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Notimex
Publicado el martes, 16 de febrero del 2010 a las 04:55
México.- El investigador y crítico cinematográfico Gustavo García refirió que anteriormente, la cultura del obeso en el cine era el sinónimo de la comedia, personajes como “Spanky” y “El Gordo” (Stan Laurel), eran lo más representativo del Séptimo Arte.
Añadió que prácticamente era una condición indispensable que hubiera un obeso a quien incluir como el gracioso o el villano en la película. “De ahí que exista el término ‘heavy’ para hablar del maloso. De hecho, Charles Chaplin buscaba para sus filmes personas corpulentas para convertirlos en villanos, esa era la categoría del obeso en el cine”, comentó.
Sin embargo, señaló que el cine se ha sensibilizado al retomar el problema de la salud, pues es a partir de los años 70 y 80 que inicia la cultura de lo sano, lo que supuso la imposición de la cultura “light”.
No fue tanto que Hollywood vendiera películas sino apariencias con un cierto estereotipo de chicas, como Jamie Lee Curtis, quien era la actriz que acudía al gimnasio y negaba la abundancia de lo físico altamente representado en los 60 por figuras como Sofía Loren, Raquel Welch y Briggite Bardot.
Incluso, dijo García, de hombres que tendían a ser musculosos, pero resultó que esos no eran sanos, es decir, que sólo los delgados eran los sanos. “A partir de entonces, comenzó a venderse la imagen e ideal de la belleza. La transformación fue tremenda”.
El crítico señaló, que de hecho, lo estamos cargando con la aparición de astros como Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone y Bruce Willis.
De pronto, refirió, el estómago de lavadero en los actores se convirtió en el emblema de la masculinidad, cuando en los años 60 ni Paul Newman tenía necesariamente una gran musculatura mucho menos Robert Redford.
“De repente nos vendieron un modelo físico, en mi opinión fascista, ¿Por qué? Porque alude cualquiera otra forma física como normal. Ya para entonces, normal es no acumular cierto grado de grasa corporal y tampoco ser absolutamente deportista”, indicó el investigador.
Sin embargo, comentó que realizaciones como “Malos hábitos”, registra la obsesión por la delgadez.
“En la película se acusa la mala conciencia del comer, no de la abundancia sino del gusto por comer bien, tan simple como cuando Simón Bross, director de este filme, muestra el caso de la monja (Ximena Ayala).
“Ella no es una mujer obesa, simplemente, tiene gusto por el buen comer. Ese es un elemento sustancial, al igual que lo aborda Luis Buñuel en ‘El discreto encanto de la burguesía’, película en la que se buscaba un buen lugar para cenar y nunca lo lleva a cabo”.
En cuanto a lo que refleja “Amor ciego”, con Gwynett Paltrow, se observa cómo el realizador pretende poner en crisis la cultura de la delgadez, sin embargo, no lo termina de concretar, porque pone a una gorda desmesurada, cuando lo interesante, dijo el crítico, hubiera sido exhibir a una mujer pasada de peso, y con eso hubiera roto con el esquema.
Añadió que en el cine, algunas actrices han logrado defender su exceso, y que él se queda con Kate Winslet, pues ella no le ha dicho que no a los desnudos, tampoco es delgada, y por el contrario, “está ligeramente pasada de peso”.
“Incluso, si ves en “Malos hábitos”, cuando el esposo de la mamá de la niña a la que quieren adelgazar a fuerza, la deja, es por una gordita, así que puedes ver cómo cambia la conducta”, concluyó el catedrático e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (Xochimilco).
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