículo semanal del diario Yediot Aharonot.
Ambos destacan que ninguno en el triunvirato cree realmente que la operación terminará en una derrota militar de Hamás en el campo de batalla, y que habiendo aprendido la lección de la Guerra del Líbano rebajaron sus expectativas de lo que esperan de esta operación.
Esto es no destruir a Hamás, sino mejorar las condiciones de una tregua y traer calma a los israelíes, lo que ellos (los dos periodistas) aún consideran un listón demasiado alto.
“Quizá hubiera sido mejor declarar al principio de la operación que su objetivo era castigar duramente a Hamás y restaurar la disuasión, frente a ese movimiento y frente a los demás, y este objetivo ya fue conseguido”.
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