Carbonífera
Por
Fabiola Ferrer
Publicado el domingo, 18 de enero del 2026 a las 04:00
Sabinas, Coah.- El pasado 13 de enero se conmemoró el Día Mundial de Lucha contra la Depresión, dedicado a simbolizar, orientar y prevenir esta patología que afecta a millones de personas de todas las edades en el mundo.
En entrevista exclusiva para Periódico Zócalo, Laura Ávila García, diagnosticada con depresión clínica y ansiedad crónica.
“Todo transcurrió en el año 2015, tras el nacimiento de María, mi segunda hija, a mis 33 años de edad.
Me sentía inusualmente triste y en extremo cansada, todo mi entorno coincidía que era normal, pues la depresión postparto es muy común.
Y aunque fue algo muy diferente a la llegada de Santiago, mi primer hijo, asumí que sería algo pasajero.
La situación agravó terminada la cuarentena, ya que tuve que reincorporarme a mi trabajo de oficina, metí a mi pequeña a la guardería, amamantaba, atendía como podía a mi otro niño, mi casa, al que en ese entonces era mi esposo, por consecuente las horas de sueño o de descanso cada vez eran más cortas, pero me compré ese cuento de que las mujeres podíamos con todo, y todo teníamos que hacerlo bien.
Conforme pasaban los meses aparentemente me iba adaptando a mi nueva rutina, pero mi estado anímico mermaba considerablemente y con él la culpa, pues, aunque deseaba con todo mi corazón a mi niña, cuando la tuve, no podía sentir esa felicidad que se supone debería sentir, y eso me convertía en la peor mamá, pues todo lo hacía por inercia, por obligación, nada me lograba motivar.
Así fui sobrellevando mis roles, teniendo algunos días mejores, otros en los que apenas lograba levantarme, pero jamás descuidé mis obligaciones.
En el 2019 me liquidaron en mi trabajo, tuve un rayito de luz, pues ya tendría más libertad con mi tiempo, mis niños crecían y se volvían un poco independientes, inicié un pequeño emprendimiento, parecía que todo iba a mejorar, en eso se desata la pandemia.
Todo se derrumbó, me sentía inservible, fracasada, empecé a tener pensamientos muy recurrentes de desear que me pasara algo en la calle, algún accidente, un asalto, una enfermedad, lo que fuera, porque sentía que mis hijos se merecían una mejor vida, una mejor mamá, yo no podía dárselas.
Albergué todo tipo de pensamientos, los escenarios más fatalistas, luego volvía la culpa por tener esos pensamientos, era un ciclo que parecía no tener fin.
Mi papá siempre me ha dicho que todos los problemas se solucionan, pero las opciones se me cerraban, todo lo que proyecté para mi vida se desvaneció.
Después pasé a los síntomas físicos, taquicardias, entumecimiento facial, acalambramiento.
Acudí al Seguro Social, donde me realizaron diversos estudios, perfiles hormonales, tiroides, electrocardiograma.
Todo salió perfecto, me canalizaron a psiquiatría, y fue ahí donde pude dar el primer paso.
Aprendí que no se trata de echarle ganas, que el cerebro puede tener desajustes químicos, que el cansancio extremo, se puede convertir en depresión, que los síntomas de la ansiedad son reales.
Inicié un tratamiento multidisciplinario, con siquiatra, sicóloga, consteladora, me alimentaba mejor, porque al perder el ánimo, perdía el apetito, desarrollando severas anemias, pero sin duda lo que más me ayudó fue retomar el baile.
Entre las cosas que más amo en la vida es bailar, pero por mucho tiempo el baile se fue con mi energía y mis ganas de vivir.
Cuando volví a bailar, mi cuerpo y mente conectaron de forma armoniosa, mi salud mejoraba notoriamente.
Les decía a mis doctores que necesitaba estar bien por mis hijos, y recuerdo las palabras de mi médico general, “tienes que estar bien por ti, y para ti, si tú estás bien, tus hijos siempre estarán bien”.
Logré esa estabilidad añorada, canté victoria.
Pero unos cuántos años después atravesé por mi divorcio, otra vez el monstruo de la depresión apareció.
Sólo que esta vez ya tenía buenas herramientas para enfrentarlo.
Hoy, ya no huyo a las emociones, les doy su espacio, las integro.
Ya no canto victoria, me agradezco por un día a la vez.
En estos diez años de lucha, aprendí que la depresión no es el problema, es la señal, que no estoy sola, tengo unos extraordinarios padres y una gran red de apoyo, pedir ayuda no me hace débil
Y aunque hay días excelentes, cuando el cielo está nublado, sigo bailando, porque ahora sé, que esto también pasará”
Laura Ávila García, diagnosticada con depresión clínica.
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