Espectáculos
Por
@Frank Estrada
Publicado el lunes, 8 de diciembre del 2008 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Un díptico arriesgado: la primera pieza una alegoría de la muerte; la segunda, una manifestación de la vida en su más intensa y vigorosa expresión. Ideas y emociones expresadas con movimiento, con mínimos elementos escénicos.
El ensamble Artemóvil Danza Clan ofreció esto la noche del viernes en su presentación en el Centro Cultural Rodas de nuestra ciudad, en el marco de una gira que incluye presentaciones en Monterrey y Torreón.
REFLEXIÓN CORPORAL Al centro del escenario se desarrolló una danza colectiva que parecía proyectar una agonía, pues iniciaba con una de las integrantes acostada en el suelo, bailando con movimientos que pasaban de lo suave a lo frenético en segundos, mientras los miembros del grupo, de pie, todos de negro, parecían hacer un intento por levantarla.
Mientras la coreografía se desarrolla con la lucha entre la mujer y el resto de los bailarines, la mujer, con el farol luminosa continúa recorriendo todo, el espacio, hasta que al final éstas dos salen juntas del escenario y se apagan las luces.
LO VERTIGINOSO Juego es la palabra clave para el resto de la coreografía, pues los diversos segmentos de la coreografía parecen presentar el ámbito del jugueteo, la competencia, la energía, lo vertiginoso.
Todo ello, contrario a la puesta anterior donde el tema parece ser la muerte, aparenta constituir una definición dancística de lo vital.
La música contribuye en mucho a crear ese ámbito de lo vertiginoso, rasgo interesante debido a que no todos los ritmos son rápidos sino que hay intensidades a lo largo de la puesta.
“Muerto por Todos Lados”, de David Franco, inició con el suave recorrido de una bailarina en todas las coordenadas del centro cultural, en el escenario y entre los espectadores, rompiendo la oscuridad con un farol viejo y con la paciencia de quien busca almas.
La segunda coreografía, titulada “Por Inhalar un Vigorizante Horizonte”, de Judith Téllez, inicia con un suspiro de cada uno de los cuatro ejecutantes principales, que de inicio salen semidesnudos a escena. De súbito inicia una tonada frenética y a partir de entonces la puesta se convierte en un juego de tonalidades.
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