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Publicado el domingo, 20 de enero del 2013 a las 16:11
Saltillo.- Acudir a unos Juegos Olímpicos es el sueño de todo deportista, pero ir en dos ocasiones sólo los atletas que se entregan en cuerpo y alma lo logran, tal como le sucedió al ex nadador Javier Díaz, quien acudió como deportista a las justas de Sydney 2000 y Atenas 2004.
Ya retirado de su faceta como deportista de alto rendimiento, Díaz hoy cumple con la función de promocionar y crear mayor talento en el estado, al ser el director del Instituto Estatal del Deporte de Coahuila (Inedec).
Sin embargo, su experiencia en las aguas es digna de contarse, porque sacrificó más que su tiempo, dejó a su familia en México para cumplir con uno de sus sueños, el mayor de ellos, se podría decir, y lo hizo realidad, siempre con el apoyo incondicional de sus padres.
– ¿Por qué la natación?
“A los 3 años mis papás me llevan a clases de natación como cualquier papá lleva a su hijo a clases, con la intención de que aprenda a nadar y que al acudir a una alberca quitarse la preocupación de que haya un accidente, y me llevaron al Molino, en La Aurora, con la profesora Lucha de la Peña. Ahí me inicié y se empezó a dar. Primero eran los veranos, luego más meses y clases y como a los 6 años con todos los que estábamos en clases se formó un preequipo, ahí la profesora, aparte de corregir la técnica, nos enseñó bien los cuatro estilos, de alguna manera para salir a competir a diferentes partes de Saltillo, luego a Monclova, Monterrey, pero así se fue dando.
“Me gustó, me llamaba mucho la atención la natación, como a los 6 años me gustaba ser competitivo, buscar ganar, eso desde chiquito me ayudó a seguir en este deporte, de que cuando iba a las competencias de chico y no ganaba me queda con ese sabor de ‘tengo que ganar’, eso fue lo que me empezó a arrastrar en ese deporte, pues aunque es individual mucho dependía del trabajo en equipo con el que entrenas, había muchos de la edad, amigos, se hizo un buen equipo de amigos y que después de la escuela era como convivir, pero estabas practicando un deporte”.
-¿Cuándo sentiste ese “gusanito” de tener que entrenar para ser el mejor?
“A los 8 años, en Monterrey, en las primeras competencias quedaba más abajo de media tabla, me di cuenta de que si quería seguir en esto tenía que tratar de echarle más ganas al entrenamiento, hacerle más caso a la entrenadora, tratar de hacerlo bien, porque me gustaba y era de ‘yo quiero una medalla, yo quiero estar en los tres primeros lugares’, eso fue lo que empezó con el ‘gusanito’ de ‘yo quiero ganar el primer lugar, sentir el deseo de triunfar’. Como a los 11 años, en la categoría Infantil A llegué y clasifiqué al primer nacional, fue en el Club Casa Blanca en la Ciudad de México, en Monterrey ya estaba en los primeros lugares, en la región, entonces llegué y pues dije ‘voy a estar en las finales fácilmente’, pero cuando nado la primera vez, era más fácil buscarme de abajo para arriba que de arriba para abajo, le había ganado a dos o tres personas. Recuerdo bien que me dije, ‘si quiero ser campeón nacional voy a tener que entrenar más, que mi entrenadora me dé un entrenamiento de tantos días, tantas sesiones a la semana’, a esa edad empezábamos a entrenar en la mañana y en la tarde después del colegio, porque eran las exigencias de entrenamiento, los sábados hacíamos muchos ejercicios fuera del agua, bicicleta, corriendo, resistencia en ligas, un tipo de entrenamiento más completo para tratar de mejorar. A los 14 años llegué a un nacional y lo gané. Entonces de los 6 años cuando inicié en competencia a los 14 años, me tardé ocho años para ser campeón nacional. Así es el deporte a largo plazo, pero con mucha constancia, que fue lo que me ayudó a tratar de ser campeón nacional”.
INTERNACIONAL
Ya con la mentalidad de ser campeón nacional, el saltillense se puso un nuevo objetivo: representar a México en un evento internacional.
“En 1997 fue cuando acudí a un evento internacional, a Estados Unidos, eran los Juegos Centroamericanos y del Caribe, que son los campeonatos de natación por categorías, yo estaba en Juvenil Superior, competía contra los de mi edad y una de mis metas era ser campeón centroamericano y lo logré en tres pruebas. Ahí me dan la oportunidad, por un programa existente, que los cinco mejores nadadores que se acercaran a la marca mundial de las pruebas en ese evento iban a clasificar a un evento en Japón, el Pamp Pacific, pero no contra tu categoría, sino en Primera Fuerza, donde tras las olimpiadas de Atlanta en el 96, en esa competencia iban a estar muchos que habían sido medallistas olímpicos. Era mi primer evento internacional grande todavía siendo Juvenil. Llegamos a Japón y nado 100 y 200 metros y ahí me toca nadar con Tom Dolan, que fue medallista en Atlanta, y a los 130 metros íbamos al mismo ritmo, al final me ganó, me sacó poco más de un segundo, pero llamó tanto la atención lo que había hecho yo, que varios entrenadores que iban con distintos países, uno de ellos Estados Unidos, con entrenadores de universidades, me empezaron a ver, y siendo Juvenil, cursaba preparatoria, me pidieron mis datos”, recordó Díaz.
Oportunidad universitaria
Luego de su experiencia en tierras orientales, el entonces juvenil nadador se enroló en el equipo de los Borregos Salvajes del ITESM.
“Llegué de Japón y una de las cosas que le reconozco es que Lucha de la Peña me dice: ‘Javier ya no sé qué ponerte, no sé qué entrenarte, no sé tú nivel, para mejorar hay que buscar otra opción’. Entré al Tec de Monterrey y estuve dos años en Saltillo, y para el tercero me fui a Monterrey con los de carrera, que era el equipo más fuerte de México y entrenaba con ellos. Califiqué a los Centroamericanos y el Caribe, que son parte del ciclo olímpico, llegamos y clasificamos y fuimos medallistas en el último año de prepa. Entonces los entrenadores de EU que me vieron me hablaron para ver si me interesaba ir a su universidad. Tenía varias opciones, las vi todas y me quedé en Purdue, en Indiana, un excelente equipo, carrera de economía con especialidad en administración, estando allá tenía el sueño de llegar a Juegos Olímpicos, tenía el mejor fogueo y en el primer año clasifico a los Panamericanos y faltaba un año para las Olimpiadas y me dice mi entrenador: ‘para ir hay que meterle todos los kilos’; nunca dejamos de estudiar, tu vida es como un triángulo, un lado están las clases, en otro la natación y en otro lo social y debe haber un equilibrio.
DIRECTO A SYDNEY
En el año 2000 había competencias en las que había oportunidad de clasificarse a Juegos Olímpicos y Javier Díaz dio la marca para Sydney en la última justa clasificatoria, en Los Ángeles, la competencia Janeth Evans.
“Cuando di la marca me alegré, fueron mis papás y como que me había relajado, cumplí una de las metas de representar a México en Juegos Olímpicos. Cuando estás ahí te regresas en el tiempo y todo lo que entrenaste, muchos sacrificios, perseverancia, esfuerzos de levantarte a las 5 de la mañana, entrenar siete horas diarias, fuera de tu familia, tu país, dejas amigos, aunque allá haces a otros, te sales de lo tradicional que hace un estudiante y en Sydney pensé: ‘Si tuviera que pasar por todos los sacrificios que pasé para estar en otros Juegos Olímpicos lo volvería a hacer’. Estaba con el no sé qué tengo que hacer, mi meta era Atenas 2004 y todavía no competía en Sydney, pero ya pensaba en Atenas.
EL RETIRO
“Me retiré contento de que la natación me pagó mi carrera, me dio un título profesional y porque la natación es lo que me gusta hacer, haces muchos amigos, conoces a mucha gente, viajas a muchos lados, lugares, pero todo eso gracias a ser disciplinado, con mentalidad positiva de ser mejor y de que haciendo bien las cosas puedes alcanzar tus objetivos”.
¿QUÉ LE FALTÓ?
“Me faltó una medalla olímpica pero no sé si mis cualidades fueran para ser medallista; no se alcanzó, fue lo que faltó, pero me voy contento de llegar a una semifinal en los segundos Juegos Olímpicos. Ojalá los niños lo pudieran ver cómo una meta o que cualquier persona, con disciplina a mediano y largo plazo, además de ser constante, tenaz, puede llegar a alcanzar grandes cosas”.
¿El llegar a Juegos Olímpicos fue para demostrarte a ti algo o demostrar a los demás que lo podías lograr?
“Fue para demostrarme que lo podía hacer, y a los que me habían apoyado que se pudo hacer. Mi entrenadora siempre me decía: ‘Tú vas a ir a Juegos Olímpicos’ y me la empecé a creer, nunca hubo alguien con negatividad, fue demostrar y alcanzar, demostrarme que lo que te propones lo puedes lograr”.
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