Desde sus primeros latidos, el infante despierta un torrente de amor y una promesa de futuro, manifestando la esencia de la humanidad. Por ello, el mundo celebra cada año el Día Internacional del Niño, una fecha que nos recuerda la importancia de proteger y promover los derechos de los más pequeños. Pero el origen de esta conmemoración se remonta a 1952, en Viena, donde se proclamó que “el niño tiene derecho a ser feliz”.
En abril de 1952, la Conferencia Internacional en Defensa de la Niñez, sentó las bases para el reconocimiento de los derechos de los niños. Fue allí donde se proclamó que, por el sólo hecho de nacer, los niños tienen derecho a ser felices. Esta declaración es el precedente más importante para la protección de los derechos de la infancia.
Cuatro años después, el 1 de junio de 1956, la Asamblea General de la ONU instituyó oficialmente el Día Internacional de la Infancia con el objetivo de fomentar la fraternidad y la comprensión entre los niños de todo el mundo.
Con el tiempo, la fecha de celebración se trasladó al 20 de noviembre, en conmemoración de la aprobación de la Convención Internacional de los Derechos del Niño, en 1989. Esta unión simbólica entre las dos fechas refuerza la interdependencia entre la celebración y la promoción activa de los derechos infantiles.
La Convención Internacional de los Derechos del Niño es un instrumento fundamental para la protección de los derechos de la infancia. En ella se establecen principios y normas para garantizar que los niños sean tratados con dignidad y respeto, y que tengan acceso a oportunidades para crecer y desarrollarse de manera saludable.
Pero, ¿qué significa realmente que “el niño tiene derecho a ser feliz”? Significa que los niños tienen derecho a vivir en un entorno seguro y armonioso, donde puedan crecer y desarrollarse sin miedo a la violencia, el abandono o la explotación. Significa que los niños tienen derecho a acceder a educación de calidad, atención médica y oportunidades para su desarrollo integral.
A medida que vemos hacia el futuro, es importante recordar que los niños de hoy serán los líderes y ciudadanos del mañana, por lo tanto, el futuro de nuestros niños debería ser una preocupación constante y de atención inmediata como responsabilidad colectiva.
En el corto y mediano plazo, los niños del mundo enfrentarán significativos desafíos, como el cambio climático, el uso de la tecnología, la pobreza y la desigualdad. Es fundamental que los gobiernos, las organizaciones y las comunidades trabajen juntos para abordar estos desafíos y garantizar que los niños tengan un futuro brillante.
Entonces, ¿cómo podemos celebrar este día? Podemos empezar por escuchar a los niños y darles voz. Podemos crear espacios seguros y armoniosos donde puedan crecer y desarrollarse. Podemos apoyar a las organizaciones que trabajan para proteger los derechos de la infancia. Y preguntarnos si los niños de nuestro entorno realmente son felices. Así, podemos recordar que la felicidad de los niños es un derecho fundamental que debemos proteger y promover.
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