Sociedad
Por
Leticia Espinoza
Publicado el sábado, 12 de diciembre del 2009 a las 16:00
(Segunda y última parte)
Saltillo, Coah.- Saltillo se funda por los conquistadores españoles y los tlaxcaltecas 60 años después de la aparición de la virgen de Guadalupe a San Juan Diego el año 1531, seis décadas de una fe arraigada que hasta nuestros tiempos se sigue transformando de una religiosidad popular a una verdadera conversión espiritual.
De acuerdo con la Arquidiócesis Primada de México el documento guadalupano por excelencia el Nican Mopohua, (en náhuatl “Aquí se narra…”), obra de un sabio indígena del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco: don Antonio Valeriano, compuesta posiblemente hacia 1556, es donde se habría recogido de labios del protagonista de aquel milagro en el Tepeyac, San Juan Diego, la esencia del relato de las cinco apariciones de la virgen de Guadalupe, mismas que han circulado hasta nuestros tiempos y que se recuerdan en estas fechas de fe y devoción mariana.
Es entonces Juan Diego llamado embajador-mensajero de Santa María de Guadalupe, beatificado en la Basílica de Guadalupe de la Ciudad de México el 6 de mayo de 1990 por el papa Juan Pablo II, durante su quinto viaje apostólico a México.
Son las fiestas de nuestra Señora de Guadalupe en las que también se le recuerda, pues en esta relación de la virgen con Juan Diego lo que nos lleva a conocer nuestra identidad como personas creadas por Dios y al mismo tiempo es la forma de relacionarnos con la divinidad, pues en palabras del sacerdote Gustavo Machuca, Dios ha elegido siempre los medios para ponerse en contacto con el hombre.
“La Virgen María fue el conducto por el cual nos vino Jesús, ella nos enseña cómo recibir a Dios en la fe y se ha manifestado en muchas partes en muchos países como lo hizo en México en un momento crucial cuando se estaba formando la patria cuando se manifestó como madre de Dios y amorosa madre nuestra cuando se le apareció a San Juan Diego y le pidió un templo para allí manifestarse como madre compasiva y cercana a cada uno de notros”, comenta el sacerdote misionero del Espíritu Santo en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en Saltillo.
La fe de los saltillenses en la Guadalupana es muy arraigada en la tradición, bella desde el punto de vista de la profundidad que tiene, forma parte de una devoción popular o religiosidad popular y un tanto periférica porque desde que inician las peregrinaciones la iglesia está llena y los días siguientes vuelve a recobrar la paz que le da la soledad:
“La religiosidad popular es válida, no la descarto y es muy hermosa, es periférica porque vemos los días del novenario el templo lleno, son casi 200 mil peregrinos si contamos con que llegan 20 peregrinaciones diariamente, sin embargo el día 13 vemos dos o tres personas, debemos entender la religiosidad popular para encauzarla a una espiritualidad profunda”, considera Jorge Fuentes Aguirre, historiador y devoto a la guadalupana.
En este sentido señala que ha notado verdaderas conversiones de personas sobre todo en el aspecto de la sanación: “he visto que la fe de los enfermos a la guadalupana cuando le piden por su salud, se les transforma de religiosidad popular a espiritual”, sostiene Fuentes Aguirre quien trabaja directamente en la pastoral de enfermos y en la Fundación “Estoy en ti”.
Más allá de los milagros físicos de los que tienen sed tantos peregrinos, hay cambios en el actuar de las personas dice el sacerdote Gustavo Manchuca:
“Ciertamente hay milagros físicos, pero hay otros milagros como el cambio en el corazón cuando una persona viene y cambia sus sentimientos malos por buenos hacia él mismo, hacia Dios y hacia él mismo, ciertamente hay folclor, hay danzantes, hay cantos del pueblo, pero lo más importante se efectúa en el corazón de cada uno de los fieles”, dice.
Dentro de esta fe hay algo más que debemos considerar en el aspecto de la religiosidad popular, añade Fuentes Aguirre: “los danzantes, pues es Saltillo uno de los lugares donde existe la verdadera danza Tlaxcalteca, la cual trajeron los fundadores del pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, en el cual se construyó el santuario, sobre la lomita llamada el Cituado”, finaliza
Devoción a nuestra señora de Guadalupe: una virgen apocalíptica “Yo considero que es una virgen apocalíptica porque de alguna manera representa el futuro, está sobre una media luna y ese tipo de vírgenes están consideradas apocalípticas y en ocasiones aparecen pisando una serpiente como en los pasajes del Apocalipsis”, dice el historiador saltillense Carlos Recio Dávila.
De hecho en los textos de Manuel B.Trens, uno de los grandes especialistas dedicados al estudio del culto mariano –el origen de la iconografía de la virgen de Guadalupe de México es de ascendencia apocalíptica, según relata San Juan evangelista, pues en el génesis se dice que la redención del genero humano se hará mediante la intercesión de una mujer: “y apareció en el cielo una gran señal: una mujer cubierta de sol, la luna debajo de sus pies”, indica el texto bíblico.
La apropiación de la imagen de la virgen de Guadalupe, símbolo de fe y consumismo
La imagen de la virgen de Guadalupe primero se reprodujo en muchas pinturas al óleo y en grabados, esto significa que existe una apropiación más franca por los católicos y por los mexicanos, una aproximación de una fe que se ha manifestado a través de los distintos soportes que son más cercanos a todos, argumenta el historiador Carlos Recio.
“Por ejemplo, en Catedral de Saltillo existe una copia donde no solamente se ve la Virgen, sino las apariciones, elaborada posiblemente por José de Arsibar, un autor novohispano, que representa la imagen más antigua de la Guadalupana en Saltillo”, argumenta el historiador.
En el siglo 19 siguen las copias al óleo y las familias tienen acceso a grabados sobre madera y se imprimían sobre papel, y hasta hace pocas décadas en Saltillo hace casi 50 y 60 años tenían reproducciones al tamaño natural, dice Recio Dávila: “eran impresiones a varias tintas autorizados por el arzobispo de México”.
Sin embargo, las muestras de la virgen de Guadalupe que hoy se observan en diferentes soportes surgen, según la opinión del historiador, en la década de 1960 con la corriente del arte pop:
“El arte pop nace en Estados Unidos, el origen es una abreviación de popular, el principal exponente fue Andy Warhol, quien desmitificó ciertas figuras por ejemplo de políticos, o del espectáculo como Marilyn Monroe, o imágenes de Cristo como por ejemplo en la Última Cena, realizó reproducciones de sus rostros o agregó elementos ajenos a las obras originales”, explica.
Dice que en pocas palabras lo que hizo Andy Warhol fue poner al alcance de todos las imágenes en reproducciones sobre ciertos soportes, como camisetas, platos de porcelana, tazas y sobre mosaicos.
“Es una visión del mundo también, donde todo se vuelve consumible y de alguna manera la virgen de Guadalupe participa en eso.
Y si bien considera que la fe a la virgen de Guadalupe se ha mantenido en su esencia, la fe disminuye en cuanto al respeto por lo sacro, pues cada vez es más común el robo a templos para apoderarse de arte sacro que antes resultaba intocable, esto como producto de la inseguridad que ha vuelto vulnerable también a la imagen guadalupana.
¿Quién era Juan Diego? Escribe en la biografía de su autoría que Juan Diego Cuauhtlatoatzin fue el vidente en las Apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe, que tuvieron lugar del 9 al 12 de diciembre de 1531.
Juan Diego provenía de la etnia indígena de los chichimecas, y nació en torno al año 1474, en Cuauhtitlán, en el barrio de Tlayácac, región que pertenecía al reino de Texcoco; fue bautizado por los primeros franciscanos, en torno al año de 1524. En el tiempo de las Apariciones, Juan Diego era un hombre maduro, como de unos 57 años de edad, y tenía apenas dos años de viudo, ya que su mujer María Lucía había muerto en 1529.
Describe que Juan Diego era profundamente piadoso, y acudía todos los sábados y domingos a Tlaltelolco, un barrio de la Ciudad de México, donde aún no había convento, pero sí una llamada “doctrina”.
“El sábado 9 de diciembre de 1531 sería un día muy especial, pues al pasar a lo largo de la colina del Tepeyac, escuchó que provenía de ella un maravilloso canto y una dulce voz lo llamaba desde lo alto de la cumbre: ”Juanito, Juan Dieguito”. Llegando a la cima, encontró a una hermosa doncella que estaba ahí de pie, envuelta en un vestido reverberante como el sol. Hablando en perfecto náhuatl, se presentó como la Madre de Ometéotl, del único Dios de todos los tiempos y de todos los pueblos, cuya voluntad era el que se levantara un templo en aquel lugar para dar todo su amor a todo ser humano, por lo que le pide que sea su mensajero para llevar su voluntad al obispo”, señala el texto publicado por monseñor Eduardo Chávez Sánchez.
Fue así como Juan Diego se dirigió al obispo fray Juan de Zumárraga y después de una larga y paciente espera, el indio mensajero le comunicó todo lo que había admirado, es hasta entonces una figura primordial para el catolicismo mexicano pues según el promotor de su beatificación, el milagro por el que se reconoció la santidad de San Juan Diego, fue la recuperación de un joven de 18 años que intentó suicidarse.
El mensaje contenido en la virgen de Guadalupe para los pueblos indígenas Para que desde nuestra visión moderna podamos comprender la profundidad del mensaje contenido en la imagen guadalupana es necesario conocer el significado básico de los símbolos presentes en la Santa Imagen según estas culturas indígenas.
Es la virgen de Guadalupe la que sin error a la que más devoción se le rinde en el pueblo mexicano y la más reproducida a lo largo de la historia, que representa la síntesis de la religión católica y de la presencia indígena al ser una virgen morena con ascendencia apocalíptica.
La virgen de Guadalupe es el modelo de evangelización perfectamente incultural, es un mensaje lleno de esperanza, de la confianza que le dio a Juan Diego al decirle: “tienes que ser tú, he depositado toda mi confianza en ti, ¿no estoy yo que soy tu Madre?…”, recordó monseñor Eduardo Chávez Sánchez, postulador de la causa de canonización de San Juan Diego en su visita a Saltillo.
Los expertos coinciden en que la Virgen de Guadalupe quiso mostrarse a los antiguos pueblos indígenas con un atuendo lleno de símbolos (a manera de códice) que los habitantes de estas tierras pudieron entender fácilmente.
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