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Por Federico Muller
Hace 1 semana
A raíz de los lazos afectivos forjados entre los gobernadores de Coahuila y Texas durante la conmemoración del bicentenario del antiguo Estado de Coahuila y Tejas (1824), se han multiplicado los encuentros cargados de colorido y nostalgia. Sin embargo, estos actos han quedado mayormente en el terreno protocolario y simbólico, sin traducirse en avances sustantivos. Esto despierta la necesidad de analizar la relación bilateral desde una perspectiva más profunda y relevante, especialmente para las familias de ambos lados de la frontera. En particular, vale la pena examinar las interacciones económicas entre las economías texana y coahuilense, que comparten historia, geografía y oportunidades de mutuo beneficio.
La economía de Texas
Texas es una de las economías más potentes y dinámicas de Estados Unidos. Con una superficie total de 695,662 km², es el segundo estado más extenso de la Unión Americana. Alberga una población significativa de origen mexicano: en 2024, la población hispana/latina alcanzó alrededor de 12.6 millones de personas, representando aproximadamente el 40% del total estatal (unos 31.3 millones de habitantes). De esta población hispana, cerca de 80% es de origen mexicano (incluyendo tanto nacidos en México como descendientes de generaciones posteriores), lo que la convierte en la mayor etnia de origen extranjero afincada en el territorio texano.
En 2024, su PIB nominal ascendió a 2 billones 709 mil millones de dólares, el segundo más elevado de la economía estadunidense después del de California. El PIB per cápita nominal fue de alrededor de 86 mil 987 dólares. Durante el periodo 2017-2024, el crecimiento real promedio anual del PIB fue de aproximadamente 4.2%, una cifra robusta y sostenida, a pesar de la contracción en 2020 por la pandemia de Covid-19. El motor principal de esta economía radica en los servicios profesionales y empresariales -incluyendo servicios científicos y técnicos, tecnologías de la información, desarrollo de software, ingeniería y diseño industrial-, que capturan la mayor parte del valor agregado.
La economía de Coahuila
Coahuila de Zaragoza es una entidad industrializada clave en el norte de México, con una superficie de 151,595 km² (tercer estado más extenso del país, equivalente a cerca de 7.7% de la superficie continental mexicana). Su población se estima en alrededor de 3.2 millones de habitantes. En 2024, su PIB nominal alcanzó un billón 236 mil 356 millones de pesos, equivalente a aproximadamente 67 mil 500 millones de dólares corrientes. Esta cifra lo sitúa en el noveno lugar entre las 32 entidades federativas de México, con una aportación de 3.7% al PIB nacional.
Su PIB per cápita nominal estimado ronda los 19 mil 500 dólares, uno de los niveles más altos del país, sustentado en una sólida base industrial centrada en manufacturas automotrices y metalmecánicas, así como en minería. Entre 2017 y 2024, el crecimiento real del PIB fue notablemente débil, con un promedio anual de apenas 0.2 por ciento. Esta trayectoria se explica principalmente por la fuerte contracción de 2020 debido a la pandemia. Las actividades secundarias -automotriz, autopartes y metalmecánica- participan con más de 50% del PIB estatal.
Mano de obra frente a mente de obra
Desde los planteamientos del economista argentino Raúl Prebisch -uno de los principales exponentes del estructuralismo latinoamericano en las décadas de 1950 y 1960-, se teorizaba sobre el patrón asimétrico de intercambio entre los países de la periferia (subdesarrollados) y los del centro (desarrollados). Mientras los primeros exportaban materias primas o bienes con escaso procesamiento industrial, los segundos devolvían productos manufacturados de alto valor agregado. La diferencia radicaba precisamente en ese valor agregado, que marcaba la brecha entre el rol subordinado de la periferia y la posición dominante del centro.
En la relación contemporánea entre Texas y Coahuila -dos economías vecinas unidas por historia, frontera y el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá-, persiste una asimetría que recuerda aquel esquema. Texas, con su PIB per cápita cercano a los 87 mil dólares y un crecimiento sostenido, ha consolidado un modelo donde predomina la “mente de obra”: servicios profesionales y empresariales, tecnología, investigación energética avanzada y manufactura de alta complejidad capturan la mayor parte del valor generado. Coahuila, en cambio, sigue dependiendo en gran medida de la “mano de obra” calificada media: la industria automotriz y metalmecánica, que representan más de 50% de su PIB, se orientan al ensamblaje y la producción con valor agregado intermedio, beneficiándose de costos competitivos y proximidad geográfica, pero con menor intensidad en innovación propia y diseño. Aunque el nearshoring y la integración regional han permitido avances, la brecha en productividad y en la captura de valor agregado intelectual sigue definiendo la dinámica binacional.
Conclusiones
* Los economistas estructuralistas latinoamericanos no anticiparon plenamente que economías desarrolladas como Texas producirían y exportarían recursos naturales fósiles -petróleo y gas- hacia economías de la periferia, incluido México. Esta singular combinación de base energética y servicios avanzados refuerza su liderazgo y consolida su hegemonía económica regional.
* La frontera entre México y Estados Unidos se extiende por aproximadamente 3,145 km, de los cuales cerca de 17% corresponde al tramo que comparten Coahuila y Texas. Por este corredor transitan insumos productivos, energía, capital y conocimiento que llegan a Coahuila, donde se transforman, ensamblan y exportan bienes industriales.
* Aunque el tamaño de la economía texana supera ampliamente al de Coahuila, la dependencia estructural no se explica sólo por la diferencia de escala, sino por la composición sectorial del valor agregado. Texas concentra actividades intensivas en conocimiento y servicios avanzados, mientras Coahuila depende en mayor medida de la manufactura de valor intermedio.
* La respuesta de amplios sectores de la clase política mexicana -incluidos actores regionales- ha sido insuficiente frente a las asimetrías comerciales identificadas por el estructuralismo latinoamericano desde mediados del siglo 20. La ausencia de políticas públicas orientadas a elevar el contenido tecnológico, la innovación y la autonomía productiva ha contribuido a reproducir la dependencia y a limitar el desarrollo.
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