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Grupo Zócalo
Publicado el viernes, 7 de noviembre del 2025 a las 12:39
Ciudad de México.— Una investigación de la Universidad de Helsinki fue capaz de mirar directamente en el cerebro de los recién nacidos para identificar señales que podrían indicar dislexia mucho antes de que el pequeño tome su primer libro.
La dislexia es un trastorno que dificulta la lectura y el reconocimiento de palabras. Afecta al 10% de la población global, de acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Se diagnostica cuando los niños ya están en edad escolar.
Este avance abre una posibilidad para identificar el trastorno en los primeros días de vida. El estudio confirma que las dificultades de procesamiento cerebral aparecen años antes de que se manifiesten los problemas de lectura.
¿Cómo se podría identificar dislexia en recién nacidos?
Imagina un examen que mide cómo el cerebro de tu bebé organiza el mundo de los sonidos. Eso es precisamente lo que hace la electroencefalografía (EEG).
Esta tecnología no invasiva registra las respuestas neurales a los sonidos del habla, capturando los cimientos de la lectura mucho antes de que el niño empiece a hablar.
El proceso de detección temprana se centra en estudiar el procesamiento del habla del bebé, utilizando métodos sofisticados, según el estudio de la Universidad de Helsinki:
Medición de las respuestas de desajuste (MMR): Esta actividad cerebral se genera cuando se presenta un sonido “diferente” en una secuencia. Refleja la capacidad del cerebro para notar y diferenciar cambios.
Análisis de los patrones neurales: Los investigadores exponen a los bebés a sonidos para determinar si los bebés con riesgo familiar procesan estos sonidos de manera distinta.
¿Cuáles son las señales más claras de dislexia en recién nacidos?
La señal de alerta más fuerte para la dislexia en un bebé no está en su rendimiento, sino en su árbol genealógico. Tener antecedentes familiares de dificultades de lectura o aprendizaje es uno de los predictores más robustos del riesgo de dislexia.
Las señales específicas que la investigación identifica en los patrones cerebrales de los recién nacidos son:
Respuestas P1 y P-MMR más grandes al nacer: Estas amplitudes mayores se asociaron con mejores habilidades prelectoras posteriores. Por lo tanto, patrones más pequeños o atípicos son indicadores de riesgo.
Procesamiento fonológico atípico: Los bebés con antecedentes familiares tienen un procesamiento de sonidos de habla distinto al de otros bebés.
Menor dominancia del hemisferio izquierdo: Una menor especialización del lado izquierdo del cerebro en el procesamiento del habla se vincula con habilidades prelectoras más débiles.
Déficits en habilidades futuras: Más adelante, los niños en riesgo mostraron peores resultados en tareas clave, como la memoria auditiva a corto plazo.
¿Qué tratamientos existen para la dislexia?
La detección a edad temprana es valiosa porque permite iniciar el apoyo inmediatamente, aprovechando el periodo de plasticidad neural del cerebro, la capacidad de este órgano para reorganizar su estructura y función tras aprender algo nuevo.
El trastorno es crónico, pero muchos niños desarrollan una capacidad de lectura funcional si reciben la ayuda necesaria.
Te dejamos las estrategias de tratamiento centradas en el apoyo educativo, según el Manual MSD:
Instrucción dirigida: Se basa en la enseñanza directa de las capacidades fónicas específicas para reconocer palabras.
Habilidades de composición: Se instruye a los niños para mezclar sonidos y formar palabras, segmentarlas en partes y reconocer la posición de los sonidos.
Métodos multisensoriales: Los educadores usan procedimientos visuales, auditivos y táctiles para enseñar sonidos, palabras y frases.
Estrategias compensatorias: Para los niños mayores, se sugiere el uso de herramientas como audiolibros o grabadoras digitales que les permitan dominar el contenido académico
Intervención temprana en el hogar: Actividades cotidianas como hablar, cantar o escuchar música fortalecen los sistemas cerebrales esenciales para aprender a leer.
Esta investigación ofrece una herramienta útil: la capacidad de identificar la susceptibilidad a la dislexia en los primeros días de vida, lo que podría acercar a una persona a los tratamientos en años posteriores.
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