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Publicado el lunes, 14 de julio del 2025 a las 20:06
Ciudad de México.- Durante más de dos décadas, José Ramón Cantalapiedra ha habitado una fascinante encrucijada entre la fascinación y la perplejidad. Su programa de radio, “Relatos del lado oscuro”, que nació en 1994 y ha evolucionado hacia las plataformas digitales e incluso a un libro, es el crisol donde convergen testimonios de fantasmas, apariciones, demonios y encuentros inexplicables.
Aunque las historias le llegan por teléfono, correo o en persona, el locutor se pregunta constantemente dónde termina la realidad y dónde comienza la imaginación. Para sus narradores, sin embargo, estas experiencias son innegablemente reales.
Cantalapiedra y su equipo han recopilado lo que consideran los casos más escalofriantes de fenómenos paranormales. Para José Ramón, la cuestión de la creencia es secundaria; lo fundamental es la convicción con la que estas personas, con “la mirada plena de convicción y la voz entrecortada”, defienden aquello que desafía cualquier explicación lógica.
Cargadas de detalles vívidos, estas narraciones son una ventana a las herramientas que la humanidad utiliza para lidiar con el miedo a la muerte y con fenómenos que a menudo superan nuestra comprensión. Escucharlas con curiosidad, más allá del prejuicio, invita a una profunda reflexión sobre nuestras propias percepciones y temores.
El libro de “Relatos del lado oscuro” no solo incluye vivencias personales de la familia de Cantalapiedra y relatos que aterrorizaron a su equipo, sino también testimonios de esperanza y, un capítulo que el locutor considera indispensable: las experiencias cercanas a la muerte. “Porque durante años, cada vez que alguien me cuenta una, descubro cosas nuevas”, comparte.

José Ramón Cantalapiedra se distancia de la etiqueta de “investigador paranormal”.
” A diferencia de otros, no me considero un experto. No soy chamán ni brujo, no interpreto sueños, no leo manos ni persigo fantasmas. Mi labor consiste en contar historias”, afirma.
Sorprendentemente, su formación como ingeniero no ha sido un impedimento, sino una valiosa herramienta para filtrar la información. Durante los primeros años del programa, Cantalapiedra dividía su tiempo: de día, controlaba presupuestos y realizaba cálculos en obras; por la noche, se transformaba en el “profesor fantasma” ante el micrófono. Esta dualidad, lejos de ser contradictoria, fue positiva:
” No me creía todo lo que escuchaba”, confiesa.
La relación de Cantalapiedra con lo sobrenatural no es la de un creyente ciego ni la de un escéptico militante. Su postura es más bien la de un físico teórico atrapado en una casa de espejos, aunque acepta la imposibilidad de verificar o refutar categóricamente los testimonios, no puede ignorar el cosquilleo intelectual que cada relato le provoca.
” Incluso si uno se instala en el escepticismo más cerrado, hay detalles, elementos, coincidencias, que terminan generando dudas. Es imposible, después de escuchar cientos de versiones de lo inexplicable, no sentir que hay algún patrón subyacente”, explica.
Con el paso de los años, Cantalapiedra ha notado que las historias nunca son del todo nuevas. El “catálogo de lo inexplicable” se repite: niños fantasma, mujeres de blanco, ancianos en umbrales de casas abandonadas. Si bien los nombres o la indumentaria cambian, la esencia persiste.
” Te encuentras con La Llorona mexicana, la Banshee en Europa, fantasmas gritones en Filipinas, la Siguanaba en Centroamérica”, apunta. Lo más desconcertante es cuando los paralelismos se extienden más allá de las conexiones culturales obvias: “¿Cómo se explica que aparezcan figuras parecidas en los remotos parajes del sudeste asiático?”.
La dimensión religiosa añade otra capa de complejidad.
” Muchos de los relatos que recibimos están relacionados con fantasmas de familiares, personas que murieron… pero muchos otros tienen que ver con el demonio”, observa Cantalapiedra, sugiriendo cómo la humanidad sigue reaccionando a una lógica cultural donde el mal se manifiesta en formas tangibles.
Sin embargo, el archivo de “Relatos del lado oscuro” no solo alberga historias aterradoras. El libro incluye un apartado dedicado a “Los relatos que nos dieron esperanza”, donde emergen presencias que no buscan dañar, sino ayudar.
” Son los menos, pero sí están”, reconoce el locutor.
Entre ellos destaca el testimonio de un policía rudo, que ha golpeado gente, que ha disparado, quien narra cómo una chica lo salvó de una situación límite, una chica que no existía. También menciona al abuelo de los escombros, una figura recurrente en testimonios relacionados con el terremoto de 1985 en México.
” Estas historias no son como la literatura de terror de Lovecraft o Edgar Allan Poe. La intención es que el lector sienta que me siento con él y se lo cuento. No queremos dar cátedra. Solo contar historias”, insiste José Ramón Cantalapiedra.
El triunfo de su trabajo no radica en la veracidad absoluta de los relatos, sino en su habilidad para resonar con aspectos profundos de la experiencia humana.
” Incluso cuando sabes que algo no es real, puede ser un gran relato”, reconoce. Esta perspectiva ancla su labor en el terreno de la narrativa, más que en la investigación paranormal.
Al final, lo que verdaderamente importa es la profunda y primitiva necesidad humana de narrar y escuchar historias que nos guíen a través de los oscuros y abrumadores misterios de la existencia.
Con información de MILENIO
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