“El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de alcázar”. Proverbios 18.19
El pasado sábado 7 de octubre se dio a conocer la escalada en la guerra entre judíos y árabes, entre Israel y Palestina; ambas naciones se diputan históricamente la titularidad del territorio que se ubica alrededor de la ciudad de Jerusalén, ya que ambos países la reclaman como su capital.
Según se dio a conocer, la nueva crisis que recrudeció las hostilidades se atribuyó a causa del ataque perpetrado por el grupo “Hamás”, que está identificado como el brazo armado y terrorista del grupo islamista, quien lanzó lo que se considera hasta hoy la mayor ofensiva por tierra, mar y aire mediante la infiltración de soldados y el lanzamiento de miles de proyectiles en contra de zonas céntricas de Tel Aviv y Jerusalén.
Pero y ¿cómo es que inició este gran conflicto? La palabra de Dios narra en el libro del Génesis, Capítulos 15 a 22, el momento en que Dios habló con Abraham, quien no tenía hijos y Dios le promete darle una gran descendencia, del tamaño de las estrellas; Sin embargo, pasaron los años y Abraham no podía procrear hijos con su esposa Sara, entonces ésta le propuso a su marido que tuviera relaciones sexuales con la esclava de nombre Agar, la egipcia. Abraham acepta la propuesta y cuando Agar sabe que había concebido un hijo, empezó a mirar con desprecio a Sara quien decide deshacerse de la esclava. La egipcia Agar huye de la presencia de Sara hacia el desierto y es ahí en donde la halló el ángel de Jehová, junto a una fuente de agua en el desierto y le dijo: “Agar, sierva de Saraí, ¿de dónde vienes y a dónde vas?”, y Agar le respondió: huyo de delante de Saraí, y le dijo el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora y ponte sumisa bajo su mano, le dijo también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud, además le dijo: He aquí que has concebido, y darás a luz un hijo y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción, y él será hombre fiero, su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará. Pasados algunos años Dios vuelve a ratificar su promesa dada a Abraham de darle un hijo y le promete que bendecirá a Sara su esposa, que le daría un hijo, que la bendeciría, que sería madre de naciones y que los reyes de pueblos vendrán de ella; Abraham tenía cien años y su esposa Sara noventa; Dios le da el nombre al hijo que tendría y se llamaría Isaac prometiéndole a Abraham que con ese hijo confirmaría su pacto, como un pacto perpetuo para sus descendientes después de él, y le dice que, en cuanto a Ismael, también lo bendeciría y le haría fructificar y multiplicar mucho, en gran manera.
Dos hijos de Abraham con la promesa de parte de Dios de prosperarlos; de ahí nacen dos naciones: por parte de Ismael los árabes y por parte de Isaac los Israelitas. Dos pueblos que desde entonces reclaman ser los hijos legítimos de Abraham y reclaman el cumplimiento de las promesas dadas por Dios de hacer de ellos una gran nación. Estas dos naciones han estado en guerra desde entonces. El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el Plan de Partición de Palestina, que estableció la división del territorio en dos partes, una para los judíos, a los que otorgó el 55% de la tierra y otra para los árabes, que se quedaron con el 45% restante.
Otro de los casos de odio entre hermanos lo enseña el primer libro de la Biblia, el Génesis y narra la historia de los hermanos Caín y Abel, hijos de Adán y Eva, los primeros pobladores de la tierra; Abel fue pastor de ovejas y Caín fue labrador de la tierra y cuenta la historia que pasado un tiempo, Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Dios y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas, y vio Jehová Dios con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya y Caín se ensañó en gran manera contra Abel y decayó su semblante; Entonces dijo Caín a su hermano Abel: “Salgamos al campo”, y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató.
Dios quiere que los hermanos vivan en armonía y que se amen entre ellos, así lo enseña el Salmo 133:1. El amor fraternal se usa como un ejemplo de cómo los creyentes deben tratar a los demás, sin embargo, sabemos que no siempre vivimos de la manera correcta. El trabajo de los padres es educar a sus hijos para que se parezcan más a Jesús, por lo tanto debemos mirarle a Él para ver que lo que dijo era importante acerca de cómo nos comportamos y cómo tratamos a los demás; Jesús dijo que los dos mandamientos más importantes eran amar a Dios sobre todas las cosas y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y prójimo significa amar a aquellos que están cerca de nosotros y nadie está más cerca que nuestros propios hermanos y hermanas. El hogar debe ser un lugar donde los niños aprendan a amarse, pues escrito está: “El amor cubre multitud de faltas y esto incluye las causas de la rivalidad entre hermanos.
La rivalidad entre hermanos puede provenir de los celos, el egoísmo y la parcialidad de los padres (reales o percibidas); La rivalidad que hubo entre Caín y Abel parece haber sido causada por los celos de Caín cuando el sacrificio de Abel fue aceptado; La rivalidad criminal entre hermanos en la familia de Gedeón, fue causada por el deseo egoísta de Abimelec de gobernar como un rey; La rivalidad entre hermanos en los hijos de Jacob, fue alimentada por el favoritismo de Jacob con José; Las causas de la rivalidad entre hermanos se puede superar con la amabilidad, el respeto y, por supuesto, el amor, los padres deben insistir para que sus hijos se traten con amabilidad, respeto y amor, y los padres deben demostrar lo mismo.
La historia de José y sus hermanos inicialmente incluye la rivalidad basada en los celos y el odio, y algunas cosas terribles le sucedieron a José. Pero la historia tiene un final feliz. De hecho, la historia de José termina siendo una de amor fraternal, de perdón y de la bondad y soberanía de Dios, el trato que José tuvo con sus hermanos en el último capítulo del Génesis, es un buen ejemplo de bondad, humildad y amor.
“Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía, es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón y baja hasta el borde de sus vestiduras, como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion, porque allí envía Jehová bendición y vida eterna”.
Que Dios bendiga a todas las familias de Saltillo, de Coahuila y de México.
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