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Grupo Zócalo
Publicado el lunes, 2 de marzo del 2026 a las 04:04
Valdemar Ayala Gándara | Saltillo, Coah.- El Novo Cinema Brasileiro (O Cinema Novo) resultó uno de los movimientos más vivaces y comprometidos ideológicamente de la cruzada internacional de los Nuevos Cines durante los años 60, 70 y primeros 80 en el mundo, y al respecto, la muy famosa frase del artífice Glauber Rocha puede citarse como emblema atemporal: “Nuestra originalidad es el hambre”.
Con la enjundia y riqueza simbólica que proyecta la vida plena de pulsaciones de uno de los países más multiculturales, desiguales y complejos del mundo, el Brasil tematizado en el cine con profundidad y encanto ha adquirido celebridad y admiración gracias al trabajo fílmico de autores como Carlos Diegues, Ruy Guerra, Bruno Barreto, Fernando Meirelles, Walter Salles, José Padilha, Andrucha Waddington, Nelson Pereira dos Santos y Héctor Babenco -el más circunstancialmente argentino de todos-, entre otrxs.
Pese a ser parcial, el numeroso listado anterior es un índice fiel del vigor de la tradición rupturista de la cinematografía brasileña, que actualmente tiene en Kleber Mendonça Filho a su abanderado más importante y talentoso, de lo cual es muestra fiel su más reciente filme, una absorbente y enrarecida joya que se estrenó este jueves en cines de la ciudad: El Agente Secreto (2025), que en Cannes fue merecedora de sendos reconocimientos del mayor nivel, obteniendo los correspondientes a Mejor Director y Mejor Actor, para Wagner Moura, quien realiza con total dominio y matización conmovedora un doble papel, cuya sutileza de tránsito dentro del guion es uno de los rasgos más admirables del mismo (fruto del propio Mendonça Filho), y para lograr ese manejo de la segunda personificación, que me pareció por completo deslumbrante, creo que Moura debió afrontar una dificultad muy específica y una exigencia en verdad demandante como profesional de la actuación, requiriendo tomar distanciamientos para con la historia narrada, y con el vínculo hacia su personaje precedente, así como con el doloroso pasado nacional que da fondo diegético al relato.
Me detengo un poco más en esta parte final del filme, donde se inserta la escena específica en la que Moura otorga plena entidad a su segundo personaje representado, porque además de la admirable gama de matices histriónicos que logra concretar, su brillante caracterización es perceptible a ojos del público gracias a un punto de vista impuesto y que deviene una de las genialidades de la dirección de Mendonça Filho: el registro de la escena en un solo emplazamiento fijo, ligeramente distante, a una altura casi al ras de un escritorio y en ángulo de 45 grados, logrando una visión sesgada –a la manera de las cesuras bressonianas en El Proceso de Juana de Arco (1962)–, lo cual genera en quienes observan el diálogo una sensación de presencia testimonial algo entrometida y como detrás de una invisible barrera.
Es en tal posición donde nos coloca el realizador por medio de su cámara, y desde ahí es donde testimoniamos uno de los momentos más importantes de esta película, el cual cala emocionalmente gracias a la combinación precisa entre un guion sencillo pero descarnado, un trabajo actoral fuera de serie y un manejo visual pleno de conciencia y maestría.

Una historia tensa
La tensión de la historia que cuenta El Agente Secreto ha sido una de las divisas principales para su promoción mercadotécnica, y deriva de tener una trama de thriller político, en un contexto temporal ubicado en la cruenta dictadura brasileña –teniendo, así, un paralelismo con la hermosa versión original de El Beso de la Mujer Araña (H. Babenco, 1985)–. A su vez, el tipo de tono se ve impulsado por medio de impactantes escenas de violencia urbana filmadas a nivel de calle y con pulso firme gracias a la fotografía verista de Evgenia Alexandrova, que se pueden vincular con la memorable Ciudad de Dios (F. Meirelles y Kátia Lund, 2002).
Asimismo, la riqueza de personajes idiosincráticos, ambientes carnavalescos y diferenciaciones regionalistas que tiene en varios momentos el filme, guardan cercanía, por ejemplo, con el retrato nacional de la adorable Bye Bye Brazil (C. Diegues, 1979), y a lo anterior agregaría un referente más bien distante, pero que identifiqué presente, relacionado al recurso de rematar varias escenas sucedidas en entornos burocráticos, con un movimiento de cámara para encuadrar penosos retratos del dictador en turno, el general Ernesto Geisel, así como las fotos blanco y negro en el prólogo del filme, que muestran tipos y costumbres notoriamente brasileiros. En tales elementos de mimesis histórica hilvanados con tino y pertinencia, encuentro afinidades con la poética de Alexander Kluge, uno de los referentes más robustos del Nuevo Cine Alemán, y cuya conciencia crítica y revisionista otorgó una impronta característica a sus producciones vanguardistas.
Estreno imperdible
Finalmente, El Agente Secreto es, además de una imperdible película, un ejemplo muy ilustrativo –casi didáctico– de lo necesario para realizar un trabajo de dirección cinematográfica que acabe siendo referencial a futuro.
La labor de Mendonça Filho es de admirarse por el control de su material al construir una historia de complejidad notable pero que progresivamente es desanudada con nitidez y naturalidad –lo cual redunda en beneficio de las y los espectadores, pese a la dureza del contenido narrativo–. A la vez, la capacidad de encauzamiento y guía coral por parte del realizador es palpable, dando espacio significativo a los grupos actorales –con un virtuosismo semejante al de Jean Renoir y Robert Altman– y también a cada personaje secundario, a fin de que deje grabada su presencia en cada aparición, tratándolos a todos bajo cierta regla de oro narratológica, muy felliniana, al ver y atender a los personajes secundarios no como secundarios, sino como protagonistas centrales de sus propias vidas dentro del mundo de una ficción más amplia.
A las virtudes autorales que consigno en el párrafo anterior, sumaría las de una responsabilidad rectora que se manifiesta en el gran cuidado de prácticamente todos los detalles que conforman la unidad película, desde la brillante selección de la música (tanto la diegética como la extradiegética), el sugerente diseño sonoro (que va del tratamiento realista y referencial para la ubicación acustica de los espacios, a la dramatización de situaciones a través de sutiles texturas ambientalistas) y el magistral trabajo de casting (dotando a la historia de figurantes con fisonomías memorables, confirmando un rasgo clásico del cine brasileño, en un nivel sólo alcanzado con anterioridad por el Expresionismo Alemán, la Vanguardia Rusa y el Neorrealismo Italiano).
En mi top 5 del 2025 (junto a Valor Sentimental, Fue Sólo un Accidente, Sirāt y Una Batalla Tras Otra), El Agente Secreto es el estreno en cartelera más recomendable de las últimas semanas.
Ojalá no lo dejen ir… su descendencia se los agradecerá..
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