Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
¡Sofía Rivera Torres reaparece tras haber perdido más de 30 kilos! Así logró bajar de peso a solo meses de haber dado a luz ¿Dice toda la verdad implícitamente? Conoce Ley de Fuego, el nuevo libro de Inés Gómez Mont Rusia prorroga la prohibición de exportar diésel, excepto para el acuerdo con Trump Un pueblo español se reúne en una misa funeral por las víctimas del accidente de tren ¿De qué murió el hijo de El Komander? Esto sabemos y lo que el cantante ha compartido tras su fallecimiento

Zócalo

|

Nacional

|

Información

< Nacional

Nacional

Julio Scherer García: Mi padre

  Por Proceso

Publicado el jueves, 8 de enero del 2015 a las 02:26


María Scherer Ibarra relata como era su padre en la intimidad

México, D.F.- “Antes de doblegarse ante el autoritarismo de Luis Echeverría, Julio Scherer abandonó Excélsior en el momento en que este era considerado uno de los grandes diarios del mundo. Fundó Proceso, la convirtió en su trinchera y supo marcarla con un sentido profundo de justicia. Como periodista, el más grande vivo en México, a Julio Scherer no lo define una sino varias palabras: arrojo, desafío, honestidad, patriotismo, justicia, crítica, poder. Su hija María aporta algunas más: dulzura, amor. Por un lado, admiración por un hombre que ha buscado apasionadamente justicia y verdad; por el otro, amor por aquel que la guio con ternura y buen ejemplo. Con esta carta y con la recuperación de uno de sus grandes reportajes, Letras Libres rinde homenaje al gran periodista y al hombre cabal. (Texto publicado originalmente en la revista Letras Libres)

Desde hace muchos años supe que algún día estaría sentada aquí, mordiéndome las uñas mientras escribía este texto. Lo temí apenas lo advertí. Por fortuna, nadie me lo pidió antes. Hace unos meses lo hizo Enrique Krauze. Me contó que planeaba homenajear a dos personajes de la izquierda: José Revueltas y Julio Scherer. Francamente, no sé si se lo agradezco. Accedí porque creo, como en una verdad absoluta, que no hay padre como mi padre.

De mi padre poco se sabe. Del periodista acaso algo más: los trazos que ha delineado en sus libros más intimistas. No ha sido suficiente para algunos estudiantes y varios periodistas que me han utilizado como intermediario para tratar de obtener una entrevista con él. Pronto dejé de pasarle esos mensajes. Su respuesta era fácil de anticipar: siempre era la misma.

Mi padre ha insistido, y con razón, que por él habla su trabajo: sus entrevistas, sus reportajes. Se ha negado a cooperar cada vez que algún colega obstinado ha pretendido biografiarlo.

Creo que comprendí que mi padre era un gigante hasta que me matriculé en la universidad. Sabía, por supuesto, que era un hombre importante, querido y respetado, que todo el mundo lo conocía, lo mismo que él conocía a todo el mundo. Casi todos mis maestros me interrogaban sobre él. Querían saber qué me aconsejaba, qué me confiaba sobre el oficio periodístico. La mayoría se alegraba de tenerme entre sus alumnos, como si yo emanara alguna de sus virtudes profesionales. Aunque sus preguntas eran repetitivas, me encantaba escuchar –las más de las veces– la admiración que expresaban.

Mi mamá murió un mes antes de mis quince años. Nos acompañamos en el duelo y mi papá cumplió con el doble rol de la única manera posible, colmándome de amor. Fue él quien me condujo por la vida de mi madre. La conocí a través de sus recuerdos. Me contó su historia mejor que ella misma.

Conservo en un lugar aparte esta tarjeta suya: “Que mi amor te alcance en el camino, te decía tu madre. Y su amor te alcanza en tus hermanos y en tu padre.”

También guardo imágenes entrañables. Una se parece mucho a una fotografía que le tomó el papá de mi hijo Pablo. Mi padre está sentado frente a su escritorio. Lleva una camisa blanca. Distingo dos de sus más amadas pertenencias: la foto de mi madre y una banderita de México. Manipula su vieja Olivetti (tiene dos idénticas, por si una se descompone). Los anteojos se le han resbalado y se balancean a la mitad de su nariz.

No sé si interrumpirlo. Se ve muy concentrado. Al fin me decido y separo las puertas corredizas de su biblioteca.

–Hola, pa –le digo. Voltea hacia mí y se quita los lentes. Me sonríe, y toda la dulzura se condensa en un gesto.

–Qué bonitos ojos tengo –me contesta, mientras mira fijo los míos. Siempre han dicho que tenemos los mismos ojos.

No olvido el 23 de marzo de 1994. Ese día, mi padre me enseñó que no hay promesa pequeña. Habían asesinado a Luis Donaldo Colosio. El ritmo de las noticias se aceleró frenéticamente conforme corrieron las horas. A las nueve de la noche, desde la cocina, escuché girar la cerradura de la puerta de la entrada. Mi padre traía un sobre manila en la mano. Lo abrió y me mostró su contenido: la primera prueba para la portada de Proceso.

Laura –que vivía y trabajaba en casa– nos ofreció unas quesadillas.

–¿Te quedas?

–Tengo que volver a la revista.

–¿Solo viniste a enseñarme la portada?

–No, hijita. Vine porque quedamos para merendar. Vengo tarde, no me esperes.

En 1999 dejé la casa de mi padre para casarme. Fui la última, pero nunca tuve remordimientos de conciencia. Él aprecia la soledad. La necesita. Nos lo ha dejado bien claro.

Extraño muchas cosas de nuestra vida en común: su compañía única, su permanente buen humor, su conversación inagotable. Pero sobre todo me hacen falta sus incesantes muestras de amor. Prácticamente a diario –juro que no exagero–, mi papá dejaba una nota en mi buró. La colocaba ahí temprano en la mañana, antes de salir, o por la noche, cuando me encontraba dormida. Conservo muchísimas tarjetas suyas que dicen solo Te amo. Dos cajas protegen cientos más. Elegí una al azar, porque no puedo decidirme por ninguna. Escribió:

Hija preciosa:

Ya no más amor, ya no tanto. Hay horas en que cubres mi pensamiento íntegro. ¡Basta!

Mi papá lleva años despidiéndose. “Cuando sea flor…”, nos previene. Por fortuna, he alcanzado la madurez a su lado. Justo ahora, cuando mi amor por él alcanzó su plenitud, es el momento: yo también quiero honrar a mi padre, que nunca será flor. Será árbol. ~

Notas Relacionadas

Difícil medir ‘efecto Taddei’ en elección; siguen su curso comicios en Coahuila

Hace 4 horas

Mató el corazón a 18 laguneros al día en 2025; principal causa de muerte en la Comarca

Hace 4 horas

Brasil: la bala pasó cerca

Hace 4 horas

Más sobre esta sección Más en Nacional

Hace 7 horas

México pide al G20 respetar el derecho internacional ante conflictos

Hace 8 horas

Lo bajan de torre de Fundidora… tras 8 horas

Hace 8 horas

Obtuvieron 5 empresas más de 2 mmdp con contratos del INE

Hace 9 horas

Queda Inés Gómez Mont bajo custodia del ICE

Hace 10 horas

Políticas públicas incentivan la atracción de empresas: director de Santamarina y Steta

Hace 12 horas

Colaborador de Taddei rechaza dejar el IEE Sonora

Hace 13 horas

Hacienda confía en cerrar el año fiscal de acuerdo a lo programado

Hace 13 horas

Detecta ASF desvíos de recursos en Nuevo León

Hace 13 horas

Pide morenista cárcel para Taddei, ex presidenta del INE

Hace 14 horas

Asiste Sheinbaum a homenaje a Cárdenas en Bellas Artes

Hace 14 horas

Golpean las lluvias el noroeste del país; inundaciones, vehículos arrastrados y una mujer desaparecida en Guaymas

Hace 15 horas

Advierte Ernesto Zedillo en España que México dejó de ser una democracia y camina hacia una autocracia electoral