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Redacción
Publicado el lunes, 1 de febrero del 2016 a las 16:00
Eunice Carranza/ Saltillo, Coah.- A más de un año de la pérdida de don Jesús Guerrero Ortiz “El Popeye”, su esposa Socorro Martínez y sus hijos continúan trabajando para que el popular negocio siga en pie tras 38 años de esfuerzo y compromiso.
Su fortaleza se centra al admirar la colección de recuerdos compuesta por fotografías, recortes de periódico y preseas que reconocen la labor de don Chuy, labor que llegó a convertirse en toda una tradición saltillense.
Socorro Martínez fue el apoyo incondicional de don Jesús. Sostiene en su brazo izquierdo un cuadro donde figura su esposo, quien desde 1974 dio inicio al que es, quizá, el negocio de tortas más reconocido de la capital. Por vez primera, narra de su viva voz a un medio de comunicación la historia de Tortas Popeye.
Boxeador desde su juventud, don Jesús cambió los guantes de pelea y cinturones de oro por su distintivo gorro blanco, dedicándose a la venta de churros, dulces y, posteriormente, a la elaboración de tortas. Siempre trabajando en su clásico puestecito blanco, ubicado en la esquina de Juárez y Matamoros.
“Al principio mi esposo le quería poner Tortas Don Chuy, pero los niños que pasaban diariamente por aquí le insistieron para que le pusiera Tortas Popeye, como la caricatura”, cuenta Socorro Martínez.
Las tortas, que en su inicio eran sencillamente preparadas con jamón, fueron evolucionando hasta llegar a convertirse en las favoritas de Saltillo.
“En familia íbamos ideando para crear distintos tipos de tortas y gracias a Dios fueron bien recibidas”, relata doña Socorro, refiriéndose a los 20 tipos de tortas que actualmente aparecen en el menú.
Orgullosa del gran patrimonio que su esposo dejó a sus hijos, Socorro Martínez conserva las fotografías donde se le puede apreciar recibiendo un libro que relata la historia de Tortas Popeye, donde fueron plasmados los inicios de este icono saltillense.
En un marco de madera, enaltecido sobre una de las paredes de su vivienda, aparece don Chuy recibiendo un homenaje al mejor restaurantero de Saltillo, evento memorable que la familia Guerrero Martínez recuerda con nostalgia y cariño.
“Admiraré siempre a mi esposo porque hizo un negocio popular, sencillo y humilde, donde diariamente servía con amor y de todo corazón. Se me van muchas palabras por la emoción”, comenta con nostalgia la esposa de don Jesús.
A pesar del duelo y la tristeza, doña Socorro decidió seguir adelante con Tortas Popeye, ya que su esposo forjó el negocio con mucho amor y con el único propósito de sacar adelante a su familia.
“Amo mucho este negocio. Cuando mi esposo murió caí en una crisis depresiva, sin embargo, al estar aquí siento su presencia y eso me fortalece. Seguiré aquí hasta que Dios me lo permita”, dice.
Agradecida de recibir a los reporteros de esta casa editora, Socorro concluye la entrevista afirmando “a lo mejor tener a Zócalo en mi negocio es un rayito que me mandó mi esposo”.
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