Coahuila
Hace 3 años
Y pónganse abusados, hay viene mi nieto que también quiere ser rector
Hombre de mi tiempo, bonachón o buena onda como se diría actualmente, el arquitecto Ochoa Ruesga merece un buen libro. Hoy solo voy a destacar algunas de sus cualidades y obras, porque fue uno de los constructores modernos del Saltillo que nos ha tocado vivir.
Fundador alumno del Colegio Zaragoza, con “El Pecas” Arzuaga, Toño Palacios, Beto Rodríguez, Luis Ortiz, Pancho Garza y Arturo Cepeda, entre muchos otros.
El primer director de Obras Públicas del Ayuntamiento de Saltillo y rector de la Universidad Autónoma de Coahuila (1983-1986), cuyo hijo -Jesús Juan Ochoa Galindo- ocupó el cargo por dos periodos seguidos.
Cuando platicábamos sobre el particular, me indicaba que era un caso excepcional el que padre e hijo hayan sido rectores de la misma universidad y solía decirme: ¡Y pónganse aguzados porque hay viene mi nieto empujando fuerte! con esa vena que Dios le dio al célebre arquitecto y mejor amigo.
Saltillo, la ciudad perfecta
Potosino de origen y saltillense por voluntad de sus padres, recuerda que cuando llegaron en 1954, la nuestra era una ciudad perfecta: no faltaba nada, ni agua, ni drenaje. Tenía las escuelas suficientes, el comercio, las iglesias, las cantinas; en fin, todo lo que había en aquel entonces completaba para vivir bien.
Y renegaba del crecimiento tan exagerado que tuvo la ahora metrópoli, con los problemas y carencias que ahora enfrenta.
El arquitecto Ochoa Ruesga fácilmente proyectó, diseñó y dirigió las obras de entre 500 y 600 edificios: casas, escuelas, iglesias, mercados, negocios, etc.
Cuando cuantificaba su trabajo como arquitecto, jocosamente decía, ¡Hasta el actual edificio de la zona de tolerancia de Saltillo me aventé!
Sus alumnos lo recuerdan con cariño, entre ellos un personaje de origen lagunero, pero que estudió la carrera de arquitecto en Saltillo, Jaime Cleofas Martínez Veloz, exdiputado del Congreso local de Baja California, quien en sus memorias lo menciona con cariño y respeto, tanto como maestro y director de la Facultad, como Rector de la Universidad de Coahuila, cuando todavía no era autónoma. Precisamente fue el periodo de la transición a la Autonomía en medio de la turbulencia estudiantil en que Ochoa Ruesga, hizo un buen papel como rector.
Anécdotas
Comúnmente la gente de los ejidos saltillenses se esmera por atender muy bien a sus visitas, ofreciéndoles aunque sea un jarro de café o un taco de frijoles, y cuando algún candidato a un cargo de elección llega con su comitivita, se luce más.
Una ocasión acompañando a un candidato, Ocho Ruesga y un servidor, llegamos a una comunidad rural y nos tocó en la misma mesa, degustar un sabroso menudo y surgió la chispa graciosa del arquitecto: ¡Si he sabido que sirven menudo, me hubiera puesto borracho anoche, para bajarme la cruda!
En otra ocasión un campesino lo seguía a todas partes. No sé quién se lo recomendó, el hecho es que el hombre le decía constantemente al arquitecto, ¡pídame lo que quiera, señor, yo se lo consigo!
Tanto lo fastidió, hasta que Ochoa Ruesga la dijo: ¡A ver consígame un bolero, mire como traigo los zapatos! Y en medio del tremendo terregal del ejido, el hombre se encogió de hombros y le contestó. ¡Ahí sí le voy a fallar!
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