Espectáculos
Por
@Frank Estrada
Publicado el jueves, 4 de marzo del 2010 a las 16:05
Saltillo, Coah.- La impronta de los Purcell O’Sullivan está asociada al impulso originario de la economía del noreste mexicano. Sin embargo, para muchos saltillenses, la liga con los Purcell tiene trazos de orden emocional y más aún, de identidad.
El arribo de Enrique Hernández Garza al entramado de los Purcell se dio por esa segunda vía: su padre, fiel trabajador de don Guillermo Purcell, entró a esa mitología por vías naturales y así la transmitió a su hijo, hoy autor del libro “La Familia Purcell O’Sullivan. Compilación Epistolar y Fotográfica”.
Este volumen, realizado en edición de autor, fue presentada en un lugar triblemente apropiado: el bar Dublín, un lugar con atmósfera de pub británico; un edificio que, aseguró el autor, fue el primer hogar de Guillermo Purcell en Saltillo; sitio que, además, está de espaldas a la emblemática Casa Purcell.
Historia emocional La idea de hacer esta recopilación y de dotarla con cariz emocional, provino de un encuentro entre Enrique Hernández y una foto de la familia Linch, con la que Guillermo Purcell tuvo su primer contacto en el noreste mexicano.
Dicha foto fue para Hernández Garza el encuentro con una historia que, más allá de los números y de los anécdotas de los emprendedores británicos en Saltillo, perfilaba una vida fuera de lo común que se tejía simultáneamente a la historia de nuestra ciudad.
A partir de esa anécdota, Hernández narró otros encuentros con objetos de los Purcell que solidificaron su intensión.
Entre los objetos destacó una cruz de madera que, afirmó el autor, fue tallada en la misma madera de la cruz en la que llegó el Santo Cristo. Esa reliquia, propiedad de los Purcell, asiente la idea de que dicho apellido es indisociable de Saltillo.
Otro objeto notable fue una carta dirigida a una de las jóvenes de la familia, en la que se detallaba un baile organizado por los Purcell.
Un fragmento citado por Hernández remarcaba la identidad multicultural que esta familia brindó a Saltillo: “Nunca se había visto en Saltillo tal mezcla de culturas. Era como una Torre de Babel”, decía la carta. A bordaje íntimo Enrique Hernández afirmó que su interés por los Purcell proviene de las muchas tardes que pasó en la oficina de su padre, tardes que gastaba asimilando ese mundo que en poco tiempo empezó a ser suyo gracias a que lo complementaba con lo que le decían los amigos, con las anécdotas que recorrían las calles, con los contactos que fue haciendo de personas cercanas a los Purcell en otros países.
Ese entusiasmo común se reflejó al final de la velada, cuando varios de los presentes también compartieron sus anécdotas sobre los Purcell.
Se reflejó también en el hecho de que Hernández fue contactado por Mary Ellen Charlton, nieta de Guillermo Purcell, y también por personas en Inglaterra y París que en mayor o menor grado han sido tocados por la mitología Purcell. Identidades, países, fragmentos de realidad que tienen su destino en nuestra ciudad y recaen en un solo apellido.
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