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Agencias
Publicado el domingo, 17 de julio del 2016 a las 18:40
El Debate / Ciudad de México .- Jefe… ¡Tenemos aquí a Joaquín Guzmán Loera! El comisario se cimbró. En 23 años de carrera como policía federal nunca antes había recibido una llamada así. Habían trascurrido cinco meses de búsqueda, a través de la Operación Tiburón Azul, desde que el capo se escapó del penal de máxima seguridad de El Altiplano, en el Estado de México.
Es el 8 de enero de 2016. Son las 9:30 de la mañana. Raúl Castillejos Solís, comisario de la División de Seguridad Regional de la Policía Federal, estaba en su oficina. Aquel día, que parecía quizá otro más, sería determinante en su carrera. Al terminar su jornada de trabajo, el panorama de su carrera se vería fortalecido y reconocido por cada una de las decisiones que debió tomar aquel día: decisiones respaldadas por años de experiencia.
Uno de los elementos de la Policía Federal adscritos a la División de Caminos le marcaba por celular desde la carretera para recibir órdenes ante la captura del hombre más buscado de México y del mundo.
Tres de los agentes bajo su mando esperaban sus instrucciones para proceder en el Tramo Las Brisas-Los Mochis, en Sinaloa, lugar donde acababan de marcarle el alto a un Focus rojo en el que huían Joaquín Guzmán Loera y su lugarteniente Orso Iván Gastelum El Cholo.
Aquel viernes, Castillejos Solís llevaba puesto su uniforme y un rosario de madera que usa desde hace 25 años cada vez que porta su uniforme táctico.
—¡Tómenle una fotografía y me la mandan de inmediato!— instruyó.
A los pocos minutos recibiría la imagen de Guzmán Loera con una playera sucia en el asiento trasero de una patrulla, y a su lado El Cholo, con el torso desnudo. Esta fotografía fue reenviada a Enrique Galindo Ceballos, comisionado general de la Policía Federal. La siguiente instrucción fue que se dirigieran al aeropuerto de Los Mochis.
Tres policías federales le retiraron una pistola a Orso Iván Gastelum. Él y el capo fueron esposados dentro del vehículo oficial mientras ofrecían sobornos y amenazaban.
—No sabes con quién te estás metiendo—, dijo el lugarteniente Gastelum.
—Sí lo sabemos y lo estamos buscando desde hace mucho tiempo—, respondió uno de los agentes.
—Si nos dejan ir, se olvidarán de trabajar toda su vida; si no nos dejan, habrán grandes consecuencias para la Policía Federal—, sentenció Guzmán Loera.
Continuaba el soborno. Los agentes no aceptaron. El comisario Castillejos Solís aún coordinaba el operativo desde la Ciudad de México.
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