Hace algunas semanas me encontraba hablando con una amiga sobre el concepto de “casa”. Ella también es extranjera, como yo, y tiene pocos meses viviendo aquí en México. La plática surgió por una pregunta suya. Ella me decía: “Cuando regreso a mi país, siento que regreso a casa; pero, aquí también, ya me siento como si fuera mi casa. Entonces, ¿cuál es mi casa ahora?”.
Esta sensación de “pertenecer” a muchos lugares es muy común en las personas que por elección o por destino, tomamos la decisión de vivir en otra ciudad, en otro estado, en otro país o en otro continente.
Yo tengo más de 20 años viajando por el mundo. Hace 20 años dejé la casa de mis padres y hace 20 años dejé Cagliari, la maravillosa ciudad donde tuve la suerte de nacer.
Aunque Cerdeña sea mi casa y la tierra a la que pertenezco, y donde todavía están mis raíces más profundas, yo me siento en “casa” en muchos lugares. En Sevilla, mi segunda casa (cronológicamente hablando), en Siena y, por supuesto, aquí en México.
Para mí, la clave para saber cómo podemos identificar cuál es nuestra casa es que haya alguien o algo que amamos, que nos ama de regreso, y que nos espera. Así, como nuestro hogar es el espacio donde nos encontramos con nuestros seres queridos al final de un largo día de trabajo, nuestra casa es cualquier espacio en el mundo donde nos sentimos queridos y respetados.
Todos necesitamos una (o más) casa(s). También los derechos humanos la necesitan. En realidad, los derechos humanos ya tienen muchas casas: tienen su casa en San José, en Costa Rica, en la Corte Interamericana de Derechos Humanos; en Washington D.C., Estados Unidos, en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; y en muchos otros espacios donde están las instituciones que, en distintos niveles y con diferentes competencias, se encargan de la protección, garantía y defensa de los derechos humanos.
Y, finalmente, los derechos humanos tendrán también su casa académica aquí en Coahuila. Pronto, la Academia Interamericana de Derechos Humanos estrenará sus nuevas instalaciones universitarias, en el campus de la Universidad Autónoma de Coahuila en Arteaga, donde se albergarán las aulas y salones para que, mediante los distintos programas de licenciatura, especialidades, maestrías y doctorado, se sigan formando las y los profesionales de los derechos humanos, las personas que gracias a su formación de alta calidad académica y profesionalizada serán los agentes de cambio social que nuestra sociedad tanto necesita.
La “casa morada” será un espacio donde, desde la trinchera académica y educativa, los derechos humanos serán queridos y respetados. Sus puertas siempre estarán abiertas para todas las personas que quieran estudiar, formarse y especializarse en materia de derechos humanos. Porque la educación transforma vidas y la educación en derechos humanos transforma realidades.
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