El 2023 llegó cargado de una serie de desafíos nacionales para la sociedad y el Estado Mexicano. Me detengo en cuatro puntos irresueltos en el 2022 y que seguirán marcando la agenda de la política nacional este año.
La campaña propagandística “Es Claudia” desplegada en todo el país para promocionar a la jefa del Gobierno de la Ciudad de México, simboliza el principal rasgo característico del régimen: el desprecio a la ley y al orden institucional.
La promoción tramposa, ilegal y aberrante de Claudia Sheinbaum como precandidata presidencial es un recordatorio de la falta de escrúpulos de grupos de poder que, antes de acatar los mandatos constitucionales, prefieren violar las leyes en aras del poder. El fin justifica los medios.
Realizada por servidores de la nación y pagada con recursos públicos, se trata de una promoción personalizada. La campaña rompe el juego democrático y el más básico principio de equidad. En un país donde el presidente es capaz de exclamar a los cuatro vientos “que no me vengan con ese cuento de que la ley es la ley”, Sheinbaum y sus seguidores aplauden la propaganda. En este 2023, la presión social y mediática será la única forma de frenar la descomposición política creciente.
El INE no está a salvo. Si el 2022 fue el año de un despertar ciudadano que impidió su desmantelamiento total, la presión sobre el árbitro electoral se ha recrudecido. Una vez que las reformas constitucionales para desaparecer al Instituto no prosperaron, el llamado Plan B del presidente salió adelante en las cámaras legislativas. Se trata de una regresión que centraliza el sistema de organización y administración electoral, le quita la autonomía al INE, vulnera la estructura de justicia y desaparece a los Órganos Públicos Locales Electorales. También reduce el presupuesto del organismo. La última barrera es la Corte. Si los ministros terminan plegándose al poder, el último recurso extremo será la movilización ciudadana.
No hay oposición. Como nunca antes, no existe en el país una oposición sólida, inteligente y tenaz. Carentes de argumentos y de estrategia, los partidos de oposición nadan de “muertito” en espera de que la sociedad y los medios les hagan el milagro de desgastar al Gobierno o descarrilar figuras oficiales.
No hay líderes opositores visibles por ningún lado; menos candidatos presidenciales. La inquietante ausencia de personajes de oposición a nivel nacional se reproduce en los estados. Urgen planes de acción, compromisos de gobierno y líneas puntuales a seguir. Ante el vacío de la oposición, la ciudadanía debe tener a mano sus herramientas de trabajo: crítica, presión, opinión pública y, si se requiere, movilización en las calles.
El acoso a medios, críticos y periodistas desde el poder se ha normalizado. No hay visos de un cambio radical en el discurso oficial, a pesar de las decenas de asesinatos de activistas y periodistas. Ante el acoso sistemático y la abulia de las instituciones oficiales para la protección a los derechos humanos, las ONG, los medios, la opinión pública y las asociaciones de defensa de la libertad de expresión no pueden bajar la guardia.
El desprecio a la ley, el acoso al INE, la falta de oposición y la persecución de críticos y periodistas son puntos de una agenda política irresuelta del 2022. El año pasado no se fue del todo: hay pendientes en los que la sociedad deberá seguir trabajando con ahínco en este nuevo año.
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