Al observar la reacción que tuvieron nuestras autoridades ante los acontecimientos ocurridos durante la semana en Argentina y Perú, no faltaron quienes mencionaron con nostalgia los tiempos en los cuales la Doctrina Estrada era el estandarte de orgullo que amparaba la política exterior mexicana hoy perdida en la nada. Lo que todos olvidaron, sin embargo, fue que en realidad esa línea de política en asuntos externos era el resultado de lo que el estadista Venustiano Carranza Garza había planteado en 1918 y que se conoce como La Doctrina Carranza. Acerca de este tópico, como de muchas otras acciones del coahuilense, los historiadores tienden a ignóralo porque don Venustiano no es precisamente el “rock star” del movimiento armado y resultan más apetecibles para el consumo las vidas “intrépidas” de otros que las acciones del estadista quien diseñó el estado mexicano moderno. Ese que, con errores y aciertos, permitió al país crecer y desarrollarse durante el siglo XX y ofreció mecanismos para adaptarse a la nueva situación que se vislumbraba para el siglo XXI. Pero alguien quien no se dejó llevar por el qué dirán fue alguien quien es profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, la doctora Rosa Isabel Gaytán Guzmán. Ella, en 2018, bajo los auspicios del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, nos presentó una obra excelente titulada “La Doctrina Carranza. Práctica internacional y legado doctrinario.” Procedamos a compartir con usted, lector amable, nuestra perspectiva sobre el contenido de este documento.
Respecto al personaje central del libro mencionado recordamos cuando la doctora Gaytán Guzmán nos comentaba cómo una vez que uno se adentra en el estudio de las acciones emprendidas por el coahuilense, se va revelando ante el investigador la imagen de un personaje de dimensiones extraordinarias. Estuvimos totalmente de acuerdo con su perspectiva pues a nosotros nos sucedió exactamente lo mismo. Pero retornado a la obra en comento, podemos mencionar que, no obstante, su extensión de 583 páginas está escrita en un lenguaje que permite al lector transitar por ellas con placer verdadero, algo que no todos los autores pueden lograr, especialmente cuando se tiene ante sí un cúmulo de información que hay que analizar con detalle y cuidado para comprender todo lo que ahí se plasma.
En el texto, se percibe la admiración que la doctora Gaytán Guzmán tiene por el coahuilense y esto no es producto del paisanaje, ya que ella es oriunda de Oaxaca. Vaya situación biunívoca, para don Venustiano el personaje más admirable de la historia patria era el estadista de origen oaxaqueño, Benito Pablo Juárez García. Así que, en eso de la admiración objetiva, aceptándolos con errores y aciertos, por personajes de la historia nada tiene que ver el lugar de nacimiento. Consideremos otros aspectos de la obra.
Algo que nos llamó poderosamente la atención es el hecho de que, en primer capítulo, la autora nos ofrece un marco teórico-práctico de las circunstancias económicas-políticas-sociales que prevalecían en México y en el mundo, algo que sin lugar a duda no podían dejarse de lado a la hora de diseñar la estrategia bajo la cual habrían de implantarse las líneas de acción de la diplomacia mexicana.
Tras de lo anterior, presenta al lector un bosquejo breve, pero no por ello menos rico en información, sobre cómo se dio el proceso de formación del estadista futuro, Carranza Garza. A la par, páginas más adelante, expone un trazado genealógico sobre los antecedentes familiares del coahuilense. En ese renglón, este escribidor pudo confirmar indagaciones previas efectuadas hace tiempo cuando decidió incursionar por esos caminos y se encontró con información que jamás imaginó encontrar. Por esos vericuetos de la genealogía siempre será interesante transitar.
Otro aspecto importante para considerar es la presentación de una serie de cuadros que contienen la historiografía sobre Carranza. En ellos, encontramos un fenómeno singular, la mayoría fueron escritos entre 1914 y los 1980s. Respecto a lo publicado en el siglo XXI, solamente se encuentran tres, que serían cuatro si tomamos en cuenta el de nuestra autoría que no es considerado ahí por haber aparecido en tiempos similares al de la obra de la doctora Gaytán Guzmán. Hasta donde conocemos en los últimos cuatro años, nada se ha publicado sobre Carranza Garza dado que el oficialismo quiere a toda fuerza hacerlo aparecer como un personaje menor y negarle méritos en la construcción del estado mexicano moderno.
Una vez establecido lo anterior, la autora da inicio al recorrido de como Carranza Garza pasa de ser el rebelde quien se niega a aceptar que el país quede en manos de un asesino golpista. Contrariamente a la perspectiva que algunos insisten en plantear de que Carranza se mostró dubitativo a la hora de rechazar al usurpador, la doctora Gaytán Guzmán, sustentada en fuentes primarias, expone claramente cómo el coahuilense actúa bajo una estrategia bien definida en donde no era un asunto de lanzarse a la carrera a mostrar su desacuerdo. Solamente un irresponsable, y Carranza no lo era, se hubiera arrojado a emprender una empresa de esa envergadura sin antes estar seguro de que contaba con los elementos para triunfar. Asimismo, se muestra cómo el estadista coahuilense, en esos momentos de definición, recurre al nacionalismo pragmático como una forma de llevar su relación con los Estados Unidos. Estaba perfectamente cierto de que el triunfo de su causa pasaba por el reconocimiento de las autoridades de ese país. El que se haya movido a Piedras Negras, Coahuila para instalar su cuartel general no fue un hecho fortuito, en ese momento requería tener una ventana de exposición cercana a los vecinos del norte para que se enteraran de cómo actuaban los rebeldes. Ejemplo de ello es el manifiesto que lanza desde ahí, el 4 de abril de 1913, al “pueblo americano” en el cual les trata de explicar el porqué de su lucha, al tiempo que les indica “nos disculpe de los perjuicios que a sus intereses se ocasionen contra nuestra voluntad.” Nada de que pedía permiso, lo que hacía era reconocer un hecho que irremediablemente habría de suceder. Ya antes, el 25 de febrero, le había comunicado al presidente William Howard Taft que dado el apoyo que su gobierno le otorgó a Huerta, la percepción era errónea pues quien apoyó al chacal fue el embajador, pero no el mandatario estadounidense. Pero entonces, aun no se deslindaban responsabilidades y le indicó “que esperaba que el próximo presidente estadounidense obraría con más circunspección acerca de los interese sociales y políticos de [su] patria.” Esto, traducido a lenguaje coloquial era que no se metiera en nuestros asuntos. Pero había otro aspecto que nos es señalado en esta obra.
En sus tiempos de rebelde, Carranza tuvo cuidado especial de no aceptar préstamos provenientes de los EUA, “es de todos bien sabido que las deudas conducen a que en un determinado momento los acreedores pretendan indicar las directrices de la conducta de sus deudores.” El hecho de no aceptar emprestitos no implicaba que Carranza dejara de reconocer cuan necesario era que el gobierno estadounidense levantara el embargo de armas a México. En ese sentido, durante el verano de 1913, Isidro Fabela Alfaro mencionaba: “Las armas que los constitucionalistas compran con tantos sacrificios a fuerza de ayunos y privaciones son decomisadas en la frontera. En cambio, el verdugo puede importar fácilmente armas europeas. Aducía Fabela que con fusiles, Justicia y Ley vencerían pronto a su enemigo.” Vaya forma elegante de hacerles ver quién era su aliado. A la par, los agentes constitucionalistas en los EUA cabildeaban para que se levantara esa prohibición, aun cuando esta se terminaría hasta febrero de 1914. Era el precio de actuar apegado al pragmatismo, pero sin tirarse de rodillas.
Otro aspecto que la doctora Gaytán Guzmán nos reseña de manera muy precisa es el pragmatismo que utilizó Carranza para lidiar con las empresas petroleras. Sabía que era necesario ponerle límites a su actuar, pero, al final de cuentas, no podía dejar de reconocer que eran la principal fuente de ingresos sin los cuales sería imposible emprenderse ningún proceso de transformación en el país y en ese sentido impuso reglas a la operación y tarifas impositivas, pero sin que ello implicara querer destruir la operación de las empresas. Lecciones que serían muy útiles para algunos del presente, pero a las cuales nunca accederán pues ellos solamente saben “ler” y no leer.
Un elemento fundamental en el diseño de lo que sería la política diplomática del constitucionalismo lo fue, como nos lo reseña la autora, la actitud adoptada ante las conferencias de Niagara Falls efectuadas entre mayo y junio de 1914. Al decidir no participar, Carranza envió un mensaje muy claro tanto hacia los países latinoamericanos que las promovieron, Argentina, Brasil y Chile, como a los EUA, los asuntos internos de México se resuelven dentro del país y la solución única era que el chacal se largara. Como lo apunta la doctora Gaytán Guzmán, “las citadas conferencias redundaron en un bien para México, pero solo porque la política firme de Carranza lo hizo quedar libre de compromisos al no participar y no tener que pactar posteriormente con los huertistas como lo pretendían Estados Unidos y los participantes del grupo.” En ese momento, “se conformaron las bases de una política exterior que condenó permanentemente la intervención extranjera en los asuntos nacionales”
Como todo gobernante consciente de que no vivía en una ínsula, o dentro de una burbuja en la estratosfera, el estadista Carranza Garza conocía lo importante que era obtener el reconocimiento del gobierno de los vecinos del norte, algo que siempre enfrentó de pie. Ante el hecho de que sus enemigos, la curia católica incluida, le crearon una imagen de radical, Carranza instrumentó un andamiaje para acabar con esa mentira. En ese proceso jugó un papel fundamental su agente confidencial en Washington, el nativo de Nava, Coahuila, Eliseo Arredondo Garza, primo hermano de don Venustiano, quien desarrollo una la labor de convencimiento excelente en los círculos políticos y diplomáticos de los EUA. Eso, no fue un trabajo fácil pues el presidente Woodrow Wilson estaba reacio a tomar una decisión unilateral. Por ello, el 2 de junio de 1915, lanzó un ultimátum en el cual “exigía llegar a un acuerdo entre Villa y Carranza para que obren de común acuerdo y con la mayor prontitud para el alivio y la redención de ese desolado país. Creo mi deber manifestarles que, si no pueden arreglar sus diferencias y unirse para este elevado fin en un corto periodo de tiempo, este gobierno se verá obligado a decidir cuáles medios deben emplear los Estados Unidos para ayudar a México a salvarse a sí mismo y salvar a su pueblo.” Mientras que Villa aceptaba inmediatamente la propuesta de Wilson, aun cuando dejaba en claro que los EUA no tenía derecho a intervenir en los asuntos mexicanos, no dejaba de asentar que habría que buscar cómo reunirse con los constitucionalistas. Por su parte, los constitucionalistas respondían que eso debería de dirigirse a Carranza. Este, se toma varios días y responde de manera indirecta en la cual arguye haber sido objeto de “falsedades y calumnias” propagadas por la “prensa científica americana”, lo cual ha dado por consecuencia que se presenten “falsos informes a los gobiernos de otros países y de manera muy especial al de los Estados Unidos.” El cierre que hace es de gran altura al decir: “El gobierno constitucionalista se ha visto imposibilitado para hacer rectificaciones a esos informes, por carecer de las oportunidades y de los medios que traen consigo las relaciones diplomáticas establecidas entre gobiernos.” Ninguna duda quedaba de quién tenía las credenciales para gobernar al país.
Lo del reconocimiento se da, en octubre de 1915, cuando Wilson se convence de que en el grupo de los constitucionalistas estaban los más competentes, quienes contaban con las capacidades políticas e intelectuales necesarias para gobernar a una nación. Eso, se manifestó, en enero de 1917, cuando en el Telegrama Zimmerman los alemanes ofrecían un apetitoso bocadillo a México, el respaldo para recuperar Texas, Arizona y Nuevo México, a cambio de su apoyo en la guerra. Carranza lejos de morder el anzuelo, lo ignoró. Ello, sin embargo, no implicó tirarse a los brazos estadounidenses, se puso a jugar política internacional de primer nivel y optó por la neutralidad, algo que en América Latina solamente lo acompañaron Argentina y Chile, las demás naciones acataron las órdenes de los EUA.
Otra muestra más de que quienes poseían la mayor capacidad intelectual estaban en el grupo del estadista Carranza Garza se da al momento del Congreso Constituyente de 1917. Para comprobarlo, nada como revisar el Diario de los Debates. Se trata de una pieza auténtica pide brillantez intelectual de los participantes. Ese documento debería de ser lectura obligatoria para cualquiera que aspire a ser legislador en nuestro país. A la vez, ese Congreso fue la mejor muestra de la postura democrática de Carranza, la propuesta de Constitución que envió fue objeto de un sinfín de cambios y leer las discusiones que ahí se suscitaron es una delicia tanto por la pulcritud del lenguaje como por los conceptos que se vierten. Vaya diferencia con los de ahora que no son capaces de escribir correctamente y aprueban cuanto les envían sin percatarse de las barbaridades jurídicas contenidas en las propuestas.
Una vez que el estadista Carranza Garza estaba ya firme en la presidencia, en su informe del 1 de septiembre de 1918, delinea lo que ha de conocerse como La Doctrina Carranza cuyo contenido se resume en los siguientes aspectos:” Que todos los países son iguales; deben respetar mutua y escrupulosamente sus instituciones, sus leyes y su soberanía; Que ningún país debe intervenir en ninguna forma y por ningún motivo en los asuntos interiores de otro; Todos deben someterse estrictamente y sin excepciones, al principio universal de no intervención; Que ningún individuo debe pretender una situación mejor que la de los ciudadanos del país a donde va a establecerse, ni hacer de su calidad de extranjero un título de protección y de privilegio; Nacionales y extranjeros deben ser iguales ante la soberanía del país en que se encuentre; y finalmente Que las legislaciones deben ser uniformes e iguales en lo posible, sin establecer distinciones por causa de nacionalidad, excepto en lo referente al ejercicio de la soberanía.” Palabras de un ayer bajo las cuales se guió y ganó el respeto la política diplomática mexicana. Vocablos que definitivamente llevan dedicatoria para el presente y que, si no fuera porque esto es un asunto muy serio, diríamos que al fondo se escuchan reclamos de que se escuche lo pronunciado hace 104 años, mientras alguien tararea la letra de una canción bastante conocida que interpreta una cantante muy popular. Sin embargo, preferimos cerrar esta colaboración trascribiendo el último párrafo, el cual pareciera haber sido redactado hoy por la mañana, con el cual la doctora Rosa Isabel Gaytán Guzmán concluye su obra excelente.
“Dichas directrices [las de la Doctrina Carranza] siguen siendo referentes cuando vemos que abogan por una diplomacia que sirva los intereses fundamentales de la civilización y no a intereses particulares, cuando exige que se respete del derecho de los pueblos a darse el gobierno que los mismos decidan sin interferencia externa, y cuando uno de los principales reclamos por todo el mundo es el derecho de los pueblos a gozar del usufructo de sus recursos naturales. Hay nuevos matices, cierto, los temas se han vuelto más complejos, pero la esencia de las relaciones internacionales que la llamada Doctrina Carranza quiso cambiar siguen presentes. De ahí la necesidad de hacer que los postulados de la misma sigan siendo rectores de la convivencia entre pueblos y países…” [email protected]
Añadido (22.49.173) La argentina sentenciada a seis años de cárcel e inhabilitada; el peruano destituido por el Congreso, y detenido por la policía, cuando intentó dar golpe de estado; el venezolano con las maletas repletas, no precisamente de ropa, esperando el momento para irse; el chileno naufragando en medio de una derrota tras otra y el rechazo popular; el brasileño, con un triunfo dudoso, en espera de lidiar con un Congreso adverso; el nicaragüense busca salvarse con los antiguos patrones de sus instructores; mientras que el cubano ya recurrió a los maestros de la dictadura. En esas fuentes de sabiduría ha abrevado el alumno, no lo olvidemos.
Añadido (22.49.174) Definitivamente, cuanta incomprensión hacia la 4-T. Mire usted que criticarla por lo del puente El Quelite en Sinaloa. Los cortos de visión no entienden que, en el proceso de cambio, la 4-T decidió incorporar un nuevo concepto en materia de construcción de vías de comunicación, los puentes invertidos.
Añadido (22.49.175) Una muestra más de porque es la Madre Patria, son igual de efectivos a la hora de tirar los penales. Es un asunto genético.
Añadido (22.49.176) Lo bueno es que no existe escasez de helio. De nueva cuenta ya empezaron a inflar los globos de la liga. ¿Cuántos pasaran a formar parte, o ya lo son, del grupo aquel que hace algunos ayeres de manera tan precisa definiera, durante un mitin en Puebla, el general coahuilense Francisco Coss Ramos?
Añadido (22.49.177) Cuentan que, como casi estamos en temporada navideña, al fantasma del futuro se le ocurrió visitar a un personaje a quien le mostró algunas imágenes de lo que puede ser su futuro. Al verlas, el visitado sintió que por la mitad de la espalda le recorría un viento frío que convertía las vértebras en cubitos de hielo. Esa noche no pudo dormir y, hasta ahora, lleva dos más en que no encuentra el sueño pues con nada hace que desaparezcan aquellas representaciones que, de seguir por donde va, tienen una probabilidad alta de materializarse en tiempos venideros. Ebenezeeeeeeeeer….
Añadido (22.49.178) Un ejemplo de hasta donde llegan los amantes del clientelismo político, disfrazados de luchadores sociales, se da en los Estados Unidos. Un afroamericanos quien es de los neurocirujanos pediátricos más renombrados en el mundo, Benjamin Solomon Carson, es hoy objeto de ataques. Su pecado fue no haberse querido incorporar, desde la infancia, a la cultura del pobretismo y optar por subirse al vehículo de la instrucción para mejorar sus condiciones de vida. Eso, nunca se lo han perdonado los vividores de la igualdad racial como Al Sharpton, Jessi Jackson y demás parvada para quienes el éxito derivado del trabajo intelectual representa una afrenta. Como ejemplo de ello, el cirujano ilustre se encontró hoy con que, en su natal Detroit, el Consejo de Educación estimó que no era digno de que una escuela llevara su nombre y decidió quitarle el de “The Benjamin Carson High School of Science and Medicine.” Seguramente, lo consideraron un peligro para el negocio de los vividores a quienes lo único que les importa es que exista un número mayor de desposeídos que se convierten en sus clientes cautivos. ¿En dónde más se darán situaciones así?
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